Opinión
Los dos grandes desafíos de Soriano en Spanair
Por Vicente Clavero
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Spanair está siendo objeto de una poda concienzuda, que empezó cuando aún se hallaba en manos del consorcio escandivano SAS y continúa ahora que la compañía pertenece a un grupo de empresarios catalanes. Aquejada del mismo mal que el conjunto del sector (un brutal descenso de la demanda, consecuencia de la crisis económica mundial), Spanair necesita perder peso cuanto antes para que la nueva situación no se la lleve por delante. De ahí que en los últimos meses haya reducido drásticamente su capacidad de transporte, prescindiendo de 18 de sus 63 aviones y de buena parte del personal adscrito a ellos. También ha desmantelado la histórica base de Palma de Mallorca para concentrar sus dependencias centrales en Barcelona. Así y todo, no es seguro que Spanair pueda abandonar en 2009 los números rojos (el año anterior perdió 187 millones de euros), como tiene prometido su presidente, FERRÁN SORIANO.
Este anda enfrascado en el diseño de un severo plan de negocio, del que en octubre probablemente se conozcan nuevos datos y que sin duda incluirá otra vuelta de tuerca a los gastos. Su gran desafío es racionalizar las cuentas de Spanair sin que el servicio se resienta tanto como para que a los ojos del público parezca en el futuro una aerolínea de bajo coste. Soriano ha recibido igualmente el encargo de contribuir a que El Prat se convierta en un gran centro de distribución de vuelos, cosa que puede chocar –al menos de momento– con el imprescindible redimensionamiento de la compañía. Darle bríos al aeropuerto de Barcelona fue el banderín de enganche que las administraciones públicas catalanas enarbolaron en su día para atraer inversores locales dispuestos a poner dinero y rescatar Spanair.
En semejante empeño, sin embargo, no va a estar sola: tras su fusión con Clickair, la nueva Vueling, capitaneada por JOSEP PIQUÉ, también aspira a poner su granito de arena en la reactivación El Prat. Eso, por un lado, alivia en cierta medida la carga de responsabilidad de Spanair; pero constituye, al mismo tiempo, un factor añadido de competencia. Excepción hecha del Puente Aéreo, Iberia prácticamente se ha retirado ya de Barcelona para replegarse a Barajas, donde tiene el reto de rentabilizar la T-4.