Opinión
Llega Mas y sin notario
Por Juan Carlos Escudier
No está claro si las elecciones en Cataluña marcarán a una generación como dice Montilla, pero es seguro que, tras el 28 de noviembre, serán algunos de sus políticos quienes queden marcados, empezando por el propio president. A tenor de las encuestas, Montilla se nos despide para ser un cuadro al óleo en la galería del Palau de la Generalitat, mientras el sillón espera ya a Artur Mas, que si en éstas no consigue el derecho a ser retratado habrá de conformarse con una foto en el Guinness como el único dirigente capaz de ganar tres elecciones consecutivas sin poder gobernar. Mas asegura haber aprendido modestia y, aun siendo verdad que esta virtud le ha perseguido mucho tiempo, lo cierto es que el de CiU siempre corrió más.
Queda poco para comprobar si el electorado se ha cansado realmente del Tripartito, consumido en una pelea identitaria que ha difuminado cualquier política de izquierdas, aunque basta escuchar a sus integrantes para comprobar que son ellos los que han acabado de la fórmula hasta la coronilla. Esquerra tuvo la oportunidad de arrebatar a CiU la hegemonía nacionalista y ahora coquetea con el suicidio. En esas mismas aguas ha naufragado el PSC, ignorando conscientemente que el 70% de sus votos proceden del PSOE, y por eso vuelve Corbacho a taponar la hemorragia con una tirita. Sólo Iniciativa parece haber mantenido el tipo desde su modesta atalaya rojiverde.
A Mas le han dejado la cosas como a Felipe II, ese españolazo al que no se le ponía el sol. Tiene todos los caminos abiertos, incluido el de la geometría variable en el que se doctoró Zapatero. Podrá bailar con todos, a condición de que no le pisen el callo. Cualquiera de las parejas que elija estará contenta, desde el PSC, que una cosa es dejar el Gobierno y otra perder media Administración, hasta ERC, porque si uno no puede con el enemigo lo mejor es unirse a él, pasando por el PP, dispuesto a portarse bien y no pedir nada, a cambio de una inversión de futuro que se cobraría Rajoy en 2012.
No parece que la apuesta de CiU sea la de la resistencia nacional catalana, en cuyo caso Esquerra tendría su oportunidad, ni la del Gobierno de amplio espectro de una sociovergencia. Mas habla ya de “urgencia económica”, lo que inclina la balanza hacia el PP. El notario puede irse despidiendo de la minuta.