Opinión
El "Todas mienten" como himno electoral ultra

Periodista y escritora
-Actualizado a
El pasado viernes 6 de febrero, hacia última hora de la tarde, cientos de personas se juntaron en la plaza de la Seo de Zaragoza para celebrar el mitin de fin de campaña de Vox en las elecciones autonómicas de Aragón, donde los ultras han duplicado sus escaños. Quienes estábamos por los alrededores, notamos el enrarecimiento del ambiente, como cuando aún no tienes gripe, ni siquiera has sentido ese primer escalofrío, pero algo te dice que llegará la fiebre, y el dolor de huesos, y todo lo demás. Hay enfermedades que se notan incluso antes del primer síntoma. La extrema derecha es una.
Por si las moscas, decidí refugiarme en un piso de la popular zona del Tubo. Parece una idiotez exponerse a los insultos e incluso alguna agresión —verbal o de otro tipo— cuando puedes evitarlas. A lo mejor es que me estoy haciendo mayor, pero el caso es que subí hasta la cuarta planta, a un piso familiar, y decidí instalarme allí tranquilamente viendo una serie que me permitiera no pensar demasiado. No había terminado el primer capítulo cuando oí las voces, un globo compacto de voces macho que subían desde la calle como una letanía. Me pareció una pequeña manifestación. Pequeña, pero insistente. Por aquello del enrarecimiento, salí al balcón y entonces pude oírlo claramente: “Tooodas mienten… Tooodas mienten… Tooodas mienten”. Un coro de varones en la veintena disfrutaba de lo lindo.
Hasta ese momento, el "Todas mienten" sólo era para mí una pegatina en las traseras del coche de los idiotas. Me enteré de su existencia porque las mujeres me enviaban fotografías para que las publicara. Después, empecé a verlas yo misma por las carreteras. Una pegatina no es cara de fabricar, pero entiendo que nadie se pone a imprimirlas con el lema "Estudia matemáticas", a no ser que dicha frase esconda un significado oculto compartido por una comunidad lo suficientemente amplia como para que resulte rentable la inversión. Me refiero a que si se imprimen adhesivos con el "Todas mienten" es porque se sabe que muchos hombres van a comprarlos.
¿Por qué muchos hombres compran y exhiben dicho lema y no otro? Porque necesitan popularizar la idea. En un momento en el que la verdad de las mujeres ha emergido para relatar —desde las redes que ellos mismos crearon— todas las violencias machistas, su respuesta es así de primaria: "Mienten". Da igual si se trata de una pegatina que de un (llamémosle) libro, la construcción es igual de rudimentaria: "Mienten". Al alcance hasta del más borrico: "Mienten".
Evidentemente, llamar mentirosas a las mujeres, a "todas", además de ser tosco, supone la construcción de una violencia colectiva. Una violencia que después tiene su reflejo en los juzgados, pero también, como hemos visto en el PP madrileño, en las instituciones, los entornos laborales y cualquier otro ámbito. Si una mujer denuncia la agresión de un hombre, una vez popularizada tal idea, bastaría con decir que miente, lo mismo que si describe la actitud del padre contra los hijos e hijas o la actuación inapropiada de un médico.
Habría que preguntarse por qué los hombres pueden exhibir sacando pecho una violencia impresa llamada "Todas mienten" y, en cambio, no hacen lo mismo con —es un ejemplo— "Tírate a tu sobrinita". Probablemente, a la población que luce el "Todas mienten" le hace la misma gracia el otro, el de "Tírate a tu sobrinita". La diferencia está en el resto de sus iguales. Hay un rechazo social hacia la idea de que un tío viole a su sobrina que no existe hacia la idea de que todas las mujeres mentimos. Me refiero a los varones, al rechazo de los varones. A las mujeres, evidentemente, nos asquean ambas.
En resumen: que se imprime y exhibe un adhesivo con el "Todas mienten" porque en realidad a la mayoría de los hombres tal violencia les parece permisible, o incluso ni siquiera violencia.
Y ahora demos el salto de la pegatina al coro de jóvenes cantores ultras del mitin. Parece evidente que la estrategia contra la verdad de las mujeres funciona, probablemente de puro simple. Funciona hasta el punto de que se convierte en la consigna que corean los machitos jóvenes en el camino que va del mitin a las copas. Es decir, el gesto informal del adhesivo pasa a ser consigna que disciplina. Una pegatina no exige coherencia, un cántico sí. Corear implica pertenencia y exhibición pública, o sea mecanismos de lealtad, fratría. Que sean justo los jóvenes no es un dato menor. El "Todas mienten" se convierte, para esa generación, en promesa de impunidad y funciona como restitución simbólica de poder en un contexto donde el feminismo ha cuestionado sus privilegios.
Desde el balcón de Zaragoza, viendo a aquel grupo ultra corear el "Todas mienten", sentí el escalofrío de una enfermedad que reconozco, cuya historia conocemos. La extrema derecha ofrece a los jóvenes algo muy concreto: la abolición de la culpa. Y les pone, de paso, escenario, coro y megáfono. Mientras tanto, el resto, los que no cantan, ni siquiera ve la pegatina cuando la tienen delante.
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