Opinión
Menstruar cada tres meses para alargar la infelicidad

Periodista
La bióloga china Hongmei Wang investiga cómo alargar la fertilidad de las mujeres proponiendo espaciar las menstruaciones cada tres meses ante el colapso demográfico de su país y de todo Occidente, y la noticia aparece reflejada en la prensa como un hito científico positivo. La premisa de este "avance" es que con la regla cada 90 días ahorraríamos un montón de óvulos que se van por el vertedero cada mes para no volver nunca, lo que nos permitiría retrasar (aún más) nuestras maternidades. Las mujeres nacemos con una cantidad finita de ovocitos y empezamos nuestra vida fértil en una cuenta atrás de menos 400, que vamos agotando mensualmente hasta llegar a la menopausia. Pero, ¿acaso alguna mujer elegiría libremente ser madre a partir de los 50 si pudiese serlo fácilmente a los 30? Permítanme dudarlo.
Retrasar la maternidad tiene implicaciones para nuestra salud y la de la infancia porque no solo de reserva ovárica vive el embrión. Está demostrado que los embarazos a partir de los 40-45 conllevan más riesgos asociados como abortos espontáneos, diabetes gestacional, hipertensión y preeclampsia, parto prematuro y mayores tasas de parto por cesárea o parto instrumental. A lo que hay que añadir, los efectos secundarios a corto y a largo plazo de las terapias hormonales que se usan en la reproducción asistida. Por eso, una medida así no solo no mejoraría la maternidad, sino que la empeoraría: más procesos de reproducción artificial, más embarazos de alto riesgo (lo que supone más bajas laborales y más gastos sanitarios) y más bebés hospitalizados en unidades de neonatos que, a la larga, supone también más niños con problemas de salud.
"Muchas democracias occidentales se enfrentan al mismo problema, y por ahora no han encontrado una solución" reza el artículo de El País. La solución es bien sencilla, las mujeres ya sabemos qué medidas hay que tomar para fomentar la natalidad. Queremos conciliar y queremos que nuestras hijas e hijos tengan una infancia digna. Según los datos de la Asociación Yo no Renuncio, 7 de cada 10 mujeres tienen menos hijos de los que le gustaría y las madres se sienten discriminadas en el mercado laboral (lo que se conoce como muro materno) a la vez que 8 de cada 10, la mayoría, asumen renuncias laborales y económicas para criar. Desde luego, una medida de este tipo tampoco mejoraría la conciliación, porque si algo necesitamos las madres en este sistema que nos asfixia es a abuelas que nos ayuden a cuidar. Con maternidades cada vez más tardías, menos abuelos disponibles. La millenial es ya una generación sándwich que está asumiendo a la vez el cuidado de pequeños y ancianos en medio de exigencias laborales disparatadas.
La reproducción artificial se ha convertido en un negocio más, muy rentable, que merma nuestra salud y nuestro bolsillo mientras juega con nuestras esperanzas. Tal como señala la psiquiatra perinatal Ibone Olza, la mayoría de las mujeres que congelan hoy óvulos atraídas por empresas de reproducción o por las suyas propias, ni siquiera van a poder ser madres porque se gesta en un cuerpo entero y el envejecimiento afecta a todos y cada uno de nuestros tejidos. Hasta tal punto el capital ha colonizado nuestros procesos sexuales y reproductivos que ya ni sabemos cómo, ni cuándo, nos podemos quedar embarazadas. Espaciando la ovulación no solo se alargaría -supuestamente- la fertilidad, sino que se privaría a las mujeres jóvenes del deseo sexual que trae aparejado el aumento de estrógenos en cada ciclo. Primero, nos quitaron el tiempo y las condiciones materiales para procrear, y ahora prometen quitarnos hasta el placer.
Por si fuera poco, todas estas investigaciones resultan profundamente sexistas pues obvian que la mitad de los problemas de fertilidad de las parejas heterosexuales tienen su origen en la parte masculina. La crisis en la calidad del semen afecta a los hombres de todos los países occidentales y se ha convertido en un enorme quebradero de cabeza para las clínicas privadas de reproducción que estiran las muestras hasta el límite ético y, a veces, ni eso. La edad también es un factor de riesgo en la fecundidad masculina y está demostrado que diferentes anomalías cromosómicas fetales se relacionan con la edad del padre.
Mientras ponemos el foco en solucionar un supuesto problema médico/biológico ocultamos que la fecundidad es un asunto estructural que implica a toda la sociedad y a todo el sistema económico y laboral. Mejor jugar a ser dioses que plantear medidas reales y efectivas de conciliación, salarios dignos y ayudas a la crianza. Mejor crear necesidades que no tenemos antes que intervenir los precios abusivos de la vivienda y solucionar la violencia machista y vicaria que arrastra a tantas mujeres y a sus criaturas a procesos judiciales injustos y carisímos. Mejor fomentar una maternidad premium para quien se la pueda pagar, que permitir que las personas jóvenes cumplan sus expectativas familiares antes de los 40.
Con estos anuncios, no solo se obvia la infelicidad de quién retrasa su maternidad obligada por el sistema, sino que se nos somete a todas las mujeres a una suerte de "posibilidades" infinitas que, de no ser convenientemente aprovechadas, aumentan nuestra culpabilidad por no intentarlo lo suficiente. Si no eres madre, nos dicen, la culpa es tuya ¡será por opciones! Nuestro cuerpo siempre se puede exprimir un poquito más. Qué poco se habla de las maneras naturales de retrasar la llegada de la menopausia como la lactancia, porque quién va a decirte a ti que des la teta tres años porque es bueno para el bebé y para tu salud, y que además te ahorrarás una buena cantidad de óvulos que aumentarán tu ventana de oportunidad para volver a ser madre.
Traer hijos a este mundo es una osadía y una locura maravillosa pero se está convirtiendo en un privilegio mientras se vulneran los derechos de la infancia en todo el mundo. Ninguna cortina humo podrá tapar que estamos hasta los ovarios de tanta estupidez con, y sin aval científico.
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