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Caso Villarejo La pieza con más trampas de la causa 'Tándem': así urdieron Villarejo y cia para sostener que era agente secreto

La pieza 28 del 'caso Villarejo' se abrió originariamente para investigar una supuesta "venta de información ‘secreta’ a cambio de precio" desde la cárcel. Pero múltiples indicios indican que Villarejo y sus compinches maniobraron de manera que dicha pieza le sirviera al comisario para reforzar su principal línea de defensa: su condición de supuesto agente encubierto. No en vano, los términos más repetidos por Villarejo durante su comparecencia este jueves ante la 'Comisión Kitchen' han sido "notas secretas", "todo lo mío está secreto" y "responsable de inteligencia". 

Prisión de Estremera (Madrid)
Prisión de Estremera (Madrid) en la que estuvo Villarejo tres años en prisión provisional y parte de ese tiempo con sus 'comerciales' Javier Ruiz Cubero y Alfonso Pazos. Eduardo Parra / EUROPA PRESS

Desde que sus actividades son destapadas en 2015 por los policías de la comisión judicial del Caso Nicolás, periodistas de Público y otro periodista entonces en El País, la estrategia de defensa de Villarejo ha girado sobre dos ejes: el primero, su autoproclamada condición de "agente encubierto" sin remunerar a cambio de licencia para ejercer por lo privado; el segundo, el aviso continuo a navegantes sobre los problemas que él les podría generar si no le sacaban del lío en el que estaba.  

Para resultar convincente respecto del primer eje, Villarejo trata por todos los medios de llamar la atención sobre sus supuestos trabajos de infiltrado y de captación de confidentes en organizaciones criminales, ya sea en asuntos de interés político en España (Catalunya, Partido Popular y caso Gürtel) o en países lejanos (Este de Europa, Líbano o Arabia Saudí). Es por ello que pelea para que Anticorrupción valide una serie de "Notas Informativas" de su factoría que dejó bien a la vista cuando se le detuvo y que, a su juicio, lucen, plasman y demuestran su labor.

Con el mismo objetivo, el comisario se ha empleado a fondo durante tres años y medio en que se ponga foco en la carpeta "Taja", bajo la cual fue guardando la actividad desarrollada con la mercantil Taja Develops SL, empresa que constituyó con una de sus identidades falsas y con la que, sin control judicial alguno, abrió una cuenta bancaria y alquiló una oficina en la Avenida de Brasil de Madrid. Esta oficina es mencionada por él en repetidas ocasiones como un gasto que él asume de su propio bolsillo y de manera altruista para llevar a cabo misiones como agente "encubierto" y por el bien de España.

Desde que lo detienen, Villarejo ametralla al juzgado con escritos en los que con gran dramatismo ruega que se expurgue del sumario todo lo referido a "Taja" por ser "secreto" y poner en "riesgo" operaciones y la seguridad de "confidentes". Un expurgo judicial que no se ha producido, como lo prueban los artículos publicados por este diario acerca de dicha carpeta, cuya fuente es en parte la información bruta incorporada al sumario y repartida a las partes. Si fuera cierto que esa empresa era una tapadera para misiones secretas, instancias judiciales habrían procedido a extraerla de sumario. Se cae por tanto, con relación a "Taja", el falso misterio que Villarejo y su entorno transmiten a su ejército mediático, que hasta hoy lo sigue repicando. 

No obstante, él sigue insistiendo en esa línea; la última vez este mismo jueves durante su comparecencia ante la Comisión Kitchen del Congreso de los Diputados, donde ha pronunciado la palabra "secreto" en torno a un centenar de veces para reforzar su supuesta condición de agente encubierto. 

