Opinión
El viaje de ida y vuelta de los Sanahuja en Metrovacesa
Por Vicente Clavero
El desmoronamiento del castillo de naipes en que se había convertido el sector inmobiliario español ha aplastado también a los dueños de Metrovacesa. La familia SANAHUJA, incapaz de afrontar sus compromisos financieros, ha tenido que ceder el control de la empresa a los mismos bancos que le ayudaron a hacerse con ella. Santander, Banesto, BBVA, Popular, Sabadell y Caja Madrid se han quedado con el 65% de Metrovacesa a cambio de la mayor parte de una deuda que supera los 5.200 millones.
De esta humillante manera termina la aventura que Román Sanahuja y sus dos hijos, Javier y Román, iniciaron en 2005, tentados por la posibilidad de regir los destinos de la que acababa de convertirse en la primera inmobiliaria de Europa. Para cumplir sus deseos fueron acopiando con tenacidad de hormiga las acciones suficientes para desplazar al hasta entonces dueño y señor de Metrovacesa, JOAQUÍN RIVERO, cuya resistencia no pudo con el ímpetu de los ambiciosos promotores de la acometida.
Tuvieron los Sanahuja a su favor el deseo de las entidades financieras de sacar tajada de las grandes operaciones que se estaban fraguando al amparo del boom del ladrillo. La compra Urbis por RAFAEL SANTAMARÍA (Reyal), la de Fadesa por FERNANDO MARTÍN (Martinsa) o la de Ferrovial Inmobiliaria por BRUNO FIGUERAS (Habitat) contarían también con dinero a espuertas. Nadie veía, ni en la más aterradora de sus pesadillas, el brutal cambio de ciclo que se avecinaba.
La familia Sanahuja se empeñó hasta las cejas, pero logró su objetivo después de varios meses de tira y afloja con Rivero, que finalmente se vio obligado a aceptar la partición de Metrovacesa. Él se quedó con Gecina, la principal promotora gala, y dejó el campo libre a sus adversarios para continuar con el negocio en España. Pese al natural desgarro que aquello le supuso, nunca se alegrará bastante Rivero de la decisión que tomó forzado por las circunstancias.
Hoy, mientras Román Sanahuja y sus hijos apuran hasta las heces el cáliz de la crisis, con grave riesgo de enterrar en ella buena parte de su patrimonio familiar, el antiguo presidente de Metrovacesa parece totalmente repuesto y ha regresado de Francia con algún proyecto de envergadura bajo el brazo, como la ampliación de Puerto Sherry, donde prevé invertir más de 100 millones de euros.
Por los pelos
De carambola, Joaquín Rivero se ha convertido en uno de los pocos empresarios del sector que, de momento, no sólo ha salido indemne del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, sino que además ha conseguido librarse una buena costalada. Gecina ha sido su refugio, el burladero desde el que ha podido observar con cierta tranquilidad el desarrollado de los acontecimientos, ya que la regresión del mercado en Francia no ha tenido ni de lejos la magnitud que en España.
Bueno ojo
Aunque no se fue de Metrovacesa por gusto, su caso es parecido al de MANUEL JOVÉ, que soltó Fadesa con el tiempo justo para que no le pillara el toro, o al de RAFAEL DEL PINO, que hizo lo propio con la división inmobiliaria de Ferrovial. Uno y otro han podido capear el temporal sin ningún daño y con los bolsillos llenos, porque tuvieron la suerte de encontrar un comprador y el buen ojo de vender antes de que todo se viniera estrepitosamente abajo.
Por la codicia a la ruina
Por el contrario, igual que los Sanahuja, hay empresarios que, empujados por la codicia, han encontrado su ruina en las operaciones que entonces trenzaron. Tanto Martinsa como Habitat están inmersas hoy en sendos procesos concursales, de los que solo podrán salir con muchas dificultades. Fernando Martín y Bruno Figueras no han sido capaces de digerir Fadesa y Ferrovial Inmobiliaria, respectivamente, y ahora, sin más remedio, tienen que pagar las consecuencias.