Opinión
Qué está diciendo Estados Unidos
Por Eugenio García Gascón
Eitan Haber es un veterano periodista del Yediot Ajronot que durante muchos años fue amigo y estrecho colaborador de Yitzhak Rabin, y en 1995 fue el encargado de leer el comunicado oficial en el que se informaba de su asesinato.
Ayer Haber publicó una columna en la que destacaba que Estados Unidos está diciendo "no" a un ataque de Israel a Irán. Pero ¿es realmente cierto que Washington está diciendo "no"?
Es verdad que algunos altos cargos de la administración americana han indicado en las últimas semanas que no están a gusto con la belicosa actitud de Israel, pero también es verdad que esos mismos funcionarios, incluido el presidente Obama, han ordenado este verano la transferencia a Israel de material militar muy sofisticado que puede servir para atacar a Iran.
Conforme se acercan las elecciones americanas de noviembre aumentan las posibilidades de un ataque israelí. El primer ministro Netanyahu y los funcionarios israelíes más próximos a Netanyahu no paran de lanzar amenazas, una tras otra, contra Irán, pero también, de una manera más o menos velada, contra la administración Obama.
El miércoles el número uno del Ejército americano, el general Martin Dempsey, manifestó que Israel no tiene capacidad para detener el programa nuclear iraní, y que un ataque unilateral solo podría postergarlo durante algún tiempo. Estados Unidos conoce bastante bien al Ejército israelí puesto que es quien le suministra el armamento, de manera que Dempsey no estaba echándose un farol.
Inmediatamente, el embajador de Israel en Washington le respondió diciendo que "incluso un retraso de un año (en el programa iraní) será significativo".
El embajador Michael Oren es uno de los colaboradores más próximos a Netanyahu de modo que sus palabras pueden interpretarse como salidas de la boca del primer ministro israelí.
La cuestión es que Israel pretende arrastrar a Estados Unidos a la guerra y Estados Unidos mantiene una posición ambigua que se puede interpretar de las dos maneras. Sería esclarecedor que Washington dijera a qué carta juega, aunque tal como se desarrollan los acontecimientos parece que prefiere seguir jugando la carta de la ambigüedad.