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Juan Carlos I y los Al-Saud, una vieja amistad cultivada entre millonarios negocios

El rey emérito mantiene una larga y estrecha relación con las principales figuras del régimen árabe que comenzó antes de llegar al trono y continuó intacta tras su abdicación.

Juan Carlos y Salman
Juan Carlos I junto al rey Salman bin Abdulaziz en una foto de archivo. EFE

De un lado, la siempre calurosa Yeda. Del otro, el frío Madrid de enero. Desde aquella ciudad saudí situada a orillas del Mar Rojo, el rey Salman bin Abdulaziz quiso volver a demostrar, como si nunca antes lo hubiera hecho, que en la capital española había un muy buen amigo suyo. También era rey, aunque ese 23 de enero de 2018 ya actuaba como "emérito". Su nombre: Juan Carlos de Borbón.

Aquel día de invierno en España, el monarca recibió una nueva llamada de Salman, quien quería interesarse por su estado físico. "En la llamada, el rey Salman bin Abdulaziz Al Saud preguntó por la salud del rey Juan Carlos", dice un breve texto difundido aquel día en Arabia Saudí por la agencia oficial del régimen. Antes de cortar, Salman le deseó que "continuara con buena salud", mientras que Juan Carlos "expresó su agradecimiento al Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas por los nobles sentimientos".

No hay datos sobre cuánto duró aquella llamada, pero sí sobre la vieja amistad que une a ambos reyes. En un documento de trabajo publicado en junio de 2017 por la Red para el Estudio de las Monarquías Contemporáneas (REMCO), el historiador hispanobritánico Charles Powell, director del Real Instituto Elcano, destaca que "don Juan Carlos comenzó a cultivar a varios de los titulares de las monarquías del Golfo Pérsico, sobre todo a los miembros más destacados de la casa Al-Saud, incluso antes de acceder a la jefatura del Estado, siendo uno de los pocos no árabes invitados al funeral del rey Faisal tras su asesinato en 1975".

Un préstamo sin intereses

En su libro La soledad del rey, el periodista José García Abad incide precisamente en un hecho que puso aquella amistad a prueba. García Abad relata que el entonces rey Fahd, "sensible a los problemas económicos de don Juan Carlos, le confió en los ochenta 100 millones de dólares para que los invirtiera prudentemente y los devolviera a los 10 años sin intereses".

El autor destaca que ese dinero "fue confiado a Manuel Prado de Colón y Carvajal", el ya fallecido diplomático que se desempeñó como administrador del rey durante más de 20 años y a quien García Abad describe como "todo menos prudente". Según destaca ese libro, hubo problemas para devolver el préstamo en tiempo y forma, lo que acabó con una llamada del propio rey "a su homólogo árabe, quien, con sublime generosidad oriental, no perdonó la deuda, pero concedió un plazo adicional de cinco años".

"Facilitador internacional"

En su estudio, Powell subrayaba precisamente el papel del rey Juan Carlos a la hora de conseguir acuerdos de carácter económico con Arabia Saudí. Tras citar la grave crisis que se desató en 2008, el historiador subraya que "la delicada situación económica impulsó a don Juan Carlos a demostrar su eficacia como facilitador internacional, como demuestra su mediación ante la familia real de Arabia Saudita a favor de un consorcio español para la obra del tren de alta velocidad La Meca-Medina, valorada en 6.700 millones de euros, concesión que se anunció en 2010 tras largas negociaciones, y que él mismo consideró su último gran logro".

El director del Instituto Elcano destaca que "un año antes, don Juan Carlos había contribuido a que Riad apoyara la pretensión española de incorporarse al G-20 como observador permanente".

"Sin embargo, este éxito, y los esfuerzos realizados posteriormente para llevar a buen puerto la obra, que se prolongaron más allá de su abdicación, quedaron eclipsados por el estallido del escándalo protagonizado por su yerno, Iñaki Urdangarín, en 2010, y por su participación en una cacería de elefantes en Botsuana en 2012, en el transcurso de la cual se rompió la cadera", destaca. 

Tren a La Meca

En un texto sobre "España y Oriente Próximo" publicado en su página web, el ministerio de Exteriores español destaca que "en 2014, Su Majestad el rey don Juan Carlos llevó a cabo una serie de viajes a los países del Consejo de Cooperación del Golfo, acompañado de varios miembros del Gobierno y de delegaciones empresariales", que sirvieron precisamente para poner de relieve "las especiales relaciones de España con las monarquías árabes del Golfo".

Exteriores destaca que aquellos contactos "contribuyeron a reforzar los lazos económicos con cada uno de los países y a fortalecer la presencia de empresas españolas que ya ejecutan en cada uno de ellos proyectos de gran envergadura representativos de la Marca España, como es el caso emblemático del proyecto de Alta Velocidad que unirá por tren las ciudades de Medina, Yedda y La Meca en 2018".

Del mismo modo, Powell destacaba en aquel documento que "en el ambiente político y social surgido a raíz de la crisis económica, el papel del monarca como mediador entre grandes empresas españolas y las familias reales de Estados no democráticos, necesariamente discreto para resultar eficaz, no fue bien entendido por una opinión pública española cada vez más exigente".

En efecto, la historia se torció. Hoy ese papel de "mediador" es objeto de una investigación por parte de la Fiscalía del Tribunal Supremo en torno al supuesto cobro de una comisión de 80 millones de euros por parte del rey Juan Carlos por su papel de intermediario en la adjudicación de las obras del AVE a La Meca.

Amigos millonarios

A lo largo de su reinado, Juan Carlos I se rodeó de un selecto grupo de empresarios, industriales y banqueros, como los Coca o los Fierro. Según coinciden en señalar distintos expertos, aquel grupo ejerció su propio papel de protección de la Corona.

En ese club de acaudalados figura desde hace décadas el empresario Juan Miguel Villar Mir. La constructora OHL, de la que era su principal accionista mayoritario hasta hace poco, fue una de las principales empresas que formó parte del consorcio que construyó el AVE a La Meca, hoy en el ojo del huracán.  

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