Opinión
Está mu güeno, bonme un boco más, bor bavor
Por Manolo Saco
Los excesos verbales son la sal y pimienta de la política. Pero, al igual que sucede con la sal y la pimienta en la cocina, son también el aderezo político fácil cuando no se sabe cómo condimentar un plato para que se vuelva sabroso. Si vas al comedor de Solbes, todo te sabe soso: “Los ingresos se han comportado algo peor de lo que estaba presupuestado, lo que ha provocado un incremento del déficit mayor de lo previsto. Esto genera una probabilidad mayor de que el déficit total a fin de año no corresponda con el superávit previsto”. Y así no hay dios que haga una buena digestión.
En cambio, si eres generoso con la sal y la pimienta, no lograrás jamás una estrella Michelin, pero pondrás la tensión de los comensales por las mismísimas nubes. Basta con que digas que el País Vasco vivió años de extrema placidez bajo el franquismo (Mayor Oreja) o que Franco era bastante socialista (Esperanza Aguirre) para que el paladar político se despierte y todo el mundo diga, con la boca llena: ¡Está mu güeno, bonme un boco más, bor bavor!
Estos últimos días fueron prolijos en excesos verbales de toda índole. Desde los tontos de los cojones a los bellacos y miserables, pasando por la panda de tontos de remate que odiamos la fiesta de los toros. Parecía un concurso de nueva cocina, de esos en los que priman las recetas estrafalarias. Pero uno de esos excesos ha sobresalido por sobre todos ellos, el del parlamentario de ERC Joan Tardà: “¡Viva la República, muerte al Borbón!” Que es como si se te hubiese volcado todo el tarro de la sal sobre la paella. Yo inmediatamente me atraganté.
Dejando a un lado el pequeño detalle de que Joan Tardà nunca jamás ni por asomo quiso decir lo que dijo (generalmente en política nunca sabes lo que has dicho hasta que te cuentan lo que has dicho), lo cierto es que me ha sumido en un dilema. Yo que soy republicano -porque niego que un país lo pueda heredar nadie- y que me opongo a la pena de muerte, ¿a dónde voy a comer de ahora en adelante? ERC, intentando arreglarlo (el exceso de sal no tiene arreglo, hay que tirar la paella a la basura) ha explicado que lo de ¡muerte al Borbón! era un grito muy común contra el primer Borbón, Felipe V, en la guerra de Sucesión.
Pues peor me lo ponen. ¿Quién era el otro pretendiente a la “sucesión? ¿La República? Pues no, era un austríaco tan tonto de los cojones que seguramente odiaba la costumbre bárbara de los toros. ¿Pero es que acaso los de ERC reclaman a estas alturas el trono para los herederos del Archiduque Carlos de Austria?
¿No habrá, digo yo, un camino más lógico para llegar a la República, y que lo vean mis nietos?