Opinión
El caballo
Por Público -
El niño tiene 23 años, estudia segundo año de Derecho y lo van a poner a la cabeza del organismo público que maneja el desarrollo del barrio de negocios de la Défense en París, el más grande y rico de Europa, para que mueva los mil millones de euros anuales que genera el asunto. Se llama Jean Sarkozy, y es el hijo del presidente de la República Francesa. Se trata, claro, de un acto de puro nepotismo por parte de su padre. Y también de desnudo despotismo: hubo que cortar cabezas para que el niño llegara tan pronto tan lejos. Pero bueno, tampoco es nada extraordinario. Calígula, emperador de Roma, nombró cónsul a su caballo. Y no protestó nadie.
Lo asombroso no es que el presidente Sarkozy ayude a su hijo –como podría ayudar a su caballo– a hacer carrera política. Lo asombroso es que en la Francia republicana los sarkozystas den pruebas de un servilismo tan abyecto como el de los cortesanos de la Roma de los césares, y rivalicen entre ellos por ver cuál halaga más a su presidente elogiando a su caballo. Dice el uno que el joven Jean Sarkozy “tiene cualidades excepcionales”. Y el otro que “es hijo de un genio político, así que no es sorprendente que sea precoz”. Y un tercero que “en tiempos del emperador (se refiere a Napoleón) también había generales de 20 años”. Y el de más allá asegura que “a los 23 años, Jean Sarkozy tiene incluso más talento que su padre a esa edad”. Y otro más explica que el nombramiento del joven “no tiene nada que ver con el hecho de que sea el hijo de su padre”. Y otro se queja: “Claro: como resulta que Jean Sarkozy lleva el mismo apellido que el presidente, se le vienen encima”. Y el portavoz del partido sarkozysta, la UMP (Unión para un Movimiento Popular), explica el éxito del muchacho diciendo que “la vida política está llena de gente que ha llegado pronto muy lejos, sin tener muchos diplomas, lo cual es una suerte porque permite la ascensión social”.
Y el papá, por su parte, el presidente, fresco como una lechuga, echa un discurso ante los colegiales franceses dándoles la siguiente lección de ética republicana:
–Lo que cuenta hoy en Francia para tener éxito ya no es el ser bien nacido, sino el trabajar duro y demostrar el valor propio con el estudio y el esfuerzo.
Las mismas cualidades le atribuyó en su momento Calígula a su caballo. No es que este mereciera la más alta magistratura de Roma por el hecho de ser el caballo de su amo. Es que era de su amo porque era el mejor caballo de Roma.