Opinión
El optimismo es un arma cargada de futuro
Por Antonio Avendaño
Los socialistas andaluces intentan convencerse a sí mismos de que la gran batalla de la primavera no está perdida. O tal vez no es que lo intenten, sino que en efecto están sinceramente convencidos de ello. El presidente Griñán y su gente más cercana del Gobierno y del partido se muestran optimistas. Otra cosa es que se trate de un optimismo simulado, pero es que incluso siendo simulado el optimismo es mejor que su contrario, sobre todo en política y con unas elecciones a la vuelta de la esquina. Los políticos sólo tienen derecho al pesimismo una vez que han perdido las elecciones, nunca antes. Y además tienen derecho por muy poquito tiempo. Se les supone el optimismo como se les supone el valor a los soldados. Es difícil evaluar con precisión si esa confianza de los socialistas en que todo saldrá bien en marzo es mala o es buena: si favorece que acaben durmiéndose sobre el mullido colchón de sus propias certezas, convencidos de que los enemigos nunca vencerán; o si esa confianza sirve más bien para insuflar a sus desmoralizados ejércitos un poco de seguridad tras los dos tsunamis electorales padecidos en 2011.
La remontada no es imposible, pero las apuestas están a favor de la derecha en una proporción como nunca se había visto en Andalucía. Así lo certificaba hace un par de semanas la encuesta del IESA, donde lo relevante no era tanto los diez puntos que daba de ventaja al PP sobre el PSOE como la atmósfera política que dibujaba. Hasta el 20-N el PSOE podía hacerse la ilusión de que las encuestas se equivocaban, pero desde entonces ya no puede engañarse a sí mismo con tales cuentos. Va perdiendo por muchos puntos y esa distancia parece tenerlo como paralizado: no a Griñán y su núcleo duro, pero sí al grueso del partido. Esa parálisis y falta de confianza es lo que el presidente y los suyos tienen que combatir a toda costa. Eso y el derrotismo de los que se saben fuera de juego y piensan que nada tienen que perder si el PSOE cede el poder en 2012.
La mayor esperanza de los socialistas andaluces no reside tanto en sus aciertos de aquí a marzo como en los errores que pueda cometer Rajoy y que desgasten a Javier Arenas. Es cierto que apenas necesitarían remontar dos o tres puntos para que una alianza con IU impidiera a Arenas ser presidente. Pero es cierto también que desde hace más de un año no han conseguido mejoría alguna. Y es que si pierden en marzo el daño no sería sólo para el PSOE andaluz, sino para el partido en todo el país. No es que a Griñán le convenga ser optimista: es que no puede permitirse no serlo.