Opinión
¿Qué hacía allí Moratinos, con zeta de Zangolotinos?
Por Manolo Saco
Ayer, en Roma, fueron beatificados 498 españoles del bando nacional, declarados mártires de su fe. En el lote no entraban los mártires de la fe del bando republicano, al parecer, según declararon miembros de la Conferencia Episcopal Española, porque nadie solicitó un proceso de beatificación para ellos.
Dios debe de estar estupefacto, como lo estamos todos estos días tras comprobar que el racista que maltrató de palabra y obra a una joven inmigrante en Barcelona está en la calle, paseando su cara de chulo por las televisiones, y cobrando, al parecer, de ellas... porque ningún fiscal había solicitado su encarcelamiento. Los trámites son muy importantes, así en la Tierra como en el Cielo.
Para ir a ese Cielo hay que tener fe. Si tienes fe, no hay problema. La fe es una licencia, un salvoconducto para creer en cosas tan absurdas que si no fuera por ella no conseguirías pasar el más somero análisis psiquiátrico. Por eso la fe es salvación, es decir, nos salva de tener que dar explicaciones imposibles, salva a millones de personas de parecer tontos ante sus semejantes. Esa es la grandeza de la fe.
Yo no tengo fe, por eso soy pequeño. Y como no tengo fe no puedo creerme la versión oficial de que la beatificación, en Roma, -con todo el aparato de festejos del Vaticano volcado en el evento-, de 498 religiosos asesinados por los republicanos no tiene connotaciones exclusivamente políticas. Si dios existiera, no se lo creería ni dios.
Y entre las muchas cosas que tampoco entiende ni dios es qué pintaba en esa beatificación del franquismo, en esa forma artera de mal uso de la Memoria Histórica, un representante del gobierno español, cuando al parecer el asunto nada tenía que ver con la política y las cosas de este mundo.
La Iglesia se ríe de la justicia histórica con la certificación de que sólo un bando era el de los buenos, con la beatificación, incluso, de un cura torturador. Y el gobierno, en pago, envía a Roma a un representante para recoger tamaño insulto en nombre de todos nosotros. Así, con dos cojones y con zeta de Zangolotinos.