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Andalucía Palabras (y una calle) para Concha

Sevilla le dedica una calle a la primera portavoz parlamentaria (por IU) y el Fórum de Política Feminista le hace un homenaje en el Parlamento de Andalucía a la, ya fallecida, madre del Estatuto de Andalucía, Concha Caballero

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Concha Caballero.

Hay quien la recuerda en su despacho del Parlamento de Andalucía con un cigarrillo en la boca -a lo Lauren Bacall- entre papeles diversos, proyectos de ley, proposiciones, discursos esbozados… y partituras. Sí. Partituras. Escondidas, perdidas y luego halladas, al casual, en la búsqueda de cualquier otro papel.

Le encantaba la música a Concha Caballero (Baena, provincia de Córdoba, 26 de diciembre de 1956-Sevilla, 21 de enero de 2015), militante comunista, primera portavoz de un partido, Izquierda Unida (IU), en la Cámara andaluza, a quien el Ayuntamiento de Sevilla le dedicó ayer por la mañana una calle y el Fórum de Política Feminista un homenaje en el Parlamento de Andalucía por la tarde. El último tuit en la cuenta que aún pervive en la red es la recomendación de una canción: Motherland, de la cantante Nathalie Merchant, que suena mientras escribo estas líneas y que en uno de sus versos dice así: Cradle me/ Close my eyes / Lullaby me to sleep. (Acúname / Cierra mis ojos / cántame una nana hasta que me duerma).

El homenaje fue un acto de reivindicación de la alegría, con risas, claro, inlcuidas

Su homenaje fue un acto de reivindicación de la alegría, con risas, claro, incluidas -anécdota mediante de su amiga Rosa Aguilar-. Fue un recuerdo sereno y cariñoso hasta la emoción de una persona a la que se le dijo de todo, a la que para decirle de todo se utilizaron toda clase de palabras, adverbios, adjetivos, sustantivos… maestra, valiente, creativa, hedonista, descaradamente presumida, atropelladamente mortal, cariñosa, brillante, concienzuda, feminista, despistada, optimista, alegre, blanca, verde, roja, morada, amiga, amada… Una persona que cuando el poder la consideró amortizada, regresó a la tiza, a las clases, a las aulas, a enseñar.

Su hermano Gabriel fue uno de sus suministradores principales de canciones. Ayer quiso compartir la familiaridad de la ingenuidad de Concha -“la pamplina más grande se la creía”- en la que él reconocía una falta de prejuicios que le permitía ver la realidad tal cual y hacer por tanto certeros análisis sobre la misma.

“Le gustaban los pequeños placeres. Tomar unos caracoles, comprar una chorrada en el chino, disfrutaba de las pequeñas cosas que le hacían sentir que el día había merecido la pena. Era una lectora voraz. El título que mejor la definía es el de hija de Rosalina, nuestra madre”. Gabriel Caballero añadió que su hermana luchaba contra las injusticias y que le gustaba pensar que las cosas no tienen por qué ser como son solo porque estemos acostumbradas a ellas. "Y eso se llama revolución". Gabriel tomó palabras prestadas de Francis Scott Fitzgerald para reivindicarla: “Es una de esas jóvenes que no necesitan hacer el menor esfuerzo para que los hombres se enamoren de ella. Los tontos a quienes asusta por su inteligencia y los intelectuales, a quienes asusta por su belleza”.

Rostro de la izquierda

El acto, celebrado en el salón de usos múltiples del Parlamento de Andalucía -la segunda casa de Concha- lo abrieron, después de las protocolarias palabras de presentación del presidente del Parlamento, Juan Pablo Durán, la filóloga feminista Kechu Aramburu, amiga de Concha, y Antonio Luis Girón, su pareja durante 25 años, un tipo elegante, que dijo que este homenaje había salido así, pero que cualquier otro que se hiciese, por cualquiera de todos los centenares de personas que habían conocido y disfrutado de la compañía de Concha, era igualmente válido. Entre el público, estaba el exvicepresidente de la Junta de Andalucía por IU, Diego Valderas, hoy retirado de la política, y representantes de todos los partidos políticos presentes en la Cámara autonómica.

Luego hablaron sus compañeros de mil y una batallas políticas y sus amigos de reflexiones, investigaciones y músicas. Manuel Vivas, amigo y jefe de estudios de Concha; Juan Carlos Velasco, exalcalde de Alcalá del Río (Sevilla); Rafael Rodríguez de León, amigo y responsable de la revista Paralelo 36, que fundaron una tarde de charla; Rosa Aguilar, hoy consejera andaluza de Justicia, y compañera de andanzas de Concha desde los 17 años.

"Ahí quedará para la historia su contribución al Estatuto de Autonomía"

Cada uno de ellos destacó una faceta de su vida. Velasco, el exalcalde mentó su único libro publicado Sevilla, Ciudad de Palabras, y quiso recordar que la camarada Concha Caballero fue su líder, “Ahí quedará para la historia su contribución al Estatuto de Autonomía [su intervención en el Congreso de los Diputados, vestida de verde y blanco, en defensa del mismo es muy recordada.Su discurso impresionó a mucha gente]. Concha venía a ser el rostro esperanzado de una izquierda que no destruye, sino que construye. Una persona puede ganar o perder muchas batallas pero solo será realmente derrotada cuando no sea un sueño el que levante su espada”.

