Opinión
73.790 motivos para alegrarse (un poco)
Por Jesús Maraña
Sería ridículo y hasta ofensivo cualquier asomo de triunfalismo por el descenso del paro en el mes de julio cuando 3.908.678 personas siguen pendientes de encontrar un puesto de trabajo. También resultaría absurdo negar hechos positivos y contrastados como la reducción del desempleo por cuarto mes consecutivo o la constatación de que esa mejora no responde exclusivamente a una influencia estacional. Hasta Cristóbal Montoro, portavoz de guardia en el PP, reconoce que ha sido “un buen dato” el conocido ayer: 73.790 parados menos en el mejor julio desde 1998.
Es significativa la creación de empleo en el sector industrial, mucho menos condicionado por el buen tiempo o por la afluencia del turismo. Van ya seis meses continuados de crecimiento en las afiliaciones a la Seguridad Social, otro dato que por sí solo no basta para hablar de “brotes verdes”, pero que permite al menos huir del catastrofismo. ¿Quiere esto decir que la recuperación económica tiene la fuerza suficiente para concluir que el paro ha tocado techo con total seguridad? No. Los análisis coinciden en pronosticar para otoño un repunte importante.
Lo más preocupante es el peso de la contratación temporal. El Gobierno sigue argumentando que su principal objetivo con la reforma laboral ya en vigor es fomentar los contratos indefinidos. De momento, las cifras no le dan la razón, porque la proporción del empleo inestable sigue siendo escandalosa.