Opinión
Aguirre y la guillotina
Por Juan Carlos Escudier
Ahora se entiende que Esperanza Aguirre quisiera crear su propia policía para lanzarla contra los indignados que acampaban en la Puerta del Sol de Madrid, y lo raro es que no propusiera armar un cuerpo de ejército para conjurar lo que, a su juicio, puede esconderse tras sus peticiones de más democracia, de cambiar una ley electoral donde unos votos valen más que otros, de combatir la corrupción o de resistirse a aceptar con los brazos caídos que se amplíe la edad de jubilación cuando el paro afecta a la mitad de los jóvenes en edad de trabajar: un golpe de Estado.
Presentaba Pedro J. Ramírez un libro sobre la Revolución Francesa, donde al parecer ha localizado varios agujeros negros y ha desentrañado un puñado de conspiraciones, y Aguirre no se resistió a comparar el 15-M con los enragés. Tiene su gracia imaginar a una legión de perroflautas, que así es como los llama la presidenta de Madrid, tomando ese palacio de invierno y de verano que es la Moncloa, y no menos divertido es intuir que en el corazón de Aguirre anide el temor de convertirse en María Antonieta y dejarse la cabeza en la guillotina.
Por si en algo serena su espíritu, he aquí la reflexiones de Pierre-Jean-Georges Cabanis, médico personal de Mirabeau, sobre esta forma de decapitación: “Si los fisiólogos a los que yo combato consiguen sustituir la guillotina por un tipo de muerte igual de dulce, pero más imponente, más capaz de impresionar a los espectadores y que guarde mejor el respeto que siempre se le debe a una persona, bendeciré sus esfuerzos; a pesar de que, bajo cualquier otro punto de vista, creo que se equivocan”.
Tranquilizará más a la presidenta saber que los únicos golpes de Estado que han triunfado en la historia de España han sido protagonizados por espadones al servicio de esas oligarquías que ella tan bien conoce. Dice Aguirre, en referencia al 15-M, que los políticos han de impedir que “la demagogia de resentidos y minorías organizadas cambien fatalmente el rumbo de la historia”. No es descartable que, con tanto rapé, esta mujer haya perdido ya la cabeza y su temor a la guillotina sea infundado.