Opinión
ViñaRock, KKR y el derecho al trabajo

Por Toni Mejías
Periodista
Esta semana, varios meses después de lo habitual, se ha conocido el cartel del festival Viña Rock. Sin duda, despertaba la expectación de muchísimas personas, pero, en este caso, no era por ver la calidad o notoriedad de los artistas, sino más bien valorar hasta dónde había llegado el boicot por parte de las bandas. Por poner en contexto por si alguien no sabe de qué hablo, el pasado mayo las compañeras de El Salto informaron de que el fondo proisraelí KKR tenía participación en varios festivales del Estado español. Algunos artistas (pocos) cancelaron sus actuaciones en dichos festivales y muchos otros se unieron a un listado de bandas que afirmaban que no actuarían en festivales donde el KKR estuviera presente. Si bien este último año no ha tenido gran influencia en el desarrollo normal de la mayoría de los eventos, se esperaba que el más afectado fuera el festival de Villarrobledo dada la presencia de un gran número de bandas con compromiso social en sus letras y en sus actos y que, desde el momento que se supo, tuvieron clara su postura.
La noticia saltó poco después de la celebración de la edición de este año. Aunque sí se conocía (no hay que ser ilusos) la venta de la promotora que gestionaba el Viña Rock a una gran empresa de entretenimiento como es Superstruct, no se sabía públicamente que el KKR tenía vínculos con esta inversora, por lo cual no afectó al cartel del 2025, pero sí se esperaba que tuviera impacto en el de 2026. Así ha sido. En primer lugar, las redes sociales del festi se paralizaron durante meses hasta que intentaron desmarcarse torpemente, mostrar un apoyo virtual a Palestina y una serie de medidas tibias para contentar a su público. A estas alturas, normalmente, el cartel ya solía estar publicado casi por completo y la gran mayoría de abonos vendidos, pero este año es obvio que les ha costado encontrar bandas dispuestas a participar, pese a que, un festival que siempre regatea desde su posición de poder estaba ofreciendo cachés altos para convencer a los grupos y ejercía presión amenazando de que no actuarían en otros festivales que gestionan. Una coacción hacia el trabajo de un montón de artistas con tal de no dejar caer un evento tan lucrativo.
Tras varias demoras, rumores y presiones, el pasado martes se publicó el primer avance de cartel. La sorpresa de su público fue evidente ante la presencia de numerosas bandas que hace años no hubieran pisado ese festival. También ante algún artista del que se esperaba el boicot y, sobre todo, de Bob Vylan, el dúo británico que se enfrenta a una investigación criminal por sus cánticos contra el ejercito israelí en el festival de Glastonbury. Pero ni 24 horas duraron y se borraron en cuanto se enteraron de quién estaba detrás del Viña Rock. No han sido los únicos, pero sí lo más relevantes. Esto provocó que las redes sociales del festival eliminaran la publicación del cartel durante unas horas hasta que volvieron a subirlo actualizado. Eso sí, con los comentarios cerrados y denunciando en sus stories la presión hacia las bandas y las "afirmaciones falsas" hacia el festival. En lugar de admitir la participación del fondo proisraelí e intentar desvincularse, niegan la realidad, se encierran en su discurso victimista y señalan a lo grupos que han decidido no seguir compartiendo este camino hacia la nada.
Entre los artistas que aparecieron en el cartel y han decidido seguir llama la atención el caso de Amparanoia, a quien se le aprecia una carrera extensa con compromiso social detrás, también hacia la causa palestina. Ante la avalancha de comentarios en sus redes de sus seguidores (y no tan seguidores) ante el anuncio, decidió hacer un comunicado alegando que hacer conciertos "es su trabajo". Que al Viña Rock va a trabajar y no tiene que dar explicaciones. Además de insistir en su compromiso con el pueblo palestino. Más que calmar a sus oyentes, parece haberles enfurecido más.
Lo cierto es que es muy mala excusa. ¿No es el trabajo de las demás bandas también? Incluso grupos con una menor repercusión y que, seguramente, necesiten más esa visibilidad y esos ingresos han decidido que por ahí no pasan. Que mientras sigue sucediendo un genocidio ante nuestros ojos lo mínimo que podemos ejercer es presión. De poco vale sacar la bandera palestina en los conciertos si a la primera que afecta directamente a tu bolsillo te pones del lado del verdugo. Participar en eventos solidarios, subir stories de denuncia o decir lo mucho que te afectan la muerte de niños son actos altruistas que no trastocan tu economía, pero negarte a actuar en el Viña (y los daños colaterales con la promotora) sí y has decidido que la causa llega hasta ese punto. También cuando hay huelgas los esquiroles quieren trabajar. Están en su derecho, ¿no? Total, si los días de sufrimiento de sus compañeras, de perder sueldo y ser criminalizadas e incluso, con posibilidad de detención, también te beneficiará a ti si se consigue un acuerdo ventajoso. Pero al igual que el esquirol queda manchado y aislado para siempre, lo mismo puede sucederte a ti. No es una amenaza ni mucho menos, es un hecho.
Podía llegar a comprender que de los festivales de este año no se bajaran algunos grupos por tener contratos firmados con penalizaciones que, tal vez, no podían afrontar. Aunque honra que gente como La Élite, La Fúmiga o Tremenda Jauría renunciaran a su participación en grandes festivales, se expusieran a tener que afrontar compensaciones económicas y a ser vetados en numerosos lugares. Pero decidieron que el sitio correcto de la historia no era en esos carteles. Pero en la siguiente edición, con toda la información que hay, con todo lo que se sabe, con un genocidio que continúa, alegar que tienes que trabajar, es un insulto a la inteligencia de tus seguidores. Al menos no hables de tu compromiso con Palestina si a la primera que te afecta de un modo directo decides darles la espalda. Esta misma semana las lluvias torrenciales están ahogando a las familias de Gaza porque el 90% de sus viviendas están destruidas. El frío y la humedad se suman al hambre y el riesgo a ser abatidos por el ejército israelí. Y mientras esto sucede, no se puede mirar a otro lado con excusas baratas.
Vivimos en un momento en el que boicot debe ser activo y masivo. Es la única manera de que el mundo abra sus ojos ante la barbarie y poder presionar a los gobiernos del resto de países a imponer sanciones hasta que Israel pare. Lo que no puede ser es que vayamos de alternativos, alardeemos de nuestro compromiso social, saquemos la bandera Palestina en los conciertos y, a la primera que toca nuestro plato, ser adelantados por la izquierda por Eurovisión. Sabemos que los promotores del Viña Rock tienen tropecientos festivales más de donde sacar rentabilidad, pero para los proisraelís, cancelar un evento así supone dar la razón al boicot y prefieren exponerse a perder dinero que poder. Supongo que te compensa económicamente. Que vale la pena renunciar a los valores por un puñado de euros. Pero asume que todo acto tiene consecuencias y que mientras la barbarie continúa has elegido bando.
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