Opinión
¿Para qué quieres una reportera en el lugar de los hechos?

Por Miquel Ramos
Periodista
-Actualizado a
¿Para qué necesitas a una reportera en el lugar de los hechos si alguien te lo puede explicar con un WhatsApp desde el sofá de su casa? Es lo que debió pensar Carmen Porter, la copresentadora junto a Iker Jiménez del programa Horizonte para interrumpir a la periodista Laura Chiclana cuando ésta informaba desde Haifa sobre las dificultades de la población nativa palestina a la hora de acceder a un refugio cuando llueven las bombas. “Aquí, por ejemplo, en Haifa, en un barrio árabe, los árabes no tienen derecho a poder acudir a un refugio. Solo hay un refugio público para todo el barrio”, explicaba la reportera. La presentadora la interrumpió y dijo haber recibido un mensaje “de la comunidad judía” que ponía en duda lo que la corresponsal sobre el terreno estaba contando en directo.
Lo sucedido en el plató pronto saltó a las redes, provocando un enorme revuelo sobre el proceder de la presentadora y el desplante a la corresponsal. Pero la gravedad del asunto va mucho más allá. Alguien manda un mensaje que provoca la interrupción y la “corrección” de la información en tiempo real para ofrecer una realidad alternativa a su gusto. Alguien que ni siquiera es de la empresa. Alguien a quien la presentadora otorga una legitimidad más por pura afinidad que por cualquier criterio periodístico. Aunque eso implique la humillación de una trabajadora de la empresa a la que le has pedido que cuente lo que está viendo in situ.
Todo es tan cutre como parece, pero no por ello menos dañino para la profesión periodística y un insulto no solo a la periodista, sino también a los espectadores, que tienen derecho a recibir una información veraz. Pero tratándose del programa de los fantasmas, de las rodillas embarradas a propósito para salir mejor en el plano y de los muertos del parking de Bonaire que siguen sin aparecer, la verdad es lo de menos. El problema es que esos hechos que estaba contando Chiclana desde Haifa no le interesaban a la presentadora. Y solo necesitó que un colega le diese un par de consignas para rebatirlo en directo. El momento, que pasará a la historia como uno de los más vergonzantes de la televisión de estos últimos tiempos, ha sido difundido por una gran cantidad de cuentas extranjeras, provocando un efecto Streisand de manual. Esto es, queriendo censurar una información, se acaba por amplificarla. Aunque la cadena haya borrado de la web el momento en el que la periodista cuenta lo que ha visto en Haifa.
Pronto empezaron a salir noticias de otros medios que ratificaban lo que la periodista había contado. “Israel condena a sus pueblos árabes a no tener refugios públicos: No nos ven como humanos., contaba elDiario.es en junio de 2025. La Sexta lo recordó también hace tan solo unos días: “La discriminación del gobierno de Netanyahu en época de guerra: solo el 0,3% de los refugios públicos de Israel es para árabes”. Y la agencia EFE ya lo había explicado días antes, como publicaron varios medios, entre ellos el ABC: “Solo nos queda rezar”: Haifa habilita refugio para 9.000 vecinos del barrio árabe.
La analista israelí Mairav Zonszein publicaba en The New York Times el pasado domingo una columna titulada Los ciudadanos palestinos de Israel no están seguros, en la que contaba, entre otras cosas, cómo las localidades palestinas dentro del territorio ocupado por Israel, carecen de refugios. El corresponsal Marc Campdelacreu contaba en TVE esta semana que Israel ha creado un departamento de censura previa para que los medios les envíen los vídeos antes de su emisión. Y aunque la mayoría de los medios no lo hacen, se exponen a ser expulsados del país. “Durante décadas, defendí a Israel de las afirmaciones de apartheid. Ya No Puedo”, escribía en el periódico israelí Haaretz Benjamin Pogrund, judío israelí nacido en Sudáfrica. Hasta las Naciones Unidas (ONU) en un informe publicado en enero de este mismo año, relataban los numerosos mecanismos de segregación que ejerce el Estado contra la población nativa palestina.
Son solo algunos de los ejemplos que se encuentran cada semana en los medios, a pesar de los esfuerzos de Israel por negarlo o desacreditar toda evidencia. La respuesta habitual es que todo es falso, exagerado o fruto de una conspiración antisemita. Y no pocas veces, los lobbies y sus mamporreros la emprenden a denuncias. En España, ese lobby tiene múltiples caras, y lleva ya un tiempo tratando de amedrentar a periodistas y activistas a raíz de la ola de protestas ante el genocidio perpetrado en Gaza. Esta pasada semana, además de a Laura Chiclana le tocó a Antonio Maestre y al Sindicato de Periodistas de Madrid. El primero, denunciado por el magnate David Hatchwell por dos artículos: Proyecto 'Honda de Salomón': la campaña de Israel para reclutar propagandistas sionistas, y otro titulado Los criados de David Hatchwell en España, el empresario sionista donante de Netanyahu. Por su parte, el Sindicato de Periodistas de Madrid fue señalado en redes por la organización sionista ACOM por defender a Chiclana. Esta organización ha denunciado también a Ana Iris Simón y ha insultado en redes a la diputada de Vox Carla Toscano por sus críticas a Israel. Cualquiera que cuestione el sionismo o al Estado de Israel puede ser el siguiente.
Una de las principales batallas en todo conflicto es la del relato, y los periodistas son siempre incómodos si hacen bien su trabajo y no se pliegan a las informaciones fabricadas o manipuladas para favorecer a una de las partes. En Israel, la persecución o la censura a periodistas no es nueva. Hace más de 10 años, la periodista de RTVE, Yolanda Álvarez, fue víctima de ello, tal y como denunció en su día Reporteros Sin Fronteras tras el señalamiento que sufrió por parte de la embajada israelí en España. Precisamente para controlar el relato, Israel sigue negando la entrada a periodistas a Gaza, donde trató de exterminar a todos los que estuvieron informando durante el genocidio. Israel ha asesinado a más de 200 profesionales de la información en dos años.
A pesar de que Israel y sus propagandistas siguen empeñados en ocultar sus atrocidades, luego llegan sus líderes y sus influencers y las reivindican abiertamente. Sucedió con el genocidio en Gaza, documentado por sus propios soldados y jadeado por gran parte de la sociedad israelí, sus periodistas y sus políticos. Y sucede constantemente, con cada paso que da el sionismo en el tablero global para luego presentarse como víctima. Israel y los EEUU han secuestrado el derecho internacional, y los representantes de la UE no paran de reírles las gracias y de contribuir al desmantelamiento de toda norma en lo que consideran su cruzada civilizatoria, y que no es más que su caída al precipicio.
Mientras se esgrimen excusas de todo tipo, desde la liberación de las mujeres iraníes hasta la exportación de la democracia, sus mandatarios se permiten otras licencias banalizando la guerra, amenazando a quienes no les apoyen o confesando que, en realidad, todo es por puro interés. Por dinero, recursos y poder. Parece mentira que se pueda llevar una campaña comunicativa tan esquizofrénica en un conflicto geopolítico de tales dimensiones. Pero en la era del espectáculo, todo esto forma parte del juego. Cualquier distopía escrita hasta ahora se quedó corta para describir lo que estamos viviendo. A los periodistas, al menos, tan solo nos queda contar la verdad, y mejor aún desde el lugar de los hechos.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.