Opinión
Kennedy por la nariz

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
La dinastía de los Kennedy es propensa a las tragedias y los accidentes, aunque no tan propensa como las desdichadas mujeres que tuvieron la desgracia de acercarse a los machos de la manada. Aparte de sus vínculos con la mafia, Joseph Kennedy, el fundador del clan (apodado cariñosamente "Joe"), era un adúltero en serie que trataba a sus amantes como ganado y a su esposa como a una gallina clueca. La gran actriz Gloria Swanson lo tachó de violador, aunque nadie le hizo mucho caso. Joe le pagó un millón de dólares a Jacqueline Kennedy para que no se divorciara de JFK, una indemnización por las continuas infidelidades del presidente con una larga lista de secretarias y becarias. Todavía se rumorea cuánto tuvieron que ver los hermanos Kennedy con la muerte de Marilyn Monroe, aunque de lo que no caben dudas es de que en 1969 Ted tuvo un accidente de automóvil y dejó que la muchacha que lo acompañaba, Mary Jo Kopechne, se ahogara en una laguna. Tardó diez horas en avisar a la policía y luego movilizó a la prensa para que la denigraran mediante vistosos titulares.
Aparte de perder sus opciones a la Casa Blanca, a Ted no le sucedió nada, porque los Kennedy son lo más parecido a la realeza que ha florecido en Estados Unidos hasta el aterrizaje de Donald Trump. De hecho, el cineasta Ryan Murphy está sufriendo todo tipo de amenazas desde que anunciara una teleserie sobre el romance entre John John Kennedy -el príncipe azul de la familia- y Carolyn Bessette, una publicista de Calvin Klein con quien se casó en secreto en 1996. John John estuvo a punto de matar a varias novias por culpa de su afición a los deportes de riesgo y las emociones fuertes, hasta que finalmente estrelló la avioneta que pilotaba: un accidente donde también murieron Carolyn y su hermana Lauren. Una vez explicó, cuando un policía detuvo su coche en una autopista de Massachusetts y le preguntó por la peste a marihuana que inundaba el vehículo: "Hay una regla no escrita en Massachusetts por la cual los miembros de mi familia pueden cometer asesinatos y a nadie le importa". ¿Les suena?
El otro día, Robert F. Kennedy confesó en un programa de máxima audiencia que él no tiene miedo de los gérmenes, ya que solía esnifar cocaína sobre el asiento de un inodoro. Visto el festival de impunidad y misoginia que festonea su apellido desde un siglo atrás, es lógico que el benjamín de la saga no vea el menor problema en revelar estas intimidades. Está claro que los Kennedy han entrado en una etapa de decadencia irreversible. Comparado con maltratar mujeres, violarlas o abandonarlas a su suerte, ¿qué es esa tontería de esnifar cocaína en un inodoro? Nada más que un provechoso consejo dictado por la máxima autoridad sanitaria del país, el actual secretario de Salud y Servicios Humanos, un consejo similar al de Donald Trump cuando, en plena crisis por la pandemia del coronavirus, sugería inyecciones de lejía como tratamiento contra el contagio.
Aparte de unos cuantos exaltados y tiquismiquis, nadie se ha escandalizado gran cosa ante la evidencia de que unos cuantos dirigentes occidentales -empezando por el presidente de los Estados Unidos- estaban implicados en una red de tráfico de menores, secuestros, estupros, abusos y asesinatos organizada por un pederasta convicto y confeso. La princesa Mette-Marit, futura reina de Noruega, le escribía a Jeffrey Epstein cientos de mensajes de apoyo y esta divertida réplica: "Haces que mi cerebro tenga cosquillas". De manera que nuestra inefable presidenta, Isabel Díaz Ayuso, no ha podido elegir un momento mejor para premiar con la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid a los Estados Unidos, país que señala como "faro del mundo" ("falo del mundo" habría sido una errata más certera).
Y bien, ya me dirán qué pueden hacer las élites del mundo libre sino celebrar que haya salido a la luz la superioridad infinita de los ricos sobre los pobres de la forma más bestial, denigrante y asquerosa posible. Que Robert F. Kennedy sea un antivacunas, un zote, un inútil y un niño de papá consentido no lo desacreditan como secretario de Salud, al contrario: lo hacen idóneo para el cargo. Que además se metiera por la nariz una mezcla de coca, orines y mierda lo confirman como más que posible candidato a otra Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid e incluso a una placa de oro a la entrada de todos los hospitales del grupo Quirón. Total, la vamos a pagar igual.
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