Rodríguez de León recordó un debate que mantuvieron sobre “la ética de la alegría”, la catarsis en un concierto de Bruce Springsteen, la tristeza de Concha por la muerte de las cajas de ahorro. “Ella pensaba que la mala gestión no podía servir de pretexto”. Y rememoró la ilusión por el despertar de la nueva generación en las plazas, aquel 15 de mayo. “Se emocionó con el 15M y la horizontalidad (que alumbró) de las relaciones de poder”. 

"Habría vivido ilusionada y entusiasmada las movilizaciones históricas del 8M"

Rosa Aguilar reivindicó el feminismo de Caballero y su forma de ejercer la política, a la que acompañaban “su sentimiento y la eterna sonrisa”. Aguilar recordó el pasado 8 de marzo. “Habría vivido ilusionada y entusiasmada las movilizaciones históricas que no tienen vuelta atrás. Hizo realidad la sororidad: parte esencial del feminismo. Son tantos los días, los años que hemos transitado por la vida que es imposible hablar de Concha en pasado. Han sido tantas complicidades, en momentos buenos, malos, difíciles y entrañables. Hemos compartido tanto que a veces sin hablar sabíamos cómo nos encontrábamos. Sin palabras tenía que ser como tú me entendieses. Sembraste lo bastante como para quedarte”.

Habló también la periodista Isabel Pedrote, quien reivindicó su obra periodística. Pedrote enumeró algunos de sus artículos en el diario El País -de probada y afilada capacidad de análisis y profundo compromiso social, que aún pueden leerse aquí-, entre ellos, Encubrir también es delito; El puto autobús; El día que acabó la crisis. “Su pérdida ha hecho mella en el mundo de la opinión publicada. Caballero fue la dirigente más brillante de esta fuerza política (IU). Siempre tenía frases inteligentes y precisas para los periodistas, con una honestidad de fondo. Era una convencida de la identidad de Andalucía. Con solo seis diputados logró estampar su sello (en el Estatuto de Autonomía).

"Concha fue una de esas amistades en que la distancia entre periodistas y políticos fue un verdadero engorro"

Luego, Pedrote recordó episodios dolorosos y reflexionó con gracia sobre las relaciones entre periodistas y políticos. “Se dio de bruces con su fuerza política. El desdén hacia ella no me era indiferente. Una de esas amistades en que la distancia que tienen que mantener periodistas y políticos acaba por convertirse en un verdadero engorro. Ardió en esa pira donde se queman esas capacidades, en especial las de las mujeres. Desapareció y volvió a las clases de instituto. Se enamoró de sus alumnos. Irrumpió luminosa. El abandono de la vida partidaria no la alejó de la política. Ni se moderó ni se relajó. Sin dimitir de sus ideas ni desdecirse. Y empezaron a verla de otra manera. A leerla sin prejuicios ni recelos. La amargura no iba con su carácter. Ella veía el lado bueno de las cosas”.

Un café y decisiones mejores

El acto lo cerraron el director del Instituto Cervantes, el poeta Luis García Montero, y, luego, la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. “Estoy muy emocionado. Conocí a Concha a mediados de los 70, cuando una democracia no significaba votar cada cuatro años, sino darle un significado a las palabras. Aquí, en el Parlamento de Andalucía fue muy feliz. Cumplió una labor importantísima para IU”. Montero reivindicó su manera de entender la política: “Hemos conocido políticos que por estar en la calle se creen muy puros y desprecian las instituciones y Concha trabajó para que la calle y las instituciones fuéramos un mismo tejido. Por eso es importante estar hoy en el Parlamento de Andalucía”.

"La política está para intervenir en la vida de la gente. No para dar lecciones de nada"

“Aprender a querer -prosiguió Montero- es posible. Tener a alguien. Que te sientas querido de manera leal y profunda. Te sentías querido por Concha. Le gustaba el mi. Mi Diego (Valderas). Mi Pepe Griñán. No era un mi posesivo. Conocía nuestros defectos, nuestras virtudes. Hay gente que quiere echar las palabras en el cubo de la basura. […Concha cuidaba las palabras] Una es la palabra política y la otra es la palabra bondad. Por eso fue una buena política. La política está para intervenir en la vida de la gente. No para dar lecciones de nada. Entre amigos, entre compañeros, entre camaradas debe haber fraternidad. Junto a la libertad y la igualdad. Nos hemos equivocado olvidándonos de eso. Eso lo tuvo siempre Concha. En la piel, en los labios. En la bondad junto a la política. En la firmeza de la gente buena”. Montero leyó después su poema Inmortalidad. Se lo dedicó a Antonio: “No he querido borrar el teléfono de Concha. Si alguna vez lo marco, quien lo coge es Antonio”. Un hombre ondeó una bandera republicana cuando Montero terminó su lectura.

"La hubiera buscado a ella hoy en un mundo de crispación, de mentiras y de odio"

La presidenta Díaz recordó su discurso en el Congreso en defensa del Estatuto: “Vi una mujer inteligente, brillante. Yo estaba de diputada. Es que es Concha Caballero, Susana, me decía Pepe Griñán. Fue una feminista que nos abrió puertas a otras muchas. Echo de menos hoy poder llamar a Concha, poder llamarla, poder pedirle consejo, el café que me gusta compartir. La hubiera buscado a ella hoy en un mundo de crispación, de mentiras y de odio, que es un mal ejemplo. Me falta ese café. Necesito ese café. Seguramente después de escucharla las decisiones que tomaría serían mejores para todos y para todas”.

Después se mostró un vídeo, en el que lo último que se escuchó fue la voz de Manolo Gracia, expresidente del Parlamento de Andalucía. Decía: “Hasta siempre, Concha”.