La pieza 28 de la macrocausa Tándem le viene muy bien a Villarejo para ahondar en esa doble vía comentada de defensa. Dicha pieza se abre en julio de 2020 a raíz de una denuncia de un viejo conocido de Villarejo: Francisco "Paquito" Marco —fundador de la agencia de detectives Método 3— quien, en un escrito a Asuntos Internos (unidad policial adscrita al caso Villarejo al mando último del comisario Francisco Migueláñez), informa de unos contactos que ha tenido con un "desconocido" que lleva tiempo, según él, ofreciendo información confeccionada por Villarejo sobre la llamada Operación Cataluña "a cambio de precio". Marco aporta capturas de mensajes cruzados en los meses de marzo y mayo de 2020 y dos audios con sendas grabaciones de sus conversaciones, reconvirtiéndose tras ello en una suerte de "colaborador" de Asuntos Internos, a quien va informando en tiempo real de los siguientes contactos que mantiene con el supuesto desconocido. 

Tras escuchas (pinchazos y micros en vehículos) y vigilancias ordenadas rápidamente por el magistrado Manuel García Castellón, se identifica al "desconocido" como Javier Ruiz Cubero, exfuncionario de prisiones y convicto por robo con violencia que había compartido estancia en la prisión con Villarejo. Y se constata que también contacta con diversas personas, supuestamente interesadas en información de Villarejo, otro vecino de la prisión, el compañero de celda del comisario, el abogado Alfonso Pazos.

Los oficios policiales trabajan con la única hipótesis de que Villarejo y su mujer, con ayuda de Ruiz Cubero y Pazos, tratan de monetizar la información secreta procedente de la biblioteca y fonoteca del comisario. Pero en ningún momento escritos de fiscales o del juez aclaran si lo de "secreta" refiere a Secreto Oficial o a secreto del sumario en el momento en que los hechos se producen, dando así espacio a que se publique —y él defienda— su condición autoungida de "agente encubierto", su principal línea de defensa.  

Múltiples indicios apuntan a una pieza provocada

A pesar de la tesis única a partir de la cual se abre e instruye la pieza, varios indicios sugieren la alternativa de una estrategia diseñada por Villarejo y sus asesores para reforzar esa doble vía de defensa, que provocaría la apertura de esta pieza, la grabación subsiguiente de conversaciones orales o vía sms y los registros finalmente practicados el 23 de octubre de 2020 en la celda y domicilios de Villarejo y su mujer, Gemma Alcalá, Ruiz Cubero y Pazos.

El propio Pazos explica a su mujer que la verdadera misión que tiene encomendada es la de convencer de que "lo mejor para todo el mundo" es que pongan al comisario en libertad, como puede leerse en esta conversación que mantienen:

Pazos: Y... yo lo único que tengo que hacer es intentar convencer a todos de que lo pongan en libertad, que es lo mejor para todo el mundo, y hay que prometerles exclusivas [a los periodistas] durante años, que es lo que quieren, exclusivas, cosas que no se habían publicado, que sean inéditas...
Mujer de Pazos: Entonces, ¿y tú que te llevas de todo esto, que él se ponga en libertad?
Pazos: Si él se pone en libertad... eh... Pepe [Villarejo] es un, es un comerciante nato y les tiene, y todavía le, claro, le tiene que pasar la factura a todos los que le han dejado tirado y se la va a pasar. Ahora bien, si sale, habrá dinero, habrá dinero, y yo saldré (ininteligible).
Mujer de Pazos: ... ¿Es un WhatsApp?
Pazos: Es Gonzalo Boye [Boye le está mandando un mensaje: "Estoy aún en la Nacional, espero terminar rápido y me voy adonde me digas porque necesito verte" ].

Además de esa reveladora conversación, se identifican múltiples indicios adicionales: la propia denuncia de Marco, la forma en como se comunicaban, el contenido de las conversaciones (supuestos trabajos de Villarejo en asuntos "de Estado") y el ansia por una entrevista de Villarejo en El País, la identidad de los contactados, la naturaleza de lo encontrado mágicamente en su celda y su domicilio, etc.

En primer lugar, hay inconsistencias en la denuncia de Marco que abre la pieza 28. El "desconocido" Javier Ruiz Cubero no lo era tanto, ya que era conocido de Marco desde hacía dos años, según le comenta éste mismo en una conversación: "De hecho, pues llevamos, yo creo, eh..., hace prácticamente dos años que te, eh..., que quedé contigo ¿no?". Marco se presenta como Alberto [Castillo], que es con quien Ruiz Cubero dijo haberse reunido dos años atrás. Por tanto resulta cuanto menos poco creíble que Ruiz Cubero no supiera con quién estaba hablando por teléfono.

