Opinión
Las petroleras andan revueltas
Por Vicente Clavero
-Actualizado a
Desde que Sacyr colocó el cartel de se vende a su participación en Repsol hace un par de semanas, los dimes y diretes han menudeado sobre las grandes petroleras españolas. LUIS DEL RIVERO hizo aquel movimiento acuciado por el peso de la cuantiosa deuda que soporta (alrededor de 20.000 millones de euros). Pero los efectos que pueden derivarse de él van más allá del saneamiento de las cuentas del grupo constructor.
Cuando ACS decidió desprenderse del paquete de control de Unión Fenosa en el mes de julio, el sector eléctrico español recuperó parte del sosiego perdido desde que asomó la cabeza por allí FLORENTINO PÉREZ. Las tensiones generadas por su aparición en escena culminaron con el asalto fallido a Iberdrola, que quedó en agua de borrajas por la irreductible defensa de su territorio que acaudilló IGNACIO SÁNCHEZ GALÁN.
Si el desistimiento de ACS permitió que el sector eléctrico respirara con alivio, el anunciado mutis de Sacyr ha provocado convulsiones de imprevisible desenlace. El mundo de las petroleras es muy cerrado y, en consecuencia, cualquier pieza que se descoloca puede hacer que se tambaleen las demás.
En el mapa español, Repsol desempeña un papel preponderante, con más de 3.600 estaciones de servicio y cinco refinerías, si se cuenta la que tiene en el País Vasco su filial Petronor. Gracias a ello, proporciona pingües beneficios, que el año pasado superaron los 3.000 millones de euros. Por lo tanto, el 20% de la compañía en manos de Repsol es un bocado muy apetitoso.
Una de los interesadas en hacerse con esa participación es la francesa Total, cuya presencia directa en España carece de relevancia (media docena de gasolineras), pero que comparte con el Santander, Unión Fenosa y un fondo soberano de Abu Dhabi (IPIC) la propiedad de Cepsa, el segundo operador petrolero del país.
Su gran problema estriba en que difícilmente podría el Gobierno dar su plácet a que Total retuviera las dos inversiones, porque quedarían bajo su órbita nada menos que dos terceras partes de la red y toda la capacidad nacional de producción. Siendo además el petrolero un sector altamente sensible, esa concentración no sólo resulta inadmisible desde el punto de vista de la competencia, sino también para los intereses estratégicos de España.
Recomposición accionarial
Las fluidas relaciones entre los gobiernos de SARKOzY y ZAPATERO ayudarían a lubricar, llegado el caso, la entrada de Total en Repsol. Sin embargo, lo que difícilmente podrían evitar es que el gigante francés tuviera que salirse de Cepsa. Eso daría pie a una recomposición del accionariado de esta compañía, últimamente muy inestable por el deseo del Santander y de Unión Fenosa de vender su parte. De hecho, ambos han mantenido contactos con IPIC para intentar colocársela.
Posibilidades de opa
El 20% de Sacyr no da el acceso a la gestión de Repsol, que está en manos de La Caixa, de donde procede su presidente, ANTONI BRUFAU. En consecuencia, salvo que el paquete controlado por Luis del Rivero se trocee, quien lo compre tendría que lanzar una opa si aspira a tener alguna posibilidad de ponerse a los mandos de la petrolera. Eso encarecería notablemente la operación, ya que el valor bursátil de Repsol ronda actualmente los 26.000 millones de euros.
Otras opciones
Ante semejante perspectiva, la cotización de Repsol registró un alza significativa al conocerse las intenciones de Total de entrar en la puja por el 20% de Sacyr. Pero los franceses no son los únicos que miran con codicia esa participación. En el tablero sobre el que disputan sus propias batallas las grandes multinacionales petroquímicas, la propiedad de Repsol tiene su importancia. Así que otras opciones, como las de Shell, BP, Exxon o Gazprom, no conviene descartarlas.