Opinión
Tahrir
Por Eugenio García Gascón
Supongo que el nombre de la plaza de la Liberación de El Cairo tiene su origen en la liberación del colonialismo británico de hace seis décadas. El domingo fue el primer día que pude visitar la plaza. El ambiente que se respiraba era increíble. La gente derramaba felicidad por todas partes. Miles de personas paseaban mientras otros pintaban los bordillos, barrían las aceras o plantaban árboles.
La situación me ha recordado mucho la de la transición española, con toda la ilusión que se vivió en aquellos años, una ilusión que ha desaparecido, al menos en gran parte, al día de hoy. Aquí en Egipto la gente derrama sonrisas por doquier. La ilusión está empezando y probablemente todavía durará algún tiempo. Luego llegará la realidad de que los problemas de Egipto son estructurales y quizás no se puedan resolver tan pronto como la gente quiere y desea.
Existen varias diferencias sustanciales entre los dos casos. En España el dictador murió en la cama de un hospital, de viejo, y aquí lo han echado en vida. Pero la diferencia más destacada es, en mi opinión, la influencia de la religión. Ayer por la tarde estaba escuchando la radio y observé que la mayoría de las emisoras que sintonicé tenían programas religiosos.
En España la religión no jugó un papel importante durante la transición. El peligro que existe en Egipto es que
la gente, con el tiempo, pierda la ilusión y se vuelva hacia la religión. Mucha gente, dentro de tres, cuatro o cinco años, podría buscar la solución en el islam, siguiendo el conocido eslogan islamista: "Al-islam huwa al-hal", o "El islam es la solución". Si esto ocurre se creará una situación complicada en Egipto y en toda la región.