Opinión
Marta y el grillo suicida
Por Ciencias
-Actualizado a
Ventana de otros ojos// Miguel Delibes de Castro
* Profesor de investigación del CSIC
Hace tres o cuatro años abandonábamos juntos la selva amazónica tras un periodo de trabajo de campo. Era en el aeropuerto de Santarem, junto al río Tapajós. Estábamos cansados, llenos de ronchas y picores, y contentos. Aguardando la hora de volar, los integrantes del grupo gastábamos bromas, mirábamos pájaros en los alrededores, comprábamos pendientes y collares de semillas, hacíamos fotos. Marta, mientras tanto, ajena al entorno, leía concentrada un artículo científico. Nos asombró, pues ninguno (ella tampoco) habíamos hecho nada parecido en tres semanas. Alguien se sintió almodovariano y bromeó: “Nena, tú vales mucho; llegarás lejos”. Nos reímos a coro y ella, enfurruñada, dijo que éramos tontos.
Unas pocas semanas atrás, un estudio de Marta ha aparecido reseñado en Nature. Lo llevó a cabo con un contrato postdoctoral en Montpellier, y tiene que ver con el comportamiento de un grillo (de nombre Nemobius sylvestris) cuando lo parasita un gusano del grupo de los Nematomorpha, también llamados “gordiáceos”. La historia tiende a espeluznante. La larva del gusano se desarrolla dentro del grillo, pero los gusanos adultos se aparean y ponen sus huevos exclusivamente en el agua. Eso quiere decir que para que la larva, una vez crecida, pueda reproducirse, el grillo debe acercarse al líquido elemento. ¿Cómo conseguirlo? El gordiáceo no se ha andado con chiquitas. Literalmente se apodera de la voluntad del grillo y lo fuerza a acercarse al agua y saltar adentro, suicidándose. Pero comprobado eso, Marta pensó otra cosa. Los gusanos se aparean en verano y los grillos viven en el monte mediterráneo, que en julio suele estar más bien seco. ¿Cómo se las arregla el gusano para que su víctima encuentre agua en el momento adecuado? Lo que ella y su grupo han descubierto es que el suicidio por ahogamiento no es una decisión repentina del grillo, sino el fruto de una manipulación larga y cuidadosamente planeada. El animal poseído, antes de que su larva tenga la edad y el tamaño adecuados para vivir en el agua, se vuelve loco, por así decirlo, y abandona su hábitat natural, el monte, comenzando una vida errante por lugares marginales, donde tropezar con agua parece más probable. El gusano, pues, aguanta viviendo a costa del grillo tanto como puede, y además lo predispone para encontrar un lugar adecuado para suicidarse en el momento oportuno (para el propio gusano, bien entendido).
Me pregunto si Marta, que vale tanto, no habría sido en la época una buena exorcista, dotada para descubrir que los humanos poseídos, capaces de cualquier locura, no lo eran por el diablo, sino por humildes gusanos. No somos nadie.