Opinión
Habitat se juega su supervivencia
Por Vicente Clavero
Bien que con dificultades, BRUNO FIGUERAS ha ido quemando, una a una, todas las etapas que conducen a su meta: el acuerdo con la banca para la refinanciación de la deuda de Habitat, que asciende a 1.745 millones. Si no hay cambio de planes, hoy debería quedar zanjado el futuro de la compañía, ya sea porque todos los acreedores se avienen a prestarle el balón de oxígeno que tanto necesita o porque salta definitivamente por los aires.
A finales de la semana pasada, la mayoría de los 38 componentes del sindicato que concedió el préstamo destinado a la compra de Ferrovial Inmobiliaria dieron su visto bueno a un aplazamiento de los pagos que evitaría la asfixia económica de Habitat. Según lo convenido, ésta no necesitaría amortizar ni un euro del principal hasta el año 2010, aunque los intereses devengados tendría que seguir atendiéndolos puntualmente.
Sin embargo, un puñado de bancos del pool se han venido negando desde entonces a sumarse al pacto, so pretexto de que el plan de viabilidad presentado por Figueras no acaba de convencerles, ni tampoco la ausencia de mecanismos de control de la gestión, y por no sentar un precedente al que podrían agarrarse luego otros clientes suyos en apuros.
La parte de la deuda contraída con esas entidades representa sólo el 7% del total, pero su adhesión es fundamental y, en consecuencia, si se cierran en banda, no habrá nada que hacer. Para vencer su resistencia, Figueras les ha recordado que con su actitud “intransigente” ponen en peligro “el futuro de la sexta inmobiliaria del país y la primera con sede en Barcelona”. A lo largo del día, se verá si estas y otras presiones de las que están siendo objeto surten efecto.
Para Figueras, que junto con JOSEP SUÑOL controla el 55% de la empresa, declarar la suspensión de pagos sería un revés muy duro; no sólo por razones estrictamente económicas y societarias, sino también por los lazos sentimentales que lo unen a Habitat, en cuya fundación participó su familia.
Para los bancos tampoco sería bueno llegar a esos extremos, porque perderían dinero (sólo La Caixa y el Banco Popular tienen contraído un riesgo de 150 millones cada uno) y porque, a buen seguro, ninguno de ellos querrá llevar encima el estigma de haber dejado en la estacada a una empresa que puede arrastrar a otras en su caída.
El acuerdo pendiente de ratificación incluye un notable esfuerzo de algunos propietarios. Serán los DEL PINO, titulares de un 20% del capital, quienes corran con la mayor parte, pues fueron ellos los principales beneficiarios de la operación que dio origen a los actuales problemas de Habitat. Su aportación consistirá en la compra de activos por valor de 100 millones y la conversión en crédito participativo de otro subordinado por importe de otros 250. Ni un euro menos ni un euro más.
Los accionistas minoritarios (DOLORES ORTEGA, LEOPOLDO RODÉS, EMILIO CUATRECASAS, ISAK ANDIC y JOSÉ ANTONIO CASTRO), que Figueras captó prácticamente a golpe de teléfono antes de llevar a efecto la adquisición de Ferrovial Inmobiliaria, ya habían advertido de que no estaban dispuestos a rascarse de nuevo el bolsillo. Disconformes con la gestión de su dinero, en los momentos más tensos del proceso llegaron a reclamar que Habitat les devolviera los 170 millones que pusieron.
Después de la escandalera que montaron con motivo de la última junta general, ese grupo mantiene desde hace algunas semanas un sensato silencio. A fin de cuentas, es lo que más les conviene, pues los acreedores exigieron, como paso previo a la imprescindible refinanciación de la deuda, que dentro de Habitat reinara la paz accionarial. Está por ver su reacción en el caso de que, a pesar de los pesares, finalmente no sea posible el esperado acuerdo.