Opinión
Rajoy y Feijóo, lo que Villarejo ha unido

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
Todas colapsamos un poco la semana pasada, cuando Alberto Núñez Feijóo subió a la tribuna de oradores del Congreso y, visiblemente enfurecido, sacó el negocio de las saunas gay del suegro de Pedro Sánchez para acusar a éste de lucrarse con la prostitución. Sabemos que la (ultra)derecha, como buena católica, solo practica el sexo heterosexual para reproducirse y no por placer; entendemos, por tanto, que lo de las saunas gay les parezca una aberración incomprensible, como el aborto, el matrimonio homosexual, los divorcios... Ya saben: "¿Quieres recibir a (X), como esposa/o, y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así, amarla y respetarla todos los días de tu vida?".
Analizamos aquí también la semana pasada la homofobia que subyace en PP y Vox con la identificación entre saunas gay y prostíbulos, sin distinguir si un proxeneta se lucra con un negocio ilegal prostituyendo a gente o un hombre/mujer, por su cuenta y riesgo, pide dinero por sexo en una sauna, un local de intercambio de parejas, de chemsex, cruising, en la madrileña estación Sur de autobuses, el hotel Ritz de París o el Carlton de Moscú. La doble moral de la (ultra)derecha es escandalosa y viene de todos los regímenes y gobiernos de este corte que en el mundo han sido, pero su utilización, además, es sonrojante en pleno siglo 21... salvo que tu intención sea instalar una Hungría en España. Aquí no tenemos ninguna duda.
La Audiencia Nacional ya dijo a los señores y señoras que se rasgan las vestiduras con los negocios de Gómez padre, las saunas gay, que la lucha partidista con este asunto es "deplorable" y que ese negocio no solo es legítimo, sino lícito. Y no: como para abortar, casarte con alguien de tu mismo sexo o divorciarte, para ir a una sauna gay nadie te pone una pistola en la cabeza. Eso solo lo hacen los hombres que se niegan a renunciar a su poder sobre las mujeres, por cierto, y asesinan así muchas veces, aunque eso sea precisamente lo que Vox niega mientras el PP calla ante la negativa.
Lo que subyace en todo esto, no obstante, es la impotencia de Feijóo, el PP y Vox ante la mayoría de investidura que sostiene a PSOE y Sumar en el Gobierno. Incapaz de aguardar los cuatro años de legislatura mientras construyen un proyecto ajeno al fascismo o de utilizar los 490 folios del informe demoledor de la UCO sobre la corrupción de los exaltos cargos de Ferraz y el Ejecutivo, Feijóo ha decidido recurrir a la estrategia de los gobiernos de Mariano Rajoy: las cloacas de Interior, la policía política, los informes sin pruebas y/o falsos de Villarejo... Todo esto, que empezamos a destapar en Público, se juzgará en 2026, en menos de un año, cuando el ministro del Interior de Rajoy, Jorge Fernández Díaz, se sentará en el banquillo por fabricar pruebas contra adversarios políticos utilizando al Estado o intentar destruir las que implicaban al PP en la financiación ilegal. Después de los GAL, no se recuerda una operación de Estado tan grave, pero aún se preguntan ustedes por qué Felipe González apoya a PP y Vox en su afán por echar a Pedro Sánchez de La Moncloa...
Estos días, las pruebas sobre vivir de ese negocio ilegal y poco ético del que Feijóo acusa a Sánchez se limitan a personas que cuentan que han trabajado en las saunas gay de Gómez padre. Hay testimonios para todos los gustos y pruebas para ninguno, más allá de unos relatos criminales o casi que en nada coinciden con otros que también decían visitar las saunas en su tiempo de ocio, "y a mucha honra". Hay un informe de Villarejo de 2014 que insinúa un presunto delito de proxenetismo (lucrarse con la prostitución de terceras personas sí es delito) del padre de la mujer de Sánchez, nunca probado. El excomisario de las cloacas se lo dice al entonces secretario de Estado de Seguridad de las ídem, Francisco Martínez, número dos de Fernández Díaz, también procesado por la Kitchen que se juzgará en menos de un año. La conversación se graba y se filtra, como siempre, sin indicio alguno, nunca se probó nada más allá de un puñado de negocios de ocio con sexo "lícitos" (Audiencia Nacional dixit).
Once años después, Feijóo considera que hay que sacar lo de las saunas gay del suegro de Sánchez porque Marcial Dorado, como si fuera comparable su visible y estrecha amistad de años con un narcotraficante condenado con negocios lícitos e informaciones no contrastadas ni seguramente contrastables. El asunto de la prostitución, sin duda, merece un debate serio y riguroso en España, empezando por las diferencias entre la de hombres y la de mujeres en cuestiones de violencia implícita solo por el hecho de ser mujeres y teniendo en cuenta que los puteros son hombres en casi todo caso. Algo que ocurre, por otro lado, con todas las actividades cuando las ejercen hombres o cuando lo hacen mujeres (perspectiva de género). Ese debate, sin embargo, el PP se niega a abordarlo, tal vez porque España es el mayor consumidor de prostitución en Europa, uno de los mayores del mundo, y, con la doble moral y católica a cuestas, es difícil reconocer que la estadística señala a tantos españoles de derechas como de izquierdas.
A Feijóo parecen importarle nada las cuestiones de trata, violencia machista, tráfico de niñas y niños, explotación sexual, pederastia,... Al PP de Rajoy y Feijóo solo le importó y le importa soltar la basura de las cloacas (otra vez) y untarla por todo el Congreso en forma de preguntas sobre unos falsos negocios de proxenetismo de Gómez padre con los que fantasearon las cloacas de Interior ya en 2014, se pronunció la Audiencia Nacional lanzando un "reproche moral" a quienes pretendían usar esa mentira de forma partidista y hoy chorrea por televisiones y webs en forma de testimonios escabrosos y hasta escatológicos sin veracidad alguna, porque nadie prueba su autenticidad. Nada nuevo por aquí, el mismo Feijóo "moderado" de siempre en Galicia, no sé de qué se sorprenden.
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