Un año del 12M: así se han movido los partidos catalanes tras unas elecciones que certificaron el final del 'procés'
Los comicios, y la posterior formación del Govern de Illa, marcaron el inicio de una nueva etapa política en Catalunya, en la que las disputas ideológicas han ganado protagonismo y las formaciones han adaptado sus estrategias.

Barcelona--Actualizado a
Era una semana donde ya se husmeaba la primavera. La sequía era grave y ERC negociaba los presupuestos con los Comuns, tras cerrar el apoyo del PSC a las cuentas. A medida que pasaban los días, la incredulidad dentro de las filas republicanas crecía al ver la negativa de los ecosocialistas a aprobar las cuentas, con el rechazo al macrocomplejo de ocio y del juego Hard Rock como bandera. El 13 de marzo se confirmaba el rechazo en los presupuestos del Gobierno y aquella misma tarde, tras una reunión de urgencia del Consejo Ejecutivo, Pere Aragonès decidió convocar elecciones anticipadas.
Aquella convocatoria no pasó por las manos del presidente del partido, Oriol Junqueras, cosa que supuso la ruptura definitiva con quien había sido su hijo político. Dos meses después, en las elecciones al Parlament del 12 de mayo, ERC perdió 13 escaños -pasó de 33 a 20-, ocho puntos de apoyo y 180.000 votos, hundiéndose hasta la tercera posición y perdiendo la presidencia.
Quién se impondría, tanto en votos como en escaños, sería un PSC al alza, comandado por un líder de orden y moderado, como Salvador Illa, que tres meses después, en agosto, conseguiría abrir las puertas del Palau de la Generalitat a los socialistas después de 14 años gracias a los acuerdos de investidura con ERC y Comuns. Y el gran rival, que era Puigdemont, no pudo hacer válida la épica de la campaña desde el exilio, mostrando un claro desgaste del electorado independentista, y obtuvo solo tres escaños más que en 2021, para sumar un total de 35. Se puede considerar que los comicios, simple y llanamente, certificaron el final político de la era del procés.
Un año después, la reordenación estratégica, interna, y la planificación a medio y largo plazo ya se vislumbra por parte de las formaciones políticas con una dinámica clara: todos juegan con un cambio de preferencias claro. La palabra "independencia" se pronuncia muy poco y la disputa política se sitúa en el eje izquierda - derecha, con algunas formaciones todavía definiendo cuál será su recorrido y con un foco de atención muy desplazado hacia Madrid. Andreu Paneque, doctor en Ciencias Políticas por la Universitat Pompeu Fabra (UPF), lo explica de manera clara: "Los partidos están intentando averiguar cuál tiene que ser su posicionamiento ante la nueva dimensión, pero es mucho más difícil por los partidos independentistas, puesto que el eje que estructuraba su acción política ha cambiado".
El PSC, liderazgo discreto y alineado con el PSOE
"Hago más de lo que digo", soltaba Salvador Illa el pasado miércoles en el Parlament, cuando se le preguntaba por la OPA del BBVA al Sabadell. Es una frase que resume a la perfección el perfil de gestión y comunicación del Gobierno socialista. Discreto, alejado de las polémicas y con la clara voluntad de marcar una línea completamente diferente a la de los años de efervescencia del procés. "Al PSOE no le interesa que haya capitanía desde la Generalitat. Illa es un hombre fuerte de Sánchez y cumple con el tipo de liderazgo que necesitan", analiza Paneque.
A la vez, sin embargo, obra sin ingenuidades, trabajando para sacar adelante medidas políticas de calado, como los suplementos de crédito para contrarrestar la inexistencia de presupuestos o el control de los precios del alquiler… El politólogo lo atribuye a la voluntad del PSC de liderar el eje de las izquierdas, por mucho que lo haga desde una perspectiva muy moderada.
Al mismo tiempo, parece que el equilibrio entre partido y Gobierno se mantiene estable, cosa que no pasó en el anterior ejecutivo, liderado por ERC. Ferran Pedret comanda la formación en el Parlament, y tiene licencias para marcar perfil ideológico alejado del atril del Govern, siempre con un cariz más institucional.
Además, las dificultades en Madrid unen al grupo frente a una oposición feroz y sin grandes discusiones. Ahora bien, todo esto lo afronta no sin dificultades. Los equilibrios parlamentarios no son sencillos y se tendrá que ver cómo enfoca el PSC los entendimientos con los otros grupos, sobre todo con los de la investidura, con los problemas para sacar adelante los cambios en la tasa turística como último ejemplo de estas dificultades.
Junts, oposición firme en Catalunya y papel activo en Madrid
El papel de Junts es más complicado, no solo porque ha caído a la oposición, sino también por el momento que vive su electorado. La amenaza creciente de la extrema derecha representada por Aliança Catalana ha provocado en el partido replanteamientos discursivos importantes, como el incremento de la dureza en cuestiones como el empadronamiento o en temas de seguridad. Que su líder continúe en el exilio esperando la amnistía tampoco es el escenario ideal, aunque el partido se mantiene unido y con una ponencia política clara aprobada en noviembre. Con el caos de Rodalies o el decreto de vivienda, los postconvergentes han podido hacer de oposición marcando un perfil ideológico claro.
