Opinión
Los ricos y la púrpura cardenalicia
Por Manolo Saco
Lleva tantos años alejada de la realidad, o mejor dicho, acomodando la realidad a sus intereses, que la Iglesia se ha dado cuenta ahora de que la acumulación de riqueza (bueno, de “excesiva riqueza”, tampoco hay que pasarse) es un pecado que ofende a su dios.
Lo ha descubierto de pronto el Penitenciario Mayor del Vaticano, curiosamente el encargado supremo de la administración de indulgencias, cuyo tráfico de compraventa enriqueció a la corte vaticana durante siglos, cuyas escandalosas y pecaminosas prácticas de chalaneo provocaron nada menos que la Reforma luterana. Parece como si la Puta de Babilonia, enriquecida durante siglos con la práctica de la venta de parcelas del Cielo a cambio de los bonos basura de las indulgencias, acabara de descubrir ahora las advertencias del Evangelio.
La organización más rica de la Tierra gracias a su connivencia con los poderosos, que acrecentó su tesoro con las fortunas de sus ricos y acongojados fieles en el lecho de muerte a cambio de la promesa de una batería de misas para su salvación eterna, la que guarda en sus museos, palacios, castillos, catedrales y monasterios la mayor concentración de obras de arte y piezas de oro y plata engarzadas de piedras preciosas, la que expolió los bienes de la población torturada en los autos de fe de la Santa Inquisición, esa Iglesia descubre ahora que quizá el Cristo de que hablan tenía razón cuando anunciaba la imposibilidad absoluta de que un rico entre en el reino de los cielos.
Supongo que previamente el Penitenciario habría leído las declaraciones del príncipe primado de la Iglesia española (se hacen llamar príncipes, por si a alguien le queda alguna duda sobre su testimonio vital), el cardenal Cañizares, al periódico Corriere della Sera, haciendo valer la preeminencia de las leyes de su comunidad de vecinos espirituales sobre las leyes aprobadas para todos los ciudadanos en el Parlamento español. El mismo al que hace poco veíamos en una ceremonia religiosa vestido con una capa pluvial de seda púrpura de siete metros de largo, como la parodia de una novia rica.
Me enteré por el telediario. Tras la noticia de que el Penitenciario Mayor denunciaba la “injusticia social insostenible” de la desigualdad, daban paso a continuación a la imagen de los últimos cadáveres de infieles llegados en cayuco a nuestras playas.
Y entre ellos estaban los voluntarios de Cruz Roja, vestidos también de púrpura, con la cruz de la dignidad a sus espaldas, llevando consuelo a los supervivientes.
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Primera meditación para hoy:
He visto a Mariano Rajoy anunciando que no se va, que se presenta a su reelección (¿pero quién elige a quién en ese partido?) para la presidencia del PP en el próximo Congreso.
Jamás el lenguaje corporal estuvo tan divorciado del verbal. Era el gesto de la derrota en carne viva, con la mirada huidiza y un tono de voz casi lloroso, como si las palabras pesaran al caer. Donde Mariano decía con la palabra que se quedaba, su cuerpo iba por libre anunciando que sólo se quedaba como un último sacrificio por su partido, como una pieza de la transición inevitable, para impedir que se produzca un vacío de poder hasta el próximo Congreso, para evitar, quizá, con su interinidad el espectáculo poco edificante de los barones de su partido disputándose a cara de perro los restos del naufragio electoral.
Sus compañeros le aplaudieron al término de su intervención, con muy poco entusiasmo y una calidad infame en el sonido del palmeo, todo hay que decirlo. Y más que aplausos, lo juro, parecían palmaditas de conmiseración en la espalda, como diciendo: “Mariano, no llores, hombre, ella no te merecía”.
Ella era ¡PAÑA!, y la muy infiel se había largado con el chulo de Zapatero. Hay que joderse.
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Segunda meditación para hoy:
En mi Ourense natal hay un personaje al que le cuadra como un guante el traje del cacique tradicional. Es el presidente del PP de la provincia, José Luis Baltar, un político a la antigua usanza, capaz de tejer un entramado político fabuloso de familiares y amigos en las instituciones que contamina. Para los que no sepáis de él os diré que parece un trasunto del bufón Martínez Pujalte, capaz de pasear por la calle con un trombón acompañado de su hijo, cantando “si no eres del PP, jodeté, jodeté”, como hizo en las anteriores elecciones para bochorno de sus conciudadanos. Por supuesto, odia la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
Este personajillo histriónico acaba de insinuar, al mejor estilo de la emisora de los obispos, que es muy sospechoso esto de que los atentados antes de las elecciones acaben beneficiando al PSOE: “Ahora por norma tres días antes de los comicios hay un atentado” (…), y continúa: “A buenos entendedores, pocas palabras bastan”.
Y es verdad, sólo hay que oírle durante un par de minutos para conocer en toda su extensión la catadura moral del personaje.