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FUNDACIÓN LUCUM, LA tapadera en suiza

Juan Carlos I encargó en Zarzuela "crear una estructura" para ocultar a Hacienda 100 millones de dólares

"El rey no estaba cómodo con la cuenta en Suiza... era una bomba de relojería", sostiene su gestor ante el fiscal suizo, quien sospecha que el dinero pudo ser una comisión por la adjudicación a empresas españolas del AVE a La Meca. 

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Juan Carlos I y Felipe VI. El rey emérito encargó la creación de la fundación panameña Lucum, cuyo dinero oculto heredaría el actual rey. En 2012 tuvo miedo a ser descubierto y donó lo que quedaba a su examiga Corinna Larsen en un banco de Bahamas. 

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El rey Juan Carlos I encargó en el Palacio de la Zarzuela al gestor de fortunas Arturo Fasana y al abogado suizo Dante Canónica que le crearan "una estructura" en Suiza para ocultar a Hacienda una "importante donación" que iba a recibir del rey de Arabia Saudí y que, finalmente, fueron 100 millones de euros.

Este encargo se realizó en el despacho del propio entonces rey de España en el año 2008. Se creó la fundación panameña Lucum, el dinero fue depositado en el banco Mirabaud. Juan Carlos I fue gastándolo hasta que se produjo el accidente de Botswana, en abril de 2012. Dos meses después decidió cerrar la cuenta y enviar la cuantía existente -64,8 millones de dólares- a su examiga Corinna Larsen -antes Corinna zu Sayn-Wittgenstein- a un banco en Bahamas.

Así lo reveló el abogado Dante Canónica, el gestor del este dinero depositado por la Fundación Lucum, ante el fiscal de Ginebra Yves Bertossa, a la que ha tenido acceso El Español.

"Quería deshacerse de ese dinero porque tenía miedo de que se supiera", asegura.

El fiscal sospecha que el origen de este dinero no fue una donación del rey de Arabia Saudita, como aseguró Juan Carlos I, sino que pudo ser una 'retrocomisión' pagada por el consorcio de empresas españolas que resultaron adjudicatarias del tren AVE entre Medina y La Meca. Aunque la adjudicación no se formalizó hasta octubre de 2011, la licitación de ese macroproyecto, por importe de 6.736 millones de euros, se produjo en 2006.

El dinero fue depositado en el banco suizo a nombre de la Fundación Lucum, la misma en la que figuraba como beneficiario Felipe VI. El actual rey de España anunció su voluntad de renunciar a esta herencia cuando falleciera su padre el pasado 15 de marzo, nada más declararse el confinamiento por la pandemia.

En un comunicado, Felipe VI aseguró que se había enterado de ser el beneficiario de la Fundación Lucum el 5 de marzo de 2019 por medio de una carta que recibió el 5 de marzo de 2019 de los abogados de Corinna Larsen, el despacho británico Abogados Kobre&Kim y que trasladó a "las autoridades competentes".

Corinna Larsen declaró al fiscal suizo que recibió 64,8 millones de euros en 2012 de Juan Carlos I "no para deshacerse del dinero", sino "por gratitud y por amor", para garantizar "su futuro y el de sus hijos".

El fiscal Bertossa mantiene imputados a Larsen, al gestor del rey emérito, Arturo Fasana, y al abogado Dante Canónica por un delito de blanqueo agravado de capitales, penado con hasta cinco años de cárcel, según la declaración a la que tuvo acceso El País.

"Era una bomba de relojería"

Dante Canónica dio dos motivos por los que el rey decidió cerrar en 2012 la cuenta de la fundación Lucum y transferir los fondos a Corinna Larsen. De un lado, dijo, "no se sentía cómodo con la cuenta en un banco suizo. Además, en la medida en que el intercambio automático de información [bancaria entre Suiza y países de la UE] se estaba discutiendo e iba a tener lugar a medio plazo, la presencia de esta cuenta en Ginebra era una bomba de relojería".

De otro lado, un nuevo socio de Mirabaud, Antonio Palma, de origen español, "nos hizo entender que la cuenta de Juan Carlos l presentaba un 'riesgo reputacional' para el banco. Indicó que era preferible poner término a esta relación sin fijar una fecha límite".