Por otro lado, los contactos de Pazos se producen a través de una línea de móvil normal y, mientras charlan, regalan así a los agentes que escuchan los detalles de próximas reuniones para que no falten a la cita de sus vigilancias. Algo sorprendente teniendo en cuenta que los "comerciales" de Villarejo y sus contactados son gente experimentada en estas lides y que por tanto saben que Whatsapp, Telegram y otras aplicaciones no son susceptibles de pinchazo y permiten eliminar mensajes de forma automática. A Pazos se le escapa varias veces que sabe que están siendo grabados, como puede comprobarse en esta comunicación que mantiene con Gemma, la mujer de Villarejo, el 14 de octubre de 2020, a ocho días de los registros:

Pazos: Oye, Gemma, te voy a preguntar dos cosas.
Gemma: Sí, sí... dime.
Pazos: Y después eh... si acaso en casa ya te hago una, una llamada... desde eso...
Gemma: Vale, vale....
Pazos: Dos cosas que como los que están escuchando ya lo saben, pero yo no, no importa que me las digas, eh... ¿Fue el ciego [Miguel Durán] a ver a Pepe [Villarejo]? 
Gemma: Sí.
Pazos: Vale, ya te preguntaré el resultado... ¿Y José Antonio [José Antonio Hernández] ha hecho la entrevista? ¿El de 'El País'?
Gemma: Eh.... Sí, sí.
Pazos: Vale, ¿no sabes cuándo se la ha hecho?
Gemma: Sí, sí... al final sí... No sé... eh... la semana pasada, espérate, espérate, no me cuelgues porque hago cálculos... Eh, me parece... a ver, miércoles o jueves.
Pazos: ¿El jueves de la semana pasada?
Gemma: No, miércoles no, el jueves, el jueves [el jueves era 8 de octubre].
–Pazos: Vale, vale, vale... Vale... Es que como le tengo que llamar, quería saber si le había hecho la entrevista para ponerle las peras al cuarto o no..Dependiendo de...
–Gemma: Sí... eh... El que, el que no puede ir es mi colega, ¿sabes? Que no, por lo visto en la situación que estamos, ¿sabes?... El del libro, el del libro.
–Pazos: Sí, sí.

Con los periodistas Pazos habla durante horas y por línea normal de móvil (no por Whatsapp u otra aplicación) o desde su coche, habilitando el "manos libres". Así es como, por ejemplo, el juzgado puede grabar entera la conversación que José Antonio Hernández, el periodista de El País aludido, mantiene con Pazos el 8 de septiembre mientras éste conduce de Madrid a San Sebastián, aunque el periodista efectúe la llamada a través de la aplicación Signal. Es más, es el propio Hernández quien le pide a Pazos que ponga el manos libres, con la excusa de que va conduciendo.

Por otro lado, salvo por las conversaciones que Ruiz Cubero mantiene con Marco el "denunciante", en las que habla de un precio exorbitante y por tanto carne de titular (11 millones de euros por documentación de la Operación Cataluña), en ninguna otra conversación de Pazos transcrita en los primeros siete tomos de la pieza se habla de dinero. Tampoco en las conversaciones de Pazos con Boye, la persona con la que más habla, ni en las que mantiene con periodistas a los que les ofrece de todo —"exclusivas durante años"— a cambio únicamente de que publiquen en la dirección que se desea. 

En otro orden de cosas, Pazos envía mensajes concretos que ahondan en la doble vía de defensa de Villarejo. Se extiende en los temas estrella en los que Villarejo se autoatribuye una actuación de agente encubierto en aras de un bien superior (Corinna y emérito, Gürtel, Podemos y Venezuela, Casa Real árabe, etc.); y en paralelo lanza mensajes que quedarán grabados y serán difundidos cuando la pieza se reparta y se filtre a la prensa: que Villarejo "aún no ha traicionado a nadie" porque hasta ahora se trabaja en el juzgado con "corta pegas" (en posible referencia a los informes-parapeto con los que Villarejo justifica sus trabajos para terceros), pero que todo lo tiene grabado y documentado, y que en cualquier momento la situación puede variar. En este contexto, Pazos señala que no se explica cómo, del centenar de imputados que acumula el caso, solo Villarejo está en la cárcel.

