Opinión
El PSOE entrega Extremadura
Por Noelia Adánez
Coordinadora de Opinión.
-Actualizado a
"Iremos a elecciones, si hay que ir, y volveremos a demostrarle a los extremeños que tenemos palabra, y que Extremadura está por encima de cualquier cosa”, afirmaba María Guardiola en junio de 2023. En términos así de tajantes formulaba su plante ante la exigencia de Vox de entrar en su gobierno. Apenas unos días más tarde, Vox se impuso. Guardiola razonó entonces que su palabra no era tan importante como el futuro de los extremeños.
La formación de Santiago Abascal ocupó la consejería de Gestión Forestal y Mundo Rural, que asumió las competencias de infraestructuras rurales, control de incendios, patrimonio natural, caza, pesca y, por supuesto, toros. Además, la formación ultra eligió un senador por designación autonómica.
En julio de 2024 se produjo una auténtica sacudida política a cuenta del reparto de menores migrantes entre las Comunidades Autónomas. Abascal acusó a Feijóo de "estafa" y de seguir un programa político “socialista” y profirió toda clase de admoniciones contra la “invasión de inmigración ilegal". El Consejero de Mundo Rural, Ignacio Higuero, no se avino a la decisión adoptada desde Madrid. Se quedó en el gobierno de Guardiola. Para poder hacerlo, abandonó el partido ultra. Después se supo que había falseado su currículum y tuvo que dimitir.
Los hombres de Vox van y vienen, pero el lore permanece, y el lore remite siempre, de un modo insistente, al tema de la inmigración ilegal. A durísimas penas el escudero que Abascal se ha buscado en Extremadura, Óscar López Calle, logró calzar en el debate en la televisión pública el asunto de la inmigración. Su embite quedó en mención.
Fue precisamente López Calle quien dio pie al candidato socialista Miguel Ángel Gallardo -secretario general de Extremadura desde marzo de 2024 y miembro de la asamblea y aforado desde el pasado mayo- en ese debate al que María Guardiola no acudió. Y aunque Gallardo sí lo hizo, a efectos prácticos fue como si no estuviera. Se limitó a lucir nervioso y esquivo, poco articulado y acorralado por las continuas referencias de López Calle a los casos de corrupción y acoso sexual que afectan al Partido Socialista a escala nacional. Tampoco respondió de un modo solvente a los fundados reproches de Irene de Miguel, que recordó la disposición en el pasado de Unidas por Extremadura a pactar con el PSOE de Fernández Vara. El histórico dirigente socialista obtuvo en las elecciones de mayo de 2023 casi siete mil votos más que los populares de Guardiola y, sin embargo, consciente de que podía perder la presidencia, dimitió la misma noche electoral.
Gallardo no tiene más opción que dimitir. Su discurso en la noche electoral ha empeorado más si cabe la sensación de insolvencia que ha trasladado su candidatura. Si tras estas elecciones crecen, como ha asegurado, la radicalización y el bloqueo en Extremadura, en una medida importante es por causa de la falta de tracción electoral de su propuesta política. Culpar a Guardiola por la situación creada, cuando es su partido el que ha perdido la representación que históricamente ostentaba en esta autonomía, manifiesta una tremenda ceguera y desubicación.
El PSOE ha dilapidado el capital socioelectoral y el legado político del socialismo de Rodríguez Ibarra y Fernández Vara en tiempo récord. Lo cierto es que con un candidato procesado y en plena crisis del Partido Socialista que lidera Pedro Sánchez, no cabía esperar ningún otro resultado. Si Sánchez sacrifica los territorios en este ciclo electoral que comienza, será porque espera salvarlos o recuperarlos, lo que teniendo en cuenta la situación de la izquierda alternativa en los distintos territorios del Estado, resulta cada vez más complicado.
Irene de Miguel, por su parte, ha conseguido un muy buen resultado que no es en absoluto extrapolable a lo que pueda suceder en otras autonomías. A diferencia de lo que ocurre en otros territorios, las izquierdas han fraguado en Extremadura una candidatura cocida a fuego lento en una tierra en la que siempre han tenido representación con la excepción del año 2007, en el que PP y PSOE se repartieron todos los asientos en la asamblea.
En esta ocasión, la candidata de Unidas por Extremadura ha conseguido un resultado histórico para el espacio a la izquierda del Partido Socialista, que cosechó sus mejores números de la mano de IU, los Verdes y Compromiso por Extremadura en las elecciones de 1995, con un porcentaje similar de votos traducido entonces en seis escaños. La victoria de Irene de Miguel pone de manifiesto que una izquierda arraigada al territorio, que actúa con autonomía y defiende un programa consistente, es -como ha dicho en su comparecencia- "una luz de esperanza".
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