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Estado de alarma De la unidad ante la pandemia a la cuerda floja: un año del estado de alarma que puso a prueba al Gobierno de coalición

El primer Ejecutivo de coalición de la historia reciente se estrenó con la irrupción de la peor pandemia que se recuerda. El decreto del estado de alarma y sus prórrogas pusieron en serio riesgo la mayoría parlamentaria de la investidura y forzaron la capacidad negociadora de la alianza entre el PSOE y Unidas Podemos.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante un pleno en el Congreso de los Diputados. - EFE
Imagen de archivo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante un pleno del Congreso. - EFE.

El 30 de diciembre de 2019, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias rubricaban el acuerdo que iba a servir de hoja de ruta al primer Gobierno de coalición de la historia reciente. El ingreso mínimo vital, la derogación de la reforma laboral o la regulación de los alquileres fueron algunos de los compromisos que estaban destinados a marcar el trabajo del Ejecutivo durante los siguientes cuatro años.

Una semana después, el 7 de enero, Sánchez era investido en el Congreso tras casi nueve meses de Gobierno en funciones y gracias a las posiciones de formaciones como ERC, EH Bildu, PNV, Más País, Compromís o el BNG. Esta votación puso los mimbres de lo que se denominó el "bloque de la investidura" y abrió la puerta al Ejecutivo a tener una mayoría parlamentaria que lo sustentara. Solo unas semanas después, el Ministerio de Trabajo cerraba el primer gran acuerdo de la legislatura en el diálogo social, para subir el salario mínimo interprofesional a 950 euros

El 14 de marzo, Sánchez decretó el estado de alarma para hacer frente a una pandemia desconocida y descontrolada ante el sorprendente aumento de los contagios. En ese momento empezó de verdad el primer año del Gobierno de coalición, un año que obligó a la alianza entre el PSOE y Unidas Podemos a aplazar sus compromisos, a salirse durante muchos meses de la hoja de ruta establecida, y que llegó a tensionar hasta el borde de la ruptura a una mayoría parlamentaria que acababa de nacer y a la que, en ningún caso, le había dado tiempo a convertirse en un verdadero "bloque".

De todas las experiencias parlamentarias del Gobierno en 2020 la más compleja fue, sin duda, la de preservar la vigencia del estado de alarma. Ni los Presupuestos Generales del Estado ni ninguna otra medida de calado le ha puesto las cosas tan difíciles al Ejecutivo. En este sentido, los de Pedro Sánchez pasaron de la unidad absoluta de los partidos políticos frente a la pandemia (luego confirmada en espejismo) a tener que enfrentarse con números mínimos cada 15 días a una negociación para prorrogar el estado de alarma.

Precisamente esta abrupta transición entre un Parlamento que cerraba filas con Pedro Sánchez a finales de marzo y otro que cada vez estaba más en contra de las prórrogas del estado de alarma del Ejecutivo, dio una imagen en la que el Gobierno sufría una sangría constante de apoyos mientras la oposición crecía con cada Pleno del Congreso.

El 25 de marzo de 2020 el Gobierno solicitó por primera vez la prórroga del estado de alarma decretado el 14 de ese mismo mes para hacer frente a la emergencia sanitaria de la covid-19. La votación en el Congreso no dio lugar a dudas: una amplísima mayoría consideraba necesario prorrogar esta situación excepcional, por lo que la petición del Ejecutivo obtuvo 321 votos a favor (de 350 diputados) y ningún voto en contra.

Poco más de un mes después de esa primera prueba, el estado de alarma decretado por Pedro Sánchez perdió casi la mitad de sus apoyos iniciales. Desde principios de abril, varias formaciones incrementaron su rechazo a las medidas y a la estrategia del Ejecutivo en la lucha contra el coronavirus, una situación que se tradujo en una mayor debilidad parlamentaria del PSOE y de Unidas Podemos y que forzó alianzas que afectaron a las relaciones del Gobierno con las formaciones que facilitaron la investidura.

Los pactos con Cs tensaron al bloque de investidura

La situación se complicó todavía más a finales de mayo, cuando, tras perder el apoyo del PP, que pasó primero del 'sí' a la abstención, y luego de la abstención al 'no', el Ejecutivo logró salvar sus últimas prórrogas del estado de alarma gracias a Ciudadanos, un apoyo que despertó el recelo del denominado bloque de la investidura. Este acercamiento con los de Arrimadas y el fracaso en las negociaciones con algunos partidos provocaron importantes rupturas con formaciones como ERC o Compromís.

En la medida en que Sánchez se aproximaba a Ciudadanos, el bloque de la investidura parecía resquebrajarse. De hecho, se produjeron desencuentros notables con Compromís, que acusó al Ejecutivo de incumplir los acuerdos de investidura respecto a la financiación de la Comunitat Valenciana. Finalmente, las negociaciones y el baile de apoyos provocaron que, curiosamente, el 3 de junio el Ejecutivo sacara adelante su última ampliación del estado de alarma con los votos a favor de Cs y con la abstención de ERC, ya que los de Sánchez llegaron a acuerdos con ambas partes.

El desgaste sufrido en las sucesivas votaciones de las prórrogas, y las negociaciones que las precedieron, supusieron la primera experiencia del Gobierno de coalición a la hora de afrontar situaciones complicadas, una experiencia que puso de relieve la debilidad parlamentaria del Ejecutivo. El primer año de la legislatura se saldó con la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado de 2021, una votación en la que Sánchez e Iglesias obtuvieron 188 votos a favor.

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