Según las conversaciones grabadas que se transcriben en los anexos a los oficios, Pazos ofrecía a los periodistas información incautada a Villarejo en el registro de 2017 pero que no había sido objeto de especial atención por la fiscalía, a quien se acusa de "ocultarla" porque o bien no se había incorporado al sumario repartido o, de haberse incorporado, no se había destacado. Villarejo era consciente de que prácticamente ningún periodista se estudiaría los kilométricos anexos del sumario y que, de hacerlo, no iban a recibirse con el mismo interés que si hubieran sido objeto de análisis específico en una pieza abierta para ello, como finalmente ocurrió con las "Notas Informativas" de su exclusiva producción en la pieza 28, que era justo donde él quería poner el foco.

El 22 de octubre de 2020, el juez García Castellón dicta auto de detención y entrada y registro para Villarejo y su mujer, Alfonso Pazos y su mujer, y Javier Ruiz Cubero. A pesar de que durante cinco meses se había insistido en la gravedad de los hechos ("venta y revelación de secretos") para justificar escuchas y vigilancias, todos son puestos en libertad a las pocas horas, salvo Pazos. En el caso de éste se da la circunstancia de que la decisión de prisión no le hace mella, porque ya estaba en la cárcel por una condena anterior de ocho años. Ninguna de las personas contactadas (supuestos compradores) son llamadas en calidad de investigadas; la fiscalía solo lo solicita para una periodista, pero el juez lo desestima por "prematuro".

Tras este auto, en la celda de Villarejo se le incautan 14 documentos fechados entre 2007 y 2020 que el acta del registro titula como "Viaje Líbano", "Viaje Arabia Saudí", "Operación Cataluña", "NI compra voluntades lituanas", etc. Es decir, casualmente el tipo de "notas informativas" con las que el comisario quiere convencer de que ejecuta "misiones encubiertas" y justo en los lugares en los que Pazos ubica a Villarejo, argumentando que el CNI no tiene recursos suficientes para investigar allí. Ni que decir tiene que Villarejo hizo un gran aspaviento cuando su celda fue registrada, revuelo que fue convenientemente repicado en prensa, creándose así la expectación y foco deseados sobre esas "Notas" que, ahora sí, acabarían incorporadas vía registro como protagonistas de esta pieza del sumario, obligando al juzgado a pronunciarse sobre ellas.

Por su parte, en el registro al chalé de Villarejo en Boadilla del Monte, aparecen de repente y de forma milagrosa las agendas correspondientes al periodo de 22 junio de 2007 a 5 de mayo de 2016, agendas que no fueron localizadas cuando Villarejo fue detenido. Son los cuadernos donde Villarejo anotaba cada día con quién se reunía o hablaba y comentaba en dos frases para qué y/o sus impresiones; es decir, el clásico aviso de Villarejo a navegantes (empresarios, políticos, periodistas, etc.). Se desconoce si se han realizado pruebas científicas para descartar su retoque o elaboración del tirón mientras el comisario estaba en prisión o en los meses anteriores a su detención.

El 18 de octubre, solo cuatro días antes que el juez ordenase estos últimos registros, Pazos necesitaba hablar con la mujer de Villarejo de algo importante y confidencial, para lo que le pedía el uso de una cabina (otro indicador de que se sabían con las comunicaciones intervenidas): "Nada que no sepas, pero que hay que mover", le escribió

Pazos [21:13]: Buenas noches.
Pazos [21:14]: Necesito hablar contigo por línea segura.
Pazos [21:15]: Busca una cabina o similar para mañana tarde.
Pazos [21:15]: Te mandaré teléfono.
Gemma [21:15]: Sobre qué hora?
Pazos [21:17]: No sé, me operan por la mañana, en cuanto despierte, media tarde 16-18.
Gemma [21:19]: ¡Dios mío, es verdad!
Pazos [21:19]: Va a ir todo bien, ya verás.
Gemma [21:19]: Prepárate, es importante.
Pazos [21:20]: símbolo de dedo OK
Pazos [21:20]: símbolo de diablillo sonriente
Gemma [21:20]: No me asustes.
Pazos [21:20]: Nada que no sepas, pero que hay que mover.

