ANÁLISIS
¿El fin de la 'vía Albares'?

Por Sato Díaz
Coordinador de Política.
Satisfacer a Mohamed VI y su ocupación del Sáhara Occidental para asegurar unas relaciones de buena vecindad entre España y Marruecos. El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, llegó al Palacio de Santa Cruz hace cinco años. En julio de 2021 Pedro Sánchez llevaba a cabo una profunda remodelación del Consejo de Ministros en la que caía parte de su núcleo duro (Carmen Calvo, José Luis Ábalos, Iván Redondo...) También Arancha González Laya, entonces responsable de Exteriores.
Laya había sido repudiada por Rabat por la acogida en un hospital de La Rioja a Brahim Ghali, presidente de la República Árabe Saharaui Democrática y secretario general del Frente Polisario, que estaba gravemente enfermo de covid-19. La respuesta de las autoridades marroquíes a esto fue incitar la entrada masiva de unos 10.000 migrantes a Ceuta en mayo de 2021. Además, la embajadora marroquí Karima Benyaich abandonó Madrid, en señal de desaprobación por la acogida al líder polisario, y solo regresó 10 meses después cuando, a través de una misiva de Sánchez a Mohamed VI, el presidente cambiaba la histórica postura oficial de neutralidad española con respecto al Sáhara Occidental.
Emulando a Donald Trump, Sánchez apostaba por el plan de autonomía marroquí para anexionarse el Sáhara como la mejor solución al conflicto, contrariando las resoluciones de Naciones Unidas y el Derecho Internacional que aboga por la autodeterminación saharaui. Se notaba la llegada de Albares.
El lustro del ministro al frente de la política exterior española ha tenido como elemento prioritario garantizar la buena relación con Marruecos. La asunción de las tesis marroquíes en el Sáhara permitió la firma de numerosos acuerdos entre Madrid y Rabat tras una visita de Sánchez a Marruecos en abril de 2022 y las dos Reuniones de Alto Nivel (RAN) bilaterales mantenidas en 2023 y 2025. De estos compromisos destacan los acuerdos migratorios que buscan facilitar las devoluciones en caliente, las fracasadas aperturas de las aduanas comerciales en Ceuta y Melilla, la inclusión de Marruecos en la organización del Mundial futbolístico masculino de 2030 junto a España y Portugal, o la apertura de negociaciones para coordinar la gestión del espacio aéreo del Sáhara, dependiente de España. Además, Marruecos, como frontera sur europea, ha recibido cientos de millones de euros no solo de España, sino también de fondos de la UE para frenar los flujos migratorios.
La política de apaciguamiento de Albares con Marruecos conllevó, como contrapartida, una grave crisis diplomática con Argelia, rival geopolítico de Marruecos y aliado del Polisario. En señal de protesta por la traición de Sánchez al Sáhara, Argel retiró de forma fulminante a su embajador en Madrid y suspendió el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación. Esta ruptura institucional vino acompañada de un severo bloqueo comercial y de un importante incremento del precio del gas natural argelino. La tensión se fue convirtiendo en un enfriamiento de las relaciones bilaterales y en 2024 regresaría el embajador a Madrid. Finalmente, Sánchez realizó una visita oficial a Argel el 20 de julio de este año, escenificando el deshielo diplomático definitivo con el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune. El compromiso de ambos mandatarios fue la celebración de una RAN entre los dos Estados el próximo otoño.
La actual crisis de Ceuta, sin embargo, conllevará cambios en la relación bilateral entre España y Marruecos. Pasado un tiempo se podrá valorar hasta qué punto estos supondrán el fin de la vía Albares. En su comparecencia ante el Congreso del pasado jueves, Sánchez aseguró que "después de lo ocurrido la cooperación con Marruecos tiene que ser diferente". Fuentes de Moncloa explicaban a Público que "los canales compartidos no han funcionado o no están preparados para este tipo de ataques híbridos y Marruecos no ha sido capaz de controlar la frontera según los acuerdos, en esa línea la cooperación tiene que cambiar".
Ha quedado claro en estas semanas que la vía Albares no convence. El PSOE se ha quedado solo en el Congreso defendiendo la actual relación con el vecino del sur impulsada por Exteriores. La diputada de Comuns, Aina Vidal, lo expresó claramente desde la tribuna de la Cámara Baja: "La política de apaciguamiento ha fracasado". El descontento social con la gestión de esta crisis por parte del Gobierno puede jugar malas pasadas al actual Ejecutivo que entra en un curso político en el que se celebrarán elecciones autonómicas y municipales en mayo y generales en un fecha todavía por determinar. Las antenas de Moncloa y Ferraz están atentas.
