Opinión
El desfile ya no es un coñazo
Por Manolo Saco
Cuando el 12 de Octubre celebrábamos el Día de la Raza, los ejércitos españoles desfilaban su poderío por el Paseo de la Castellana, de Madrid, como garantía de defensa del régimen que había sido impuesto a los españoles por la fuerza de sus armas, y no por la de los votos. La Raza aquella estaba simbolizada por el batallón de legionarios descamisados, pelo en pecho, paso trotón, precedidos por una cabra que extendía así todo su significado a esa parte del ejército que históricamente había sido refugio de ex delincuentes. Toda una alegoría del sentido franquista de la Raza.
Con la democracia, pasó a ser el día de las Fuerzas Armadas, un ejército moderno que perdía así su atractivo machista y de cancerbero de las esencias de la dictadura, que para colmo se adhería a la defensa internacional de la paz y de los Derechos Humanos bajo mandato de la ONU.
El Ejército, en el imaginario de la extrema derecha, ya no era el instrumento de sus intereses. Hasta Mariano Rajoy se aburría, como le reconocía a Javier Arenas el año pasado: “Mañana tengo el coñazo del desfile... en fin, un plan apasionante”.
Algo había que hacer, pues, para que el niño Mariano se distrajese nuevamente jugando con los soldaditos, cansado ya del numerito de la cabra. Así que desde el Partido Popular se convocó a su militancia, para que cogiese sitio preferente frente a la tribuna de invitados, con la intención de recibir al presidente del gobierno, como todos los años, al grito de “Zapatero, dimisión”.
Hemos pasado, pues, de celebrar el Día de la Raza a recuperar la fiesta del Día de la Extrema Derecha (DEX), donde la cabra, aunque parezca imposible, parece un animal mucho más cuerdo y elegante que aquella pandilla de abucheadores vociferantes, banderita en mano, de la tribu de los oseas. O sea.
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Meditación para hoy:
¿Quién, de verdad, nos lleva a la ruina?
La CEOE, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, nació en 1977, en plena Transición a la democracia, como contrapeso al poder de los sindicatos obreros. Bueno, como bien es sabido, los sindicatos nacieron para defender egoístamente los intereses de los trabajadores, mientras que el sindicato de los empresarios sólo busca la prosperidad de España (¡PAÑA!), siguiendo la máxima de que el egoísmo particular del capital acaba siendo el beneficio de la colectividad.
La CEOE actual la preside un empresario llamado Gerardo Díaz Ferrán, admirador de la presidenta de la Comunidad de Madrid (“es que es cojonuda”, como dijo ante un micrófono que él creía cerrado) y de su ideario privatizador de la cosa pública.
Pero la compañía aérea que dirige este sujeto, Air Comet, no paga a sus empleados desde hace meses y debe a la Seguridad Social 16 millones, tres de los cuales proceden de la cuota obrera. Para el que no lo sepa, la cuota obrera de la Seguridad Social es la cantidad que el empresario retiene a los trabajadores en las nóminas, y no pagarla es un delito penado con hasta 3.000 euros. Es un puro choriceo, vamos. Pero sabido es que Díaz Ferrán se ha erigido en uno de los promotores del cambio en el sistema laboral.
Y ahora viene la meditación propiamente dicha y redicha: ¿En qué nuevo sistema de relaciones laborales estará pensando este pájaro de la especie gaviota reidora (larus ridibundus)? ¿Quizá en que trabajemos gratis y sin Seguridad Social?
¿Ahora entendéis por qué se ríen las gaviotas?