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La batalla de Alexandre Bóveda: el mártir del galleguismo que fue fusilado unas horas antes que el poeta García Lorca

Los descendientes de Alexandre Bóveda se unen a la 'querella Argentina' junto a los nietos de Amancio Caamaño, presidente de la Diputación de Pontevedra; y Ramiro Paz, editor. Los tres fueron asesinados en 1936 en Galicia por las fuerzas franquistas. Alrededor de 5.000 gallegos fueron fusilados por el franquismo.

Alexandre Bóveda durante una conferencia en Vigo
Alexandre Bóveda durante una conferencia en Vigo. Cedida por la familia

ALEJANDRO TORRÚS

Cuentan que después de que el cuerpo de Alexandre Bóveda cayera al suelo, tiroteado por el pelotón de fusilamiento, uno de sus amigos se acercó y le colocó una pequeña bandera gallega en el bolsillo de su chaqueta, cerca de un corazón que ya no latía. Así se daba cumplimiento a la última voluntad del hombre que el propio Castelao había definido como motor del galleguismo. Era un 17 de agosto de 1936 y Bóveda era asesinado tras una farsa de juicio que le condenó a morir por traición a la patria. Apenas unas horas después, en la madrugada del ya 18 de agosto de 1936, en el otro extremo de la península, el poeta García Lorca también era asesinado por los franquistas. En solo unas horas, en dos de los territorios más alejados del país, eran asesinados dos mentes privilegiadas del país. A bocajarro. Uno tras una farsa llamado juicio. Otro, tras ser apresado como un delincuente. Dos cerebros privilegiados, dos sensibilidades únicas y dos maneras de pelear y luchar por un país más libre, más democrático y más plural caían por la fuerza de las armas. El país se adentraba así en la larga noche franquista.  

La figura de Alexandre Bóveda es tan espectacular que resulta complicado resumir en solo unos párrafos. Era uno de los redactores del Estatuto de Galicia de la II República (que nunca llegaría a entrar en vigor); era el alma y "motor" del Partido Galeguista; y, además, había participado en la fundación de la primera caja de ahorros en Galicia. La lista, en conversación telefónica con su nieto, Valentín García Bóveda, se hace prácticamente interminable. A los éxitos políticos hay que añadir un buen número de éxitos profesionales, que le llevaron a participar en la fundación de Campsa, a la Hacienda de Pontevedra o a multiplicar la recaudación de la Diputación de Pontevedra haciendo únicamente uso de la ley ya existente. Tenía, solamente, 33 años. 

Corteza del pino donde fue fusilado Alexandre Bóveda. Cedida por la familia

Su lucha política, no obstante, era Galicia. Estaba convencido de que el atraso ecónomico y social del país se debía al centralismo de un Estado que exprimía hasta la última gota de sudor de los trabajadores y trabajadoras de la periferia. Su amor a la tierra, de hecho, lo llevo hasta sus últimas consecuencias y ante el mismo tribunal que lo condenó a muerte declaró: "Mi patria natural es Galicia. La amo fervorosamente, jamás la traicionaría. Si entiende el tribunal que por este amor entrañable debe serme aplicada la pena de muerte, la recibiré como un sacrificio más por ella"

Y así fue. Bóveda se presentó a las elecciones de febrero de 1936 al Parlamento en la circunscripción de Ourense compitiendo contra Calvo Sotelo, quien saldría finalmente elegido. Meses después, Calvo Sotelo caería asesinado en Madrid, mientras que, apenas unas semanas después, Bóveda sería asesinado en Galicia. Lo haría atado a un pino, en el monte de A Caeira, en Pontevedra, cuya corteza todavía guarda la familia.

Alexandre Bóveda dando un mitin. Cedida por la familia

Su nieto cuenta que pudo haber escapado, que fue advertido en varias ocasiones del peligro que corría, pero que Bóveda contestó a todas esas advertencias con las palabras que recitó delante del tribunal. "Quise hacer el bien, trabajé por Pontevedra, por Galicia y por la República y el confundido juicio de los hombres (que yo perdono y todos debéis perdonar) me condena", escribió en una carta a su hermano horas antes de ser fusilado. 

"Mi abuelo era un portento de la economía y un cerebro privilegiado. Resulta impresionante todo lo que logó con solo 33 años, que fue a la edad en la que lo mataron. Siempre he pensado que qué hubiese sido de este país si aquellas personas tan importantes como Bóveda, como Lorca y como tantos otros que fueron fusilados o tuvieron que exiliarse por el franquismo hubiesen podido vivir otros 30 años... Seguramente ahora viviríamos en un país distinto", explica Valentín García Bóveda, nieto del represaliado político y vicepresidente de la fundación que lleva su nombre. 

Ahora, casi 85 años después de este asesinato, Valentín coge el relevo de la lucha familiar por reestablecer la memoria de Alexandre Bóveda y ha presentado una querella ante la Justicia de Argentina. Se une de esta manera a las cerca de 1.000 acciones judiciales que las víctimas del franquismo han presentado en los últimos diez años ante la juez María Servini de Cubría en el juzgado Federal n.º 1 de Buenos Aires. 

