Opinión
Mazón hunde al PP de Feijóo en las aguas de la DANA

Por Noelia Adánez
Coordinadora de Opinión.
-Actualizado a
En su esperada comparecencia de esta mañana hemos podido comprobar que Carlos Mazón es en efecto un devoto católico, porque tanto en sus gestos como en las inflexiones de su voz, empleó el tono de un cura dando misa. Tras agradecer a los reyes de España el apoyo y compromiso con la autonomía que todavía preside, en una apertura tan ladina como todo lo que el señor Mazón viene diciendo y callando desde hace tiempo, pasó a confesar que habiendo hecho balance del último año de su vida política, ha llegado a la siguiente conclusión: la dana fue un acontecimiento tan fenomenal y los fallos ajenos en las previsiones tan extraordinarios, que sus errores, habiéndolos habido, son por comparación de orden muy menor.
Ha añadido además que en todo este tiempo ha estado más volcado en la reconstrucción que en dar explicaciones sobre lo que cualquiera puede percibir como lo que fue, una monumental negligencia. Según él, las innumerables versiones y mentiras que ha dicho en el último año estaban dirigidas a hacer entender a la gente cuál es la verdad. Para salvar esta tremenda paradoja Mazón ha tirado de sus clásicos, responsabilizando del desastre a la AEMET, a la Confederación Hidrográfica del Júcar y, por supuesto, al gobierno del Estado. También al cambio climático, al que Mazón ha llamado “revolución meteorológica” en un guiño a sus aliados de Vox, a cuyo líder, como hemos sabido en otra de las rocambolescas comparecencias de la mañana, ya le había comunicado su decisión.
De las víctimas ha afirmado que han sido manipuladas y que, como es lógico, están en su derecho de serlo; no manipuladas, sino víctimas. En la homilía de Mazón, han estado muy presentes las invocaciones al sufrimiento y los estragos causados por la dana en la salud mental de todos, también en la de él; sobre todo en la de él. Tanto es así que, tras su actuación, ha trascendido que Carlos Mazón tiene una cita con un gabinete médico y que aunque a priori no contempla una baja, se atendrá a lo que recomienden los facultativos.
O sea, Mazón ha anunciado que huye del foco mediático renunciando a la presidencia del gobierno y que conservará su escaño, lo que le garantiza el aforamiento. En suma, Mazón no ha rendido cuentas, ha anunciado una dimisión instrumental y ha dado público comienzo a su defensa judicial.
La única persona capaz de obligarle a ese ejercicio de rendición de cuentas políticas era y es Núñez Feijóo, que comparecía unas horas más tarde para hacer unas declaraciones tan desubicadas que hacen pensar que no es ánimo lo que necesitará Alberto, sino un auténtico milagro.
Un milagro para evitar que Vox fagocite a un PP que se ha colocado políticamente en las coordenadas de la ultraderecha, con un presidente que no lidera y que tan solo negocia en su propio detrimento dando por buenas irresponsabilidades y errores cometidos por sus barones en crisis tan graves como la de las residencias en Madrid, la dana en Valencia, los incendios en Castilla-León y los cribados en Andalucía.
En su comparecencia, Mazón, que necesita amarrar el poder en Valencia decidiendo -según dicen, contra el criterio de Génova- quién tiene que heredar la presidencia con el apoyo de Vox, se jactó de lo que es la esencia de los gobiernos autonómicos populares: menos impuestos y libertad, mucha libertad.
Cuando aún el eco de esta palabra fetiche de las derechas desde pandemia resonaba en el ambiente tras ser pronunciada por Mazón, cuando la periodista Vilaplanas seguía prestando declaración ante la jueza de Catarroja, salió a decir sus cosas Ayuso, la más entusiasta propagadora del discurso que llama libertad a gobernar de espaldas a la ciudadanía y a victimizarse cuando se reciben críticas responsabilizando de los errores propios a los demás. La presidenta hizo un tuit idéntico a los que lanzaba contra la oposición en Madrid cuando se le pedía que rindiera cuentas por lo sucedido en las residencias; también aludía entonces a "retorcer el dolor" de las víctimas, negando de ese modo el carácter legítimo de sus reivindicaciones y el protagonismo que al menos en el caso de Valencia han tenido en la dimisión de Mazón. El funeral de Estado por las víctimas de la dana fue ese punto de inflexión que nunca ha terminado de llegar en el caso madrileño, aunque quizá aún estemos a tiempo.
En definitiva, los barones del PP pueden decir cuanto quieran, pero lo cierto es que las decisiones de Mazón han colocado a su partido contra las cuerdas. Carlos Mazón le ha terminado dando el PP a Vox en Valencia para salvarse y Feijoó, ¡ay Feijóo!
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