Opinión
Jesucristo no defiende tu datáfono

Por Israel Merino
Reportero y columnista en Cultura, Política, Nacional y Opinión.
-Actualizado a
Seguí con fe periodística aquel eventito alucinado que varios influencers del conservadurismo español organizaron en el Palacio de Vistalegre, en el Carabanchel de Madrid, donde algunos iluminados se subieron al escenario a lo Travis Scott en el Coachella – o a la Erika Kirk en los funerales de su esposo – para convencer al público masivo, casi seis mil personas, de lo mucho que les había cambiado la vida conocer a Dios. Fue gracioso, porque la mayoría de ellos hablaban de negocios, de empresas, de dinero, de intereses crematísticos; expusieron el acercamiento al Señor como firmar un préstamo a interés ridículo con el banco Santander.
Entre los ponentes había literatos y periodistas, como Juan Manuel de Prada – mi placer culpable, siento una adoración cabrona por él que pocas veces reconozco – o Ana Iris Simón; sin embargo, quien más me llamó la atención fue Renezz, con dos zetas, un antiguo influencer de tatuajes – esta era su personalidad: tengo los brazos emborronados con negro, ergo soy mejor que tú – que ha mutado tras una mala treintena y una ruptura amorosa hacia un síndrome mesiánico que no parodiarían Los Simpson ni en sus mejores años – esta es ahora su personalidad: creo en Dios y vendo sustitutivos de anfetaminas, así que sigo siendo mejor que tú –.
Como Juanmita, Renezz es un poco mi placer culpable porque me hace muchísima gracia; cualquiera que me conozca sabe que al segundo vino saco el teléfono y empiezo a poner vídeos suyos en bucle. Si aparto la moral, debo decir que admiro su capacidad para enganchar a personas con poca información médica para venderles pastillas con la excusa de que Dios así lo manda– esto es literal, ved alguno de sus vídeos y agradecédmelo después –; es que es buenísimo, tú; el Espíritu Santo inspiró a Chesterton a escribir algunas de las mejores novelas de su tiempo y a este tipo a vender suplementos de herbolario. Si yo creyera que el Señor me ha puesto en este mundo con el fin de vender pastillas de dudosa procedencia, creo que me volvería satanista y me ahorcaría con el cargador del portátil. O me volvería camello, que igual es más rentable y menos ridículo. Aunque, bueno, no creo que Renezz sepa qué es el Espíritu Santo. Ni Chesterton. Ni un herbolario.
Más allá de mi treintañero con línea de pelo regresiva favorito, este marketing pseudodivino es síntoma de que el capitalismo desnortado y miserable – ¿hay otro tipo de capitalismo? – camina tan cojo que necesita aprovecharse de la incertidumbre y la fe de muchas personas buenas para vender sus morrallas cobocallejistas; recordad el vídeo tan viral de aquel pastor evangélico que quería gastarse las aportaciones de su congregación en el nuevo modelo de iPhone porque Dios así se lo había prometido. Dónde quedaron aquellos cristianos que el bueno de Galdós retrataba, como el don Lope de Tristana, que cuidaban de su hacienda y su dinero con asco, vigilando los ingresos y el oro aun sabiendo que eran un instrumento humano cuya adoración había que rechazar.
En España, estos días ha pasado una cosa curiosísima tras el anuncio de la regularización a quinientos mil migrantes: mientras que la vieja jerarquía eclesiástica, como la Conferencia Episcopal, celebraba el acuerdo por tratarse de una postura clásica recogida en la Doctrina Social de la Iglesia – ni siquiera es una medida proinmigración, es tan solo proveer de derechos legítimos a personas que ya trabajan junto a nosotros –, el ala ultraconservadora católica se ha cogida una chinada de las que hacen historia; y esto tiene una explicación muy simple.
Al igual que Renezz, la derecha española más trasnochada y neoliberal no tiene fe: está totalmente hueca. Ellos entienden la religión, en este caso, el catolicismo, como un vehículo con el que mantener sus privilegios espurios y aumentar sus patrimonios; no tienen ningún principio moral o ético, el rebaño de Dios es para ellos un simple instrumento con el que apuntalar sus fortunas logradas durante el capitalismo primitivo. Si se fueran a vivir a Dubai, se harían musulmanes y se convertirían al ala más conservador e inmovilista del Islam sunita. Nunca estarán del lado de la verdad porque no la buscan; no quieren revelaciones, sino aumentar sus hojas de resultados.
Siempre ha sido así, no es nada nuevo. Cuando Hazte Oír o Abogados Cristianos organizan alguna de sus payasadas, no lo hacen por defender su supuesta fe, sino porque temen que sus privilegios y estamentos colapsen: todo es dinero y cobardía. Por ejemplo, cuando salieron a protestar en la época Zapatero tras anunciarse la legalización del aborto, no lo hicieron por un convencimiento debatible, aunque genuino, sino porque veían que aquel nuevo derecho social podía ser el primer paso de un camino que redujera sus influencias y fortunas; usan la fe católica como un instrumento para mantenerse o colocarse, como sería el caso del yerbero tatuado.
Con la regularización de los 500.000 migrantes está pasando lo mismo; todos los que protestan blandiendo algún tipo de insignia cristiana lo hacen porque temen no poder seguir explotando a estas personas; temen que la entrega de un puñado de derechos a estos hermanos nuestros, también hijos de Dios y de su tierra, que Él no amasó para que cuatro empresarios se ahorren costes laborales, les quite alguno de sus privilegios aristocráticos: no mola tanto mantener a un camarero cuando debes abonar su bien currada cotización y un sueldo legal, ¿verdad? Pues es lo que hay. Reza más fuerte, igual escuchas a Dios regañarte por negrero y cabrón.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.