"Acudo a la Justicia de Argentina con varios objetivos. Por un lado, reestablecer la memoria de mi abuelo. Lo hago por él, pero también por mi abuela, que tuvo que morir viendo como, legalmente, su marido contaba como un fusilado por traición a la patria. Quiero que esa sentencia sea anulada judicialmente. Por otro lado, también acudo a Argentina para dar batalla contra esta democracia amnésica que se asentó sobre los cimientos del olvido y la injusticia", explica García Bóveda, que espera que la Justicia de Argentina pueda declarar los crímenes del franquismo como crímenes de lesa humanidad. 

El caso de Alexandre Bóveda no es el único que ha llegado en los últimos días al juzgado de Servini. Los descendientes del médico y político republicano, presidente de la Diputación de Pontevedra en mayo de 1931, Amancio Caamaño; y del impresor y líder político Ramiro Paz, también han presentado una querella. Begoña Caaamaño, nieta de Amancio, explica a Público que su abuelo fue detenido una semana después del golpe de Estado franquista y fusilado el 12 de noviembre de 1936. 

Descendientes de las tres víctimas ante el consulado de Argentina en Vigo. Diputación de Pontevedra

"Nunca pude estar de acuerdo con la Ley de Amnistía ni con la Ley de Memoria Histórica. En este país nunca se cerraron las heridas aunque otros nos acusen de querer abrirlas. La jerarquía franquista pasó a la democracia sin rendir cuentas. La Policía que torturaba era la nueva Policía democrática. Y por esta razón ni mi familia ni yo hemos podido querellarnos en España por el fusilamiento de mi abuelo y hemos decidido acudir a Argentina. Lo único que busco es justicia y que se anule la sentencia contra mi abuelo", explica Begoña Caamaño. 

Aquel fatídico 12 de noviembre de 1936 las fuerzas franquistas ejecutaron en A Caeria a Caamaño y Paz, pero también a los médicos Telmo Bernárdez Santomé y Luis Poza Pastrana; a los maestros Paulo Novás Souto, Germán Adrio Mañá y Benigno Rey Pavón; al abogado José Adrio Barreiro; al periodista Víctor Casas Rey; y al capitán Juan Rico González. 

Sus asesinatos, sin embargo, eran solo unas gotas más de dolor en mitad de la matanza que las fuerzas franquistas estaban llevando a cabo. La represión acabó en solo unos años con la vida de 4.699 ciudadanos gallegos. Siete de cada diez (3.233) fueron ejecutados en los llamados paseos franquistas. El resto, 1.466, fueron asesinados mediante la ejecución de una sentencia a muerte, según los datos del proyecto Nomes e Voces. Un auténtico exterminio en una zona donde la Guerra no duró más de unos días. Sólo en los primeros meses de la Guerra Civil fueron asesinados en Galicia los cuatro gobernadores civiles, los alcaldes de cinco de las siete ciudades gallegas y los 26 de las poblaciones más importantes y las máximas autoridades militares gallegas que se opusieron al golpe.

No obstante, el asesinato selectivo o indiscriminado no fue la única vía de represión. Con el objetivo de destruir una sociedad civil, plural y organizada fueron condenados a cadena perpetua 1.597 ciudadanos y 1.981 fueron sentenciados a diferentes penas de prisión inferiores. En total, 28.234 víctimas gallegas sufrieron algún tipo de persecución judicial por las nuevas autoridades militares.

Las querellas de Bóveda, Caamaño y Paz no son las únicas que han llegado a Argentina por crímenes franquistas perpetrados en Galicia. La 'querella argentina' nació, de hecho, tras la querella interpuesta por un ciudadano gallego, Darío Rivas, por el asesinato de su padre, Severino, alcalde republicano de Castro de Rei y primer fusilado exhumado en Galicia. 

El médico y político Santiago Caamaño. Cedida por la familia

Asimismo, en 2014, Público se hacía eco de un buen número de querellas interpuestas por crímenes realizados en Galicia. Entre ellas estaba el caso de los asesinatos de Manuel Díaz González, médico de O Incio (Lugo) y primer alcalde de la República en dicha localidad, y su hermano José Díaz, elegido en las últimas elecciones como nuevo alcalde del municipio. Su nieta Esther García explicaba entonces cómo su abuelo había sido arrastrado durante varios kilómetros atado de la cola de un caballo hasta el municipio en el que había sido alcalde para ser asesinado. 

La represión en Galicia también dio paso a un largo exilio a países latinoamericanos. Precisamente, exiliados gallegos en Argentina instauraron en en 1942 el 17 de agosto, día del asesinato de Alexandre Bóveda, como 'Día da Galiza Mártir' para simbolizar en él una generación única que fue pasada por las armas del franquismo

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