A diferencia de lo que sucedía en los años del procés, en esta ocasión Junts sí que tiene un papel activo en la política estatal, después de votar a favor de la investidura de Pedro Sánchez y de saber que sus siete diputados en el Congreso son decisivos. Ahora bien, en todo momento intenta hacer pagar el precio de un apoyo que no es estable, como se ha vuelto a visualizar recientemente con la enmienda a la totalidad que ha presentado contra la reducción de la jornada laboral.
En este sentido, Junts intenta recuperar la tradicional alianza convergente con una determinada élite económica y empresarial catalana, sobre todo con la patronal Foment del Treball, que ha mantenido un contacto muy estrecho con el rechazo a la reducción de la jornada laboral. Y en las recientes jornadas del Cercle d'Economia, otro de los grandes lobbies económicos catalanes, la apuesta era clara: una alianza entre PSC y Junts, que evite la influencia de ERC y Comuns. Una cuestión que ahora mismo no contemplan ni Puigdemont ni un Illa muy conectado con este mismo empresariado.
Esquerra recupera el orden interno y busca hacerse valer
El partido republicano, el más perjudicado en las elecciones del 12 de mayo, ha sufrido un año muy duro. Pere Aragonès anunciaba su marcha de la política la misma noche electoral, y hacía un llamamiento a todos los líderes a hacer lo mismo, especialmente a Oriol Junqueras. El exvicepresidente del Govern decidió presentarse en el congreso del partido, enfrentándose a dos candidaturas más. El proceso congresual fue difícil, con reproches y rupturas personales. El partido quedó dividido y una vez Junqueras salió victorioso ha tratado de encontrar cierto equilibrio con las otras facciones, que han rebajado el hacha de guerra.
Después de esta disminución de la tensión interna, los republicanos han puesto el énfasis sobre todo en el cumplimiento de los pactos con el PSC y el PSOE: traspaso de Rodalies y financiación singular. Y ya dejaron en el cajón los primeros presupuestos de Illa, presionando para avanzar en las diferentes carpetas. Su relación con Junts es nula y tiene la capacidad de negociar cada decreto ley con el Govern, puesto que, si no, los números no dan. ERC intenta hacerse valer, haciendo cumplir los pactos logrados en el Estado e impulsando políticas de izquierdas, a pesar de que la dificultad es inmensa y es fácil caer en el mantra que el PSOE "engaña".
Con Rodalies ya se han tenido que tragar un sapo, puesto que Rodalies de Catalunya será como mínimo en sus primeros dos años de actuación una filial del grupo Renfe. Y la financiación singular todavía no ha avanzado. El peligro del incumplimiento de los pactos es, para Paneque, que no hay "una base social fuerte para quejarse si esto pasa". Aquí es donde ERC tendrá que decidir "quién es su enemigo: si Junts o el PSC", expresa. "Si en una competición electoral te pones en medio, caes", concluye.
Los Comuns fuerzan al PSC a mirar a la izquierda
La posición de los Comuns es más cómoda. El PSC depende de ellos para pactar cualquier cuestión, y ya fuerzan la máquina para virar el Parlament hacia la izquierda, sobre todo en cuestiones como la vivienda, una de sus principales banderas políticas. Ahora bien, los Comuns continúan teniendo un problema en el ámbito nacional, y es que no han acabado de encontrar todavía un liderazgo que acabe de impulsarlos por encima de los 10 escaños. Y hay que recordar que en las elecciones de hace un año cayeron de ocho a solo seis diputados, todos en la demarcación de Barcelona, un hecho inédito en la historia de un espacio político que necesita expandirse más allá de esta zona para evitar quedar reducido a un partido eminentemente metropolitano.
La CUP, en medio de un cambio estratégico
Los anticapitalistas han afrontado una evolución clara a lo largo de este año, sobre todo después de culminar el llamado Procés de Garbí, el largo debate interno para redefinir su estrategia. "Electoralmente, o son una izquierda que intenta girar a la izquierda el Parlament o una muleta de toda aquella gente que considera que el sistema está sesgado", explica Paneque, remarcando también que esta es y ha sido la discusión histórica de los partidos de antisistema. Ahora, la CUP parece haberlo resuelto, tras pactar con el PSC el decreto ley para regular el alquiler de temporada y el de habitaciones, en lo que supone un cambio significativo de su estrategia.
Vuelta a la normalidad
“Lo que no era una tendencia natural es lo que hemos vivido los últimos años. El procés es anecdótico”, resume el politólogo, que afirma que de aquí a un año “ahora, sí que sí, ya no hablaremos del procés”. El foco político continuará en cómo se encaran las crisis: “Seguiremos teniendo disputa entre aquellos que consideran que la solución se tiene que hacer desde una perspectiva redistributiva o desde una dinámica beligerante, donde se genera el movimiento populista de derechas”, acaba. En definitiva, un año después, la vuelta a la normalidad política en Catalunya es evidente y el procés ya está casi enterrado.


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