Opinión
Diez millones de empleos
Por Juan Carlos Escudier
En vez de la famosa Formación del Espíritu Nacional, que era la asignatura con la que varias generaciones aprendieron que España era una, grande y libre, el PP quiere que los colegios impartan como materia el Fomento del Espíritu Empresarial, con el que bien podría conseguirse que ya antes de la primera comunión algunos niños constituyan sociedades anónimas para alquilar el traje de marinero a sus compañeros y aprendan con pantalón corto la mecánica de las subvenciones. Está bien que los populares pretendan formar empresarios desde la infancia, porque a esas edades muchos chavales sólo aspiran a ser policías o bomberos, es decir, funcionarios.
Tras las bambalinas de esta iniciativa ha de estar forzosamente el portavoz de los populares Esteban González Pons, que ya cuenta con que una legión de un millón de emprendedores alentada por el Gobierno del PP creará empleo a mansalva, en concreto 3,5 millones de puestos de trabajo en cuatro años. Ante el aluvión de críticas de los socialistas y la inquietud que ha generado la cifra en su propio partido -conocida la costumbre de la casa de no mojarse ni en el diluvio universal-, el valenciano ha tenido que rebajar la promesa a simple aspiración personal e intransferible.
En efecto, Pons merece una severa reprimenda. ¿Quién le ha dicho a este hombre que bajo los auspicios de Rajoy un emprendedor sólo generará tres o cuatro empleos de media, cuando lo probable es que no se descalce por menos de diez trabajadores fijos en plantilla? Recalculando el dato, del millón de nuevos empresarios obtendríamos diez millones de puestos de trabajo en la próxima legislatura, lo que nos obligaría a devolverle la pelota a Merkel con anuncios en los clasificados del Frankfurter Allgemeine pidiendo ingenieros alemanes que hablen español y les guste la tortilla.
Sabe mal que el PP sea tan prudente a la hora de dibujar el panorama que nos espera si asume las riendas del país e, incluso, disimule advirtiendo que nos esperan tiempos difíciles. Una cosa es que Rajoy no quiera darse importancia y otra distinta que prolongue nuestra zozobra innecesariamente.