Tal es así que se evidenció un cambio en la actitud de Sánchez desde la entrevista del lunes en la Cadena SER hasta la comparecencia del jueves. Los socialistas han pasado de pedir a los grupos parlamentarios "no faltar al respeto a Marruecos", en boca de Félix Bolaños la semana anterior, a que el presidente deje la puerta entreabierta a que haya nuevas pruebas que demuestren la implicación del Gobierno de Marruecos en la llegada masiva de migrantes, en cuyo caso se comprometió a tomar medidas. La presión política y social y la filtración del informe policial que señala a policías marroquíes colaborando con los hechos de final de julio, han hecho mella en las filas socialistas.
(Casi) nadie defiende que la llegada de decenas de miles de migrantes a Ceuta se algo que pueda ocurrir sin el conocimiento, cuando no la participación activa, de las autoridades marroquíes. El pasado, como hemos visto, nos ha mostrado capítulos muy parecidos. Además, las reivindicaciones de distintos miembros del Ejecutivo marroquí sobre la soberanía de Ceuta y Melilla incrementan las sospechas de una motivación política de los hechos de finales de julio. El 23 de septiembre hay elecciones legislativas en Marruecos, los partidos del régimen están en campaña electoral y el reciente acuerdo entre España y Reino Unido de gestión compartida en Gibraltar ha animado a algunos políticos marroquíes a lanzar especulaciones.
A nadie se le escapan las ansias anexionistas del régimen de Rabat y su sueño húmedo de unificar bajo la monarquía alauí el Gran Magreb: no solo el Sáhara Occidental, también Ceuta, Melilla, las Islas Canarias, Mauritania, parte de Argelia y de Mali. ¿Ha sido un ataque híbrido impulsado por poderes marroquíes con motivaciones soberanistas sobre Ceuta y Melilla y no una crisis migratoria? Las amenazas híbridas están plenamente incorporadas a la doctrina de la OTAN (Concepto Estratégico, 2022), la UE (Brújula Estratégica, 2022) y España (Estrategia de Seguridad Nacional, 2021) como acciones con fines políticos y geoestratégicos.
¿Ha sido una demostración de fuerza de un Rabat crecido por sus buenas relaciones con Washington y Tel Aviv? Si se demostrara esta hipótesis, en torno a la que existen numerosos indicios, la vía Albares habría fracasado con Marruecos y España tendría que replantearse uno de los pilares más importantes de su política exterior. Y esto en un momento de gran agitación geopolítica en el que las certezas cada vez brillan más por su ausencia. El apoyo en esta crisis de la UE a España ha sido más discutible; la OTAN está a merced de los volantazos de Donald Trump.
En las próximas semanas, se acercan hitos que permitirán medir la salud de las relaciones hispanomarroquíes. El día 10 se votará en el pleno del Congreso de los Diputados la proposición de ley de nacionalidad saharaui a la que el PSOE se ha comprometido a votar a favor. En octubre, según el compromiso de los jefes de gobierno español y argelino, se debería celebrar la RAN entre España y Argelia en Madrid, aunque todavía se desconoce la fecha exacta, en un momento de gran tensión en las relaciones entre Rabat y Argel.
Además, en la ONU se reunirá también en octubre la Cuarta Comisión de la Asamblea General que trata las causas de descolonización pendientes, como la del Sáhara Occidental. De ahí saldrá una resolución que será votada en la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre. Previamente, también en octubre, el Consejo de Seguridad se reunirá para decidir sobre las condiciones de la renovación de la Minurso (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental). Cuando llegan estas fechas, el nerviosismo se apodera de Rabat, la presión de Marruecos sobre sus aliados aumenta. Otro indicador de la salud de la confianza mutua entre el país magrebí y España, otro examen de la vigencia de la vía Albares.
Este viernes, otro integrante del Gobierno de Marruecos, el ministro de Obras Públicas y Agua, Nizar Baraka, afirmaba públicamente que, aunque España es un "socio esencial", su país "no retrocederá ni un solo palmo de su territorio nacional", aludiendo de manera directa a Ceuta. El ministerio de Albares, respondía: "Este tipo de declaraciones "degradan la relación bilateral". El propio Albares ya endurece el tono con Rabat.


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