Opinión
Lo revolucionario ahora es ser humano y preservar al humano

Por David Bollero
Periodista
Esta semana se ha celebrado en Málaga la 20ª edición del que, desde mi punto de vista, es el mejor evento tecnológico que tiene lugar en España: EmpoderaLive, organizado por la Fundación Cibervoluntarios. Y lo es porque allí no se habla de utilizar la tecnología y la omnipresente Inteligencia Artificial (IA) para aumentar la productividad de las empresas, conocer más al cliente o el reconocimiento facial en fronteras; allí se habla de la “soberanía digital ciudadana”, de utilizar la innovación digital para promover los derechos humanos, la igualdad, la sostenibilidad…
Cuando la fundadora de Cibervoluntarios, Yolanda Rueda, creó la organización que preside hace 25 años, no se podía imaginar que un día acudiría a la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información de Naciones Unidas en Nueva York para defender una Soberanía Digital Ciudadana que garantice un ecosistema digital descentralizado, inclusivo y ético, centrado en las personas y en la mejora de sus oportunidades. Lo hizo a finales del año pasado (ver vídeo más abajo) y esta semana, en el vigésimo aniversario de EmpoderaLive, reclamó “responsabilidad de todas y todos, porque nunca hemos tenido una herramienta tan potente y tenemos que apropiarnos de ella, no como propiedad, sino como capacidad”.
Rueda concibe un ecosistema digital en el que toda la sociedad civil y no sólo unos pocos magnates tecnológicos, convertidos ya en una amenaza para las democracias modernas, se sienta que forma parte de su gobernanza. Entre los múltiples participantes de la edición del evento de este año ha figurado Guido Girardi, médico, exsenador chileno e impulsor de los neuroderechos, con el que Público ha tenido ocasión de conversar.
En 2016 y ante la amenaza de manipulación cerebral que suponía el dispositivo Neuralink de Elon Musk, Girardi y el eminente neurobiólogo español Rafael Yuste se plantearon establecer un marco regulatorio general que nos protegiera de estos riesgos. Así surgió la Ley de Neuroderechos de Chile, que encontró reflejo en la Constitución del país y sirvió de inspiración para otros países y organismos como la ONU. Ya entonces, Girardi puso el foco en una élite de millonarios asociados a la tecnología, considerándolos un auténtico peligro para nuestra convivencia democrática.
Para el explicar el punto en el que nos encontramos ahora, el chileno echa la vista atrás e indica que “una neurona piensa a 120 metros por segundo y podría decirse que nuestro cerebro creó un mundo a esa velocidad, con instituciones complejas también a 120 m/s, incluso, a pesar de haber aumentado al emerger la inteligencia colaborativa”. Sin embargo, añade, “ahora nos enfrentamos a una tecnología, como la IA, que piensa a 300 millones de metros por segundo y esa tecnología va a crear instituciones y relaciones con ellas a 300 millones de metros por segundo que dejan al humano fuera y a sus instituciones obsoletas”.
Percibe el experto una suerte de obsolescencia del cerebro ante la potencia de la IA. El quid de la cuestión, no obstante, se encuentra en que esa IA está creada por humanos que tienen en su mano acotar los derroteros por los que discurrirá esta tecnología; algo que como estamos viendo no está sucediendo ante la relativa pasividad de los gobiernos y legisladores.
“El campo de batalla actual está en los datos”, afirma Girardi, y ese es el motivo por el que las grandes plataformas digitales luchan por captar constantemente nuestra atención, no sólo mediante técnicas como el scroll infinito, sino con el contenido negativo, aunque sea mentira, y violento, como ya expuse al compartir una explicación filosófica a la toxicidad de las redes sociales. “Los contenidos, digamos, democráticos, son marginados por el algoritmo, amplificando los falsos y conspirativos”, advierte el exsenador.

Desde su punto de vista, “nos dirigen a un mundo de posverdad con el objetivo de acelerar la obsolescencia de las instituciones democráticas, de hacer perder la confianza en ellas”. Junto al odio, los enemigos de la democracia están utilizando el miedo como una de sus armas porque, “en un contexto de miedo, la amígdala cerebral anula a la corteza prefrontal y mengua la capacidad de reflexión”. A ello se suman, además, que la adicción y consumo compulsivo de las pantallas digitales están provocando retrasos cognitivos y, por tanto, seres irreflexivos. “Estamos perdiendo la capacidad de pensamiento crítico y somos más vulnerables a la manipulación porque siete horas de pantalla le roba tiempo, entre otras cosas, a la lectura”, afirma.
El exsenador apunta que los magnates tecnológicos “están capturando el desarrollo tecnológico, no solamente de la IA, también la nanotecnología, la edición genética, la computación cuántica, la exploración del espacio… capturando el poder económico de manera absolutamente monopolista”. Girardi alerta de la creación de la denominada Ilustración Oscura, “impulsada por tecnofilósofos y jerarcas tecnológicos capaces de construir una ideología tan poderosa como fue el marxismo, pero a diferencia de él, que estaba a la vista de todos, esta transcurre en un espacio donde solo vemos la punta del iceberg y no vemos el resto, que es cada día más poderoso”.
Girardi alerta de cuán peligrosos son personajes como el bloguero Curtis Yarvin, el filósofo Nick Land -que acuñó el término Ilustración Oscura-, Peter Thiel y Alex Karp (dueños de Palantir)… que “están impulsando una visión libertaria y transhumanista asociado con la extrema derecha”. De la propia Palantir, sostiene que “Palantir es un peligro porque está en todas partes; es la principal institución de poder que nosotros no vemos”.
Ante este panorama, la gran pregunta para Girardi es “¿queremos preservar la humanidad? ¿Queremos preservar los valores de la ilustración, de la democracia, de los derechos humanos? ¿Queremos conservar la igualdad y la dignidad de la persona como elemento esencial?”. En su opinión, es preciso superar la visión ideológica transhumanista de personajes como Ayn Rand y su egoísmo racional y anteponer los derechos humanos, que son el mayor obstáculo para que avance esta visión supremacista, y la democracia y sus instituciones -lo que Land llama ‘La Catedral’ y apuesta por destruirla-, convertidas en su mayor enemigo.
En este punto, Girardi sostiene que Donald Trump, máximo exponente de la Internacional Ultra con satélites por todo el mundo (Milei, Kast, Bukele, Bolsonaro, Meloni, Le Pen, Ayuso, Abascal…) tan sólo es una herramienta más de estos señores de la Ilustración Oscura, y quien está llamado a “generar el orden poshumano es JD Vance puesto como vicepresidente por Peter Thiel (Palantir)”.
Cuando Yuste y él desarrollaron la Ley de Neuroderechos se convirtió en un adoquín más del camino de preservación del ser humano. Posteriormente, Girardi ha ido incorporando el empedrado de ese camino con iniciativas como el Congreso Futuro, que nació en Chile y ya ha recorrido mundo reuniendo a intelectuales que sitúan al humano en el centro, y no en la periferia como hace ahora mismo la tecnología. En este sentido, Girardi se declara “contra-evolutivo” porque, a día de hoy, “la evolución se encamina a abandonar lo que nos hace humanos a manos de la tecnología”.
El exsenador afirma orgulloso que “lo revolucionario ahora es ser humano y preservar al humano, porque en contra está un poder total en un enfrentamiento de David contra Goliath”. Pese a su ateísmo confeso, este pensador recuerda la encíclica papal Magnifica Humanitas, señalando a “León XIV como la única autoridad moral llamando a esta revolución”. Hasta la fecha, la política progresista no ha estado a la altura viviendo en la inmediatez, condenada a los ciclos electorales. Por este motivo, citas como EmpoderaLive tienen tanto sentido porque, como se pregunta Girardi, “¿cómo se defiende el humanismo contra el poshumanismo sin que tengamos conciencia?”.


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