Opinión
Qué cerebros
Por Rafael Reig
Empeñada en defender lo indefendible ante un justamente indignado auditorio latinoamericano, la vicepresidenta ha repetido una y otra vez en el Nuevo Continente que la directiva europea de inmigración no será “nunca” aplicada en España, añadiendo el agravio de tomar encima a sus interlocutores por tontos. Porque, aunque hoy ella diga eso, mañana otro representante igual o superior de su Gobierno, u otro Gobierno de su partido, o de otro, podrá aplicarla sin más. El Gobierno actual se está metiendo así cada vez más en una espiral destructiva parecida a la del PP de Aznar, de no reconocer su error al aprobar la guerra de Irak y, para disminuir sus responsabilidades, empeñarse en que el 11-M no fue una venganza islamista.
JULIÁN GÓMEZ VIDAL MADRID
Es verdad que es alarmante y escandaloso que a toda una vicepresidenta, para defender una ley, no se le ocurra otro argumento mejor que prometer que nunca se aplicará. Es de chiste: propio de los payasos de la tele. ¿Por qué demonios votaron entonces a favor los socialistas en Europa? Pues por pura filantropía, hombre, son así: porque había unos países que no limitaban el tiempo de permanencia, así que es un avance, ¿no?
Supongamos que en algún país está permitido zurrar a la mujer propia todo lo que a uno le dé la gana, todos los días de la semana. ¿Aprobarían los socialistas (y las socialistas) españoles (y españolas) una ley que sólo permita pegar a la señora todos los viernes por la noche? Por supuesto que sí, eso es lo progresista (lo diría, sin sonrojarse, Zapatero). Luego basta con afirmar que esa ley protege los derechos de la mujer, puesto que impide que les den palizas los otros seis días a la semana. ¿Es que no es un súper-avance en derechos? Como diría mi hija: ¿lo pillas, cara de tortilla? Porque si no lo entendemos será porque somos “ignorantes supinos”. Por último, con una desfachatez casi cómica, nos prometen que, de todas formas, han votado a favor de una ley, pero cruzando los dedos: para no aplicarla nunca. O casi nunca. Te lo juro por Snoopy. O al menos de momento. O no demasiado a menudo.
Claro que, por otra parte, si tan progresista es, ¿por qué no aplicarla entonces? La forma de pensar (o lo que sea que hagan con sus acomodaticios cerebros) de estos tíos (y tías) no hay por dónde cogerla. Lo peor, en mi opinión, no es el desprecio notorio de la razón y hasta de la semántica, el maltrato al sentido común, el cinismo y la chulería. Lo peor es lo que en realidad hay detrás de eso: el desprecio sin límite a los ciudadanos. Están convencidos de que somos idiotas, y tan indefensos y crédulos como niños. A veces me pregunto si no les estamos dando la razón. No callemos, para no otorgar (más todavía).