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debate electoral Todos contra todos en un debate duro

La derecha deja claro que si suman se van a poner de acuerdo para gobernar, mientras la izquierda debe superar desconfianzas

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Los cuatro principales candidatos a la Presidencia de la Junta de Andalucía: Juan Marín (Ciudadanos), Susana Díaz (PSOE), Teresa Rodríguez (Adelante Andalucía) y Juanma Moreno (PP). - EFE

El segundo debate electoral entre los candidatos y candidatas a la presidencia de la Junta dejó un sabor de boca bien diferente al primero. Si el primero se desarrolló en un tono de cierta cordialidad y sosiego y quedó marcado por la pelea dialéctica entre los candidatos de la derecha, en este se produjo un todos contra todos en un tono duro, en el que hubo constantes interrupciones, acusaciones cruzadas, y en el que, en resumen, se lanzaron en la cara los titulares que dejan en los mítines para sus rivales. Se notó la tensión por la cercanía de las elecciones, el próximo 2 de diciembre, y los kilómetros que llevan en el cuerpo.

Del debate se pudo sacar la nítida conclusión de que si Juan Marín y Juanma Moreno, a pesar de ciertas frases gruesas que se dijeron, suman una mayoría de gobierno van a ser capaces de entenderse. A este respecto, ambos evitaron responder a la pregunta que dejó Susana Díaz para ellos: ¿Estarían dispuestos a aceptar los votos de Vox para acabar con el Gobierno socialista?

Los candidatos y las candidatas se lanzaron en la cara los titulares que suelen dejar en los mítines para sus rivales

Sin embargo, en la izquierda, Susana Díaz y Teresa Rodríguez mostraron una vez más que, aunque, al contrario que a Moreno y a Marín, todas las encuestas les dan una mayoría suficiente para gobernar juntas, con la fórmula que sea, eso parece hoy complicado porque para ello tienen que superar numerosas desconfianzas. Entre ellas, hubo varios momentos broncos y acusaciones mutuas de mentir, a cuenta de, por ejemplo, la inversión en I+D+i, los salarios de los cargos públicos, y la financiación de Andalucía. Rodríguez, en un lance, después de que Díaz le instase a poner los pies en el suelo y a pensar que "esto no es juego de tronos, gobernar no es fácil", la tachó de Cersei Lannister, uno de los personajes menos empáticos de toda la serie.

PP y Ciudadanos aprenden la lección

El debate fue la segunda parte, como una secuela, del primero. A este acudieron con las lecciones del anterior bien aprendidas, sobre todo Moreno y Marín, quienes modificaron su estrategia. Así, Ciudadanos y PP, aunque se golpearon con cierta aspereza en algunos tramos y quisieron ambos mostrarse en exclusiva como la cara del cambio, optaron esta vez por poner la presión en la labor de Susana Díaz en lugar del uno en el otro. A la presidenta no le importó, pareció que se lo esperaba, y, en algunos tramos, trató incluso de atraer hacia ella todas las críticas.

Díaz buscó mostrarse como una candidata sólida y solvente

La presidenta Díaz buscó mostrarse como una candidata sólida y solvente, que dirige el Gobierno andaluz con mano firme. Para ello, Díaz defendió como gata panza arriba la gestión de su Ejecutivo, con proclamas como “la Junta de Andalucía es la Comunidad más transparente de todas” y “la sanidad y la educación son un referente”; marcó distancias con el PP, de quienes dijo tener “alergia" a sus políticas laborales y sociales; reivindicó como prioridad para la próxima legisltura el reforzamiento de los servicios públicos, y también trató de minar la credibilidad de la propuesta económica de Adelante Andalucía y de su idea de España: “defender referéndums ilegales no es de izquierdas”, le dijo a Rodríguez. A Ciudadanos, su socio de los últimos tres años y medio, lo despachó con un quién te ha visto y quién te ve.

Moreno trató de evitar en esta ocasión la pelea con Marín

Moreno trató de evitar esta vez en lo que pudo la pelea con Marín, “yo no soy su adversario, sino la señora Díaz, que gobierna desde hace 40 años”, y se dedicó a buscarle las vueltas a la presidenta, con el afán de que esta perdiera los nervios. Hubo un momento en que pareció que a punto estuvo de lograrlo, pero Díaz no entró en el trapo. El presidente del PP ofreció un programa liberal en economía, bajada masiva de impuestos y atracción de inversiones extranjeras, y defensa de la unidad de España. A Moreno le costó más, como siempre, colocar sus mensajes en sanidad, educación y lucha contra la corrupción, porque todos y todas le recordaron los antecedentes de su partido.

Rodríguez quiso de nuevo presentar un perfil presidencial

Rodríguez quiso de nuevo, al igual que en el primer debate, presentar un perfil presidencial, pero eso no la llevó a renunciar al cuerpo a cuerpo. Cuando se topó con una andanada de Díaz, que la obligó a entrar en el fragor del debate, no lo evitó y replicó duro. Rodríguez defendió además alguno de los ejes básicos de su proyecto, como, por ejemplo, el blindaje de los servicios públicos con un porcentaje del PIB, la economía social como uno de los motores de creación de riqueza y la financiación justa de Andalucía. “Ya saben lo que ocurre cuando ellos gobiernan. Nos presentamos para cambiar este guión. Con toda la responsabilidad del mundo. Queremos ser un escudo para la Andalucía trabajadora”, cerró la candidata de Adelante Andalucía.

Marín no centró sus críticas en Moreno, sino que fue a por Díaz

Marín, en esta ocasión, no centró sus críticas en Moreno, a quien sí le reprochó, con gesto enfadado, en dos ocasiones que en un mitin lo llamara perro (Moreno había reprochado a Marín que hubiera pasado de “perro de compañía” de Díaz a “perro de presa” en la campaña), sino que se lanzó desde el principio a por la presidenta de la Junta. “¿A usted no le avergüenza después de 40 años que haya 300.000 familias con todos los miembros en paro? ¿No se le cae la cara de vergüenza con la tasa de paroque tenemos? Ustedes han pinchado las cuatro ruedas del coche”, arrancó Marín. Si en el anterior debate, el candidato de Ciudadanos fue a por los votos de derechas, en este quiso tomar el centro del tablero y trató de lanzar a Díaz a los brazos de Rodríguez, con quien se enredó de nuevo, al igual que en el anterior debate, a cuenta de la crisis en Catalunya y de la idea, discrepante, de España que ambos tienen.

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