Contactados: periodistas y abogados con poder de difusión

De acuerdo con los oficios, Pazos y Cubero, que a todas luces actúan como enviados de Villarejo, mantienen contactos de marzo a octubre de 2020 además de con Marco, "el denunciante", con los abogados Gonzalo Boye (Boye Elbal Abogados) y Luis de las Heras (Duran Duran Abogados); con el ex secretario de Estado de Interior Francisco Martínez, con el amigo de Villarejo y colaborador en la web de Eduardo Inda, José Manuel Sánchez Fornet (exsecretario general del sindicato policial SUP); con el escritor David López Canales; y con los periodistas José Antonio Hernández (El País), Pablo Gabilondo (El Confidencial) y María Jesús Montero (colaboradora de Confilegal y Radio Las Palmas). A todos se les ofrecen exclusivas guiadas y documentación de forma gratuita para que publiquen y distribuyan. La lista de contactos se completa con un amigo de Pazos con quien se reúne el 11 de septiembre y que a su mujer le describe como un "agente del CNI", afirmación que se cae por sí sola al ser identificado dicho "agente" por su nombre y apellidos en el sumario repartido a las partes sin expurgo de su identidad y de la propia existencia de la reunión, algo que hubiera sido obligado de ser cierta su condición de pertenencia a los servicios secretos.

Frecuencia y calendario de contactos de los enviados de Villarejo entre julio y octubre de 2020. Elaboración propia con los primeros siete tomos de la Pieza 28

A estas personas hay que añadir otras con las que Pazos chatea, según el examen de un dispositivo móvil de éste que los agentes realizan in situ cuando proceden a su incautación: se trata de los abogados Javier Carnerero (letrado de la acusación el Caso Ático contra Ignacio González), Manuel Santaella (letrado de Antonio Asenjo, ex jefe de Seguridad de Iberdrola e imputado en la pieza que investiga la contratación de Villarejo por esta empresa) y Francisco Miranda Velasco (Vox Legis), famoso por su relación con narcotraficantes, como Laureano Oubiña, y por su condición de nuevo letrado de uno de los protagonistas condenados en el caso del atentado del 11 M, un caso en donde  estuvieron personados Gonzalo Boye y el abogado de defensor que han escogido Pazos y su mujer, Miguel García Pajuelo. En los chats también figura Alfonso Carrascosa, fundador de Legalitas, muy próximo a Manuel Marchena y un habitual en la vida de Villarejo y del comisario Carlos Salamanca, el exjefe del puesto fronterizo de Barajas y detenido al mismo tiempo que Villarejo. La lista de chats se cierra con Julio Corrochano, expolicia y ex jefe de Seguridad de BBVA e imputado en la pieza sobre la contratación de Villarejo por este banco.

Las personas que acaparan el interés de Pazos en el periodo bajo vigilancia judicial son el periodista de El País José Antonio Hernández y el abogado Gonzalo Boye.

La trastienda de la ansiada entrevista en 'El País'

Tanto contacto con Hernández se explica en el interés en que éste haga una entrevista a Villarejo que se publique en El País. La entrevista se realiza el 8 de octubre de 2020 en Estremera, si bien —y para enfado de Pazos y de la mujer de Villarejo— no se publica hasta el 2 de noviembre, pasados el registro y las detenciones, y además con partes eliminadas por decisión de la dirección del medio, que había cambiado en junio.

Este mismo jueves, con ocasión de la comparecencia de Villarejo en el Congreso de los Diputados para dar su testimonio en la comisión de investigación sobre Kitchen, el periodista firma en El País parte de los fragmentos entonces eliminados con relación a este asunto de Kitchen. La entrevista fue grabada y prometida copia a Villarejo, según se desprende de la conversación transcrita en el sumario entre Hernández y Pazos.

