Opinión
Costa de Marfil, más dilemas para la ONU
Por Público -
PERE VILANOVA
Con razón, algunos de nuestros lectores se muestran confundidos acerca del funcionamiento y los criterios con que opera una organización como Naciones Unidas, y sobre todo su Consejo de Seguridad, que tiene el extraordinario privilegio de detentar la llave del uso de la fuerza en el mundo contemporáneo. A veces lo ha hecho, muchas veces no. Sólo aquellos que tienen claro que nunca, bajo ningún concepto ni circunstancia, se debe usar la fuerza militar pueden preferir la opción de que el Consejo de Seguridad nunca la utilice, en ningún lugar y sea cual sea la circunstancia, modificando incluso sus competencias en la propia carta de la Organización. Pero los datos sugieren que gran parte de la opinión pública global (entidad aún emergente, pero ya activa) entiende que como último recurso, bajo reglas claras de legalidad, en ocasiones el uso de la fuerza es necesario.
Viene esta reflexión a cuento en relación a una crisis “desconocida” pero cuya información está a un clic de distancia. Parece que la crisis –de hecho guerra civil– en Costa de Marfil está llegando a su desenlace. La gente debe (o puede) saber que el país ha estado en guerra civil (con altibajos) desde 2002, que desde 2004 ha intervenido la comunidad internacional a través de Naciones Unidas y de Ecowas (Comunidad Económica de los estados de África occidental), y que la misión llamada Unoci (https://www.un.org/spanish/Depts/dpko/unoci/) tiene unas fuerzas militares de 11.000 efectivos, además de 1.300 policías y 192 observadores. ¿Su mandato? Bajo el Capítulo VII de la carta (puede usar la fuerza militar), vean su amplio mandato teórico: Resolución 1528 de 2004 del CS. El problema no es el mandato, sino los medios para aplicarlo, la finalidad política última que se le adjudica, el hecho de que el país estaba realmente partido en dos mitades. De repente, acaba marzo y en pocos días las fuerzas de Ouattara,
que según la ONU ganó claramente las elecciones de 2010, están barriendo a las de Gbagbo, anterior presidente que no suelta su sillón. ¿Cómo se medirá el balance de una misión de la ONU con más de 10.000 efectivos?
Este es el tipo de dilema complejo sobre el que la opinión pública necesita más explicaciones.
Pere Vilanova es Catedrático en Ciencias Políticas