Opinión
Pueden prometer y prometen
Por Juan Carlos Escudier
En este 2010 se han roto muchas tradiciones, empezando por la de irnos a casa en los cuartos de final del Mundial de fútbol. Una de ellas, muy arraigada entre los Gobiernos por estas fechas, consistía en determinar el grado de cumplimiento del programa electoral y presentar públicamente las conclusiones. Se daban así argumentos al votante para que en las charlas de bar con el vecino saliera victorioso y, ya de paso, se desmentía aquella máxima de Tierno Galván de que las promesas estaban hechas para que cada cual se las pasara por el forro.
No había necesidad, pero algunos talibanes de la política difundieron la idea de que los programas de los partidos no debían ser sólo promesas sino auténticos contratos con los ciudadanos, ya que parecía que darle al asunto un tono más solemne y jurídico obligaba lo mismo, es decir, nada, y lo hacía más creíble. A consecuencia de ello, se trataron de evitar los compromisos cuantificables, como el de González y sus 800.000 puestos de trabajo, porque luego se hacían chistes en la siguiente década y media, y se optó por redacciones en las que primaban la indefinición y los infinitivos. El estilo venía a ser éste: incentivar el empleo, mejorar las pensiones o potenciar la sanidad.
Fuera por exceso de confianza o por el optimismo antropológico del líder, el PSOE en 2008 olvidó las vaguedades y recuperó las promesas: “Reduciremos la tasa de desempleo hasta el entorno del 7% (…) Incrementaremos el SMI hasta situarlo en 800 euros en 2012 (…) Elevaremos las pensiones mínimas hasta alcanzar los 850 euros al mes para las pensiones de jubilación con cónyuge a cargo y 700 euros para las personas que vivan solas (…) Volveremos a doblar, como hemos hecho en esta legislatura, la inversión en I+D+i civil (….) Aumentaremos nuestra solidaridad con los países menos desarrollados hasta alcanzar el 0,7% del PIB (…)”.
Dirán y con razón que la crisis ha causado estragos, y que tal y como están las cosas sería insensato que los socialistas asumieran como deuda lo que prometieron hace tres años. Nada que objetar. Lo sorprendente no es que el Gobierno haya olvidado por completo los compromisos con los que se presentó a las pasadas elecciones; lo realmente asombroso es que esté cumpliendo hasta las comas de otro programa: el de Angela Merkel.