Hernández es también la persona que rubrica la famosa entrevista exclusiva al ex secretario de Estado de Seguridad en vísperas de su esperada declaración judicial en la pieza Kitchen y que se publica el 12 de septiembre con el título de "Francisco Martínez: voy a contarle al juez todo lo que sé", aunque luego en sede judicial enmudeció. Precisamente, el 11 de septiembre, el día anterior, Pazos había estado reunido con Martínez en la cafetería del hotel Torre Madrid, según el acta de vigilancia. Cuatro días antes, el día 8, Hernández había informado a Pazos de que se había visto con él el 7, día anterior, después de que Pazos se preguntase a quién más tendrían que dejar caer para que arreglasen lo de Villarejo. Pazos dejaba grabada esa amenazadora reflexión en los días en que se iban conociendo las importantes cabezas que se iban poniendo en suertes en la pieza Kitchen: un exministro, una exministra, el marido de ésta, un secretario de Estado...:

–Pazos: Eh... Hay que... después de las últimas noticias de la... que dieron de la imputación de estos tres, la Cospedal, de su marido y el otro. ¿Qué pasa? ¿Que aquí nadie se va a sentar a arreglar esto?
José Antonio Hernández: ¿De qué arreglar Alfonso? Si yo creo que ya esto no tiene arreglo.
–Pazos: ¿Cómo? ¿Cómo, qué? Pero a alguien habrá que llamar, a alguien se tendrá que sentar y habrá que ver cómo se soluciona esto... ¿O qué pasa?

Boye, la persona con la que más contacta Pazos 

Gonzalo Boye es la persona con la que el "comercial" de Villarejo presenta más contactos, más regulares y más extendidos en el tiempo. Si bien en conversaciones entre Cubero y Pazos lo describen como representante de un posible cliente interesado, en las conversaciones que mantienen, a veces parece más un asesor de crisis de Villarejo.

De hecho, en los primeros cruces de mensajes registrados en el sumario entre Boye y la mujer de Pazos (4 y 5 de marzo de 2020) se inquiere al abogado por una noticia sobre el rey emérito cuya publicación y difusión Villarejo espera con impaciencia. Según se desprende del intercambio de mensajes, se trata de la famosa "investigación" de los 100 millones de euros de la Lucum Foundation, que primero se publica en el periódico local suizo Ginebra Tribune para ser repicada al instante por la prensa española. Se le pregunta asimismo sobre si también saldrá lo de la "tarjeta negra", en clara referencia a lo publicado por la web de Inda tres días antes sobre una tarjeta de crédito titulada por la empresa de Álvaro de Orleans y presuntamente disfrutada por el rey emérito. 

Cruce de mensajes del 4 de marzo de 2020 entre Boye y la mujer de Pazos:

Mujer de Pazos [12:23]: hola, buenos días, soy la mujer de Alfonso [Pazos] me comenta mi marido que te trasmita este mensaje: "la fuente [en referencia a Villarejo] está tremendamente decepcionada, la hemos perdido". Un saludo
Gonzalo Boye [12:23]: Pues se confunde pq ha salido
Gonzalo Boye [12:23]: Igual es que no ha mirado bien
Mujer de Pazos  [12:23]: yo le trasmito mañana gracias
Gonzalo Boye [12:23]: Dile que le veo el 18 [a su marido Alfonso Pazos]
Gonzalo Boye [12:24]: Gracias
Mujer de Pazos [12:24]: ok

Cruce de mensajes del 5 de marzo de 2020 entre Boye y la mujer de Pazos:

Mujer de Pazos [11:59] ¿si de la tarjeta negra también ? [se refiere a lo publicado por Inda en esa semana, el 2 de marzo, con relación a una tarjeta de crédito supuestamente usada por el rey emérito que sufragaba la empresa de Álvaro de Orleans]. 
Mujer de Pazos [11:59] indícame dónde ha salido para buscar
Gonzalo Boye [11:59] Sí.
Mujer de Pazos [12:00] dónde
Gonzalo Boye [12:01 El Nacional [elnacional.cat]
Mujer de Pazos [12:01] ok

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