Opinión
El tiro por la culata de Caja Madrid
Por Vicente Clavero
Hace 14 meses largos que ESPERANZA AGUIRRE tiene en jaque a Caja Madrid y da la impresión de que ahora se conforma con hacer tablas. Va a darse el gusto de poner de patitas en la calle a MIGUEL BLESA, que con frecuencia no ha sido permeable a las indicaciones de la Comunidad. Pero su lugar, en vez de IGNACIO GONZÁLEZ, como ella pretendía, lo ocupará RODRIGO RATO, un hombre que difícilmente se plegará a los designios de la presidenta.
Aunque desde que salió del Gobierno hace cinco años haya permanecido en segundo plano, Rato siempre ha tenido una proyección política propia. Y es muy dudoso que ahora, con el liderazgo de MARIANO RAJOY de nuevo en la cuerda floja, esté dispuesto a conformarse con un simple papel de comparsa. Sobre todo después de que, a resultas de la batalla de Caja Madrid, la vieja complicidad entre Rato y Aguirre se haya resquebrajado.
Esta aspiraba a controlar la cuarta entidad financiera de España y a ponerla al servicio de su proyecto, que no es otro que convertirse en el próximo cartel electoral de la derecha. Pero todo apunta a que, a la postre, el desgaste de Aguirre sólo ha servido para mejorar sustancialmente la posición relativa de uno de sus grandes rivales. Con el arsenal de 180.000 millones de euros que maneja Caja Madrid, Rato puede dar en el futuro mucha guerra.
El concurso de ALBERTO RUIZ GALLARDÓN ha sido determinante para evitar que Aguirre, sin ninguna oposición, se llevara el gato al agua. Sin embargo, la suya es una victoria pírrica, forjada a cambio de ampliar su ya extensa nómina de enemigos dentro del PP y de darle cancha a un adversario interno tan potente como Rato. De ahí que en esta historia el alcalde corra el riesgo de ser recordado como el perro del hortelano.
Los socialistas de TOMÁS GÓMEZ, IU de Madrid, UGT y la federación de banca de CCOO, en fin, se evitarán el mal trago de respaldar la impresentable candidatura de Ignacio González a la presidencia de Caja Madrid, que la izquierda debió tumbar, sin dar ocasión a que el PP encima se apuntara ese tanto.
Acuerdo imperativo
A tenor de lo previsto en el insólito pacto de estabilidad que suscribieron este verano, los socialistas de Tomás Gómez, IU de Madrid, UGT y la federación de banca de CCOO tienen que decir amén a la propuesta que la Comunidad les haga. Y entonces sin duda será digno de ver cómo todos ellos votan sumisamente en bloque a favor de Rato para no quedarse sin las jugosas recompensas que la presidenta regional les prometió a cambio.
Por aclamación
Gracias a ello, si no surgen sorpresas, Rato puede convertirse en un presidente aclamado, lo que no deja de resultar paradójico siendo quien es y tratándose de un director gerente que dejó plantado al Fondo Monetario Internacional a las primeras de cambio. Aunque, por supuesto, nadie puede negarle el olfato de esos experimentados marineros que saben plegar velas y volver a tierra firme deprisa y corriendo cuando ven acercarse la tormenta.
Un interlocutor deseado
La inminente llegada de un nuevo presidente, por otro lado, proporcionará al Banco de España el intelocutor de Caja Madrid que venía reclamando con vehemencia de un tiempo a esta parte a los dos partidos políticos mayoritarios. Por eso, seguro que el gobernador, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, respira aliviado el día en que de una vez por todas acabe este frívolo vodevil y el telón, por fin, caiga mansamente sobre el escenario.