Sorprendido, pero no incómodo

Dante Canónica también se refirió en su declaración a las idas y venidas de Fasana a Washington y a Basilea después de que Juan Carlos I les facilitara "las coordenadas" del entonces embajador saudí en Estados Unidos, Adel Al-Jubeir, que iba a intermediar en la transferencia del dinero.

El abogado se reunió con el embajador saudí y "confirmó que era de hecho un pure gift [puro regalo] que ascendería a varias decenas de millones. Habló de una horquilla entre 20 y 100 millones".

Cuando descubrieron la cantidad exacta de la donación "llamamos a Juan Carlos I, que se quedó atónito al saber la cantidad que se había pagado. Pronunció una frase como '¡Oh Dios mío! Han sido muy generosos'".

El rey estaba "sorprendido, pero en ningún momento se sintió incómodo con la cantidad recibida". "No es el tipo de hombre que se siente incómodo", explicó Canónica al fiscal.

La comparecencia de Canónica -abogado de la sociedad de gestión de fortunas de Fasana, llamada Rhone Gestion, también implicada en los casos Gürtel y Pujol- se produjo en Ginebra el 24 de agosto de 2018.

Reuniones en el despacho de Zarzuela

El letrado relató que conoció a Juan Carlos I a finales de 2007 o principios de 2008, cuando se lo presentó Fasana "de forma amistosa".

Canónica narró así ese primer encuentro:

"Conocí a Juan Carlos I en Madrid con Arturo Fasana en el Palacio de la Zarzuela. Nos explicó que su amigo, el antiguo rey de Arabia Saudita [Abdalá bin Abdulaziz al-Saúd, fallecido en 2015], quería hacerle una importante donación. Le pregunté cuánto dinero. Me respondió que no lo sabía".

"Preguntó si existía la posibilidad de crear una estructura para recibir esta donación. Le respondí que era importante que supiéramos la cantidad y que también era importante crear una estructura totalmente transparente, es decir, que Juan Carlos I apareciera como beneficiario efectivo".

Según Canónica, estaba "fuera de discusión" montar una estructura "opaca". "Esto no era posible", insistió. "Le indiqué que si los fondos eran depositados en un banco de Ginebra, habría todo un trabajo de due diligence [auditoría legal sobre el dinero] que hacer. Arturo Fasana planteó las mismas exigencias que yo".

Se creó la Fundación Lucum, con sede en Panamá. Fasana y Canónica figuraban como presidente y secretario Fasana era el que administraba los fondos y realizaba los movimientos del dinero. El nombre de Juan Carlos I sólo aparece en un formulario depositado en el banco Mirabaud.

Según Canónica, Fasana y él también le dijeron al rey que era "esencial" que les garantizara que no se trataba del pago de una comisión o de una retrocomisión. Este último concepto se refiere a una práctica ilegal consistente en que el adjudicatario de un contrato ofrece más comisión por obtenerlo y esa sobrecomisión va destinada al intermediario que le ha ayudado.

El abogado explicó al fiscal que no creía que Juan Carlos I haya ido al banco Mirabaud pero, en cambio, sí estuvo en las oficinas de Rhone Gestion. Incluso visitó el domicilio particular de Canónica y el de Fasana.

Éstos, por su parte, lo han visto "muchas veces" en Madrid "para presentarle el resultado de la gestión y para confirmar ciertas órdenes de pago. Estaba muy satisfecho. Juan Carlos I estaba solo cuando nos recibía".

Canónica insistió ante el fiscal que fue el propio rey el que firmó la orden de transferencia de todos los fondos a Corinna Larsen. "Yo no quería que los herederos de Juan Carlos I me reprocharan algún día esta transferencia, por lo que otorgué un poder sobre la cuenta a favor de Juan Carlos I para que él mismo ordenara esta operación".

El rey emérito, según Canónica, no recibió ninguna otra donación en su cuenta ni el rey de Arabia Saudita ni de ningún otro dirigente o monarca extranjero. En la cuenta de Lucum en el banco Mirabaud figura, sin embargo, un ingreso de 1,9 millones de dólares en abril de 2010, procedentes del sultán de Bahrein, según declaró Fasana al fiscal Bertossa.

Canónica precisó que cuando se creó Lucum "redactamos un reglamento de la fundación que fue refrendado por el rey". En él "se designaba al actual rey Felipe VI como heredero en el caso de la muerte de Juan Carlos I". 

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