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Derechas Por qué es más 'fácil' el viaje ideológico de la izquierda a la derecha y no al revés

¿Nos hacemos conservadores con la edad o influyen otros factores más allá del paso de los años? Politólogos y sociólogos analizan los motivos de la deriva de los políticos y votantes.

Rosa Díez, Felipe González, Antonio Gutiérrez y Cristina Almeida. / EFE
Rosa Díez, Felipe González, Antonio Gutiérrez y Cristina Almeida. / EFE

Muchos políticos españoles han evolucionado de posturas progresistas a centristas y conservadoras desde la llegada de la democracia. ¿Son cosas de la edad? Influye, claramente, el paso del tiempo, pero no es la única causa, según varios expertos consultados, quienes también subrayan que esa deriva también afecta a numerosos votantes. Sin embargo, es infrecuente ver a un político de derechas adentrarse en los caminos de la izquierda.

Los casos son contados y el paradigma es Jorge Verstrynge, diputado de la Alianza Popular de Manuel Fraga que terminó abrazando el nacimiento de Podemos. "Son giros estrambóticos y, en esa ocasión, un cambio raro y peculiar", explica el politólogo Carlos Rico, profesor de la Universidad Pontificia Comillas, quien considera que hay una tendencia sociológica a que las personas se hagan conservadoras a medida que se hacen mayores.

Más allá de la edad, Ignacio Jurado, politólogo y profesor de la Universidad Carlos III, cree que en su día algunos políticos progresistas tuvieron que moderar su discurso para tener más posibilidades de acceder tanto a puestos de representación como de mando. "Mientras tomaban esa opción para entrar en el Gobierno, en la derecha era menos necesario porque abarcaban más, es decir, ya estaban en las organizaciones políticas y en las instituciones".

Jurado cree que, aunque tenga que ver con el ciclo vital, la derecha estaba menos fragmentada y apenas había espacio parlamentario a su diestra, mientras que a la siniestra de la socialdemocracia se produjeron más movimientos. Así, ha sido habitual el salto de miembros del PCE, CCOO e Izquierda Unida al PSOE (Rosa Aguilar, Nicolás Sartorius, Antonio Gutiérrez, Diego López Garrido, Cristina Almeida…). O de la formación de la rosa y el puño a la derecha, como la exlíder de UPyD, Rosa Díez.

También ha habido una evolución hacia posturas más conservadoras dentro del propio PSOE, tanto durante sus años de actividad parlamentaria y gubernamental, como una vez fuera del Congreso o del Gobierno. La exministra socialista Cristina Alberdi, por ejemplo, terminó asumiendo la presidencia del Consejo Asesor del Observatorio contra la Violencia de Género de la Comunidad de Madrid, con la popular Esperanza Aguirre al frente.

Jaime Aja Valle, profesor de Sociología de la Universidad de Córdoba, estima que también debe analizarse desde una perspectiva generacional. "Muchos políticos se socializaron políticamente en una época con una hegemonía cultural de la izquierda y con la efervescencia de la teoría marxista. Entraron por esa vía y se dejaron llevar por la sociedad, cuyo giro conservador acompañó el propio giro de los representantes públicos".

El sociólogo se remonta en el tiempo para explicar que en los programas electorales de los comicios de 1977 y 1979 había "vías socialistas o socializantes". Es decir, que los partidos asumían que el Estado debía tener un mayor papel en la economía, una tesis que se fue al traste tras la revolución conservadora de los ochenta, "rápida y radical", que provocó un viraje a la derecha en el pensamiento político —a la vez que se producía un aumento de las libertades, ligado a la transición—.

Los políticos, según el profesor de la Universidad de Córdoba, se movieron con la sociedad. Así, en los setenta hubo un giro a la izquierda que hizo que algunos políticos se deslizasen hacia el centro e, incluso, hacia la socialdemocracia. "Influyó la debilidad de las estructuras partidistas de la época, que eran relativamente recientes. Por ello, la adscripción a un partido respondía más a una cuestión coyuntural, algo que no se dio tanto en otros países europeos", matiza.

¿Evoluciona el político o el partido?

Carlos Rico cree que no es conveniente generalizar y que habría que estudiar caso por caso. De hecho, cuestiona el enfoque monolítico de que un político se haga conservador con el paso de los años. "Puede suceder que el partido no esté donde estaba antes. Entonces, alguien puede cambiar de formación antes que cambiar sus principios. Del mismo modo que puede hacerse conservador al tiempo que cambia la política de su partido".

El profesor de la Universidad Pontificia Comillas pone como ejemplo el PSOE de antaño, con integrantes a la izquierda de la socialdemocracia y otros adscritos al ala liberal progresista, como Felipe González, Joaquín Almunia o Carlos Solchaga. "Más allá de que pasase de la chaqueta de pana a los consejos de administración, el expresidente del Gobierno sigue defendiendo la España monárquica como hacía en la transición".

"Aunque el partido cuestionase la institución real, ellos siguen donde estaban. O sea, que el PSOE —un partido que ha aglutinado muchas sensibilidades— se ha movido hacia la izquierda con Pedro Sánchez, quien se había presentado como perteneciente al ala liberal, pero luego se dio cuenta de que le resultaba más rentable frente a los votantes hacerlo como un izquierdista", opina Rico.

Las formaciones están cambiando sus posiciones, según el politólogo, porque han percibido que son más valoradas por los votantes si se escoran hacia los extremos que si se sitúan en posiciones de consenso. "Los jóvenes de hoy ven la política muy distinta a los de antes. Basta observar las redes sociales, donde abundan la polarización y los extremos, mientras que ya no hay centro", razona Rico.

Los cantos de sirena del sistema

La divergencia de la evolución personal y la del partido, la edad y la poltrona. Jaime Aja cree que todo es susceptible de pegarse. O, como explica él, puede producirse una cierta cooptación social. Es decir, que un progresista terminaría acomodándose a un nuevo estatus: "Un outsider, procedente de la clase trabajadora o media, que durante años ejerce la política tiene relaciones sociales con la clase alta y se va adecuando a ellas".

Los palcos de los clubes de fútbol, las fiestas de la alta sociedad, el roce con los empresarios… "Las instituciones pueden servir como instrumento de cooptación de políticos de izquierdas, radicales o revolucionarios a posiciones conservadoras o afines al pensamiento dominante", añade el profesor de Sociología de la Universidad de Córdoba, quien no lo ve siempre como algo planificado, sino como una adaptación al nuevo medio.

El expresidente del Gobierno Felipe González. / EFE

"Residen en un barrio obrero y empiezan a tener otros amigos, costumbres y formas de consumo, de modo que su pensamiento se va haciendo más conservador", razona Aja, quien argumenta que si un político de derechas se compra una casa no sorprende, mientras que al contrario causa polémica. "Si vive como uno conservador hace sospechar a sus votantes, porque sus hábitos de vida y sus relaciones pueden afectar a sus políticas".

¿Por qué los de derechas no emprenden el camino ideológico inverso? "Los instrumentos de cooptación de las clases dominantes son más potentes que los de la izquierda. Además, pasan de disfrutar de unos privilegios heredados a unos privilegios políticos, una aspiración legítima para ellos. En cambio, para una persona progresista, transformadora o revolucionaria es un signo de acomodación, por lo que tiene que resistir los cantos de sirena de la derecha", concluye el sociólogo.

¿Cambia el partido o el votante?

La evolución del votante también puede ir en paralelo a la del político o del partido, una cuestión sociológica difícil de resolver, según Carlos Rico. "¿Se mueven ellos autónomamente o son arrastrados por los discursos de sus líderes? Creo que los medios, los políticos y quienes crean opinión conducen a la sociedad hacia ciertas posiciones", cree el profesor de la Universidad Pontificia Comillas.

El politólogo está convencido de que se mueven más los partidos que las personas. Y que estas pueden desplazarse en el arco ideológico porque precisamente ha variado la estrategia de la formación que respaldaban. Para ello, se pone en la piel de un hipotético votante que podría plantearse: "Mi partido me puede decir que soy un traidor o de derechas porque me he comprado un chalé". Algo que también sucede con los propios políticos.

Ignacio Jurado cree que partidos y ciudadanos evolucionan en paralelo, si bien cada uno responde a sus circunstancias. "Cuando tienes más que perder, te haces más conservador. Al aumento de los ingresos y de la edad, habría que añadir la situación familiar, lo que aporta una visión más tradicional". O sea, que cuando alguien debe pagar una hipoteca y tiene hijos, su ideología o su opción de voto pueden variar.

La antigua parlamentaria del PSOE y posterior líder de UPyD, Rosa Díez. / EFE

"De todas formas, los partidos tienen un peso por sí mismos que trasciende a las personas. Es un organismo multicelular, al que se incorporan nuevos miembros, aunque sigue manteniendo una vida propia más allá de sus políticos y de sus votantes", añade el profesor de la Universidad Carlos III, quien reconoce que unos y otros pueden influir en sus estrategias.

Por ejemplo, la madurez de sus dirigentes podría barnizar al PSOE de una imagen institucional o situarlo más a la derecha. Del mismo modo que si sus electores se acercan o entran en la edad de jubilación, la formación no va a ignorarlos e incorporará al debate el tema de las pensiones. "El partido tiene una ideología que se suele mantener, si bien es voluble en función de sus líderes y de los ciudadanos", apunta Jurado.

Generación y ciclo vital

La politóloga Berta Barbet, experta en comportamiento político e investigadora de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), piensa que la socialización es un elemento clave, de modo que es difícil que puedan cambiar los valores que uno atesora en la juventud. "Se ha asumido que a medida que logras una estabilidad económica te vuelves más conservador, pero es un cambio más pequeño que el de base".

Claro que uno puede valorar lo que antes no tenía, prosigue Berta Barbet, aunque rechaza que se deba solo a una cuestión de edad. "En España los cambios generacionales son más relevantes que los cambios de ciclo vital. Es difícil que cambie de una forma dramática quien se crio políticamente con la transición o con el 15-M. Eso impacta más en tu percepción política que el hecho de tener veinte o sesenta años".

¿Y no influye el paso del tiempo si ese acontecimiento sucedió durante la juventud? "Con los años puede haber nuevos elementos que te afecten, como la decepción o el hecho de valorar aspectos que antes no apreciabas", matiza la editora de Politikon, quien reconoce la dificultad de que un conservador se vuelva progresista. "Es complicado. Debería suceder algo en su vida que le lleve a ello, como quedarse sin nada y tener que empezar de cero".

El execretario general de CCOO y exdiputado del PSOE, Antonio Gutiérrez. / JAIRO VARGAS

Jaime Aja también cree que hay una evolución que responde al corte o generación, más allá de la edad, aunque según él los años influyen en la raigambre de las preferencias políticas. "Las de los jóvenes pueden variar más, pues su situación está marcada por la inestabilidad laboral. Si están en paro o en precario, escuchan a quien plantea cambios. De lo contrario, pueden sentirse más atraídos por políticas que tiendan a la estabilidad", explica el sociólogo del trabajo.

Hay un giro histórico y en la propia biografía de las personas, tanto en el ciudadano como en el político, prosigue Aja. De modo que, cuando un votante cumple treinta o cuarenta años puede moderar su discurso y estar a favor de "políticas de orden", incluso dentro del campo progresista, cree el profesor de la Universidad de Córdoba, quien observa un cierto giro a la izquierda en la sociedad desde que José María Aznar dejó la Moncloa. "La razón de que gobernase Rajoy fue la desmovilización de la izquierda".

Genética, educación y experiencia

Ignacio Morgado Bernal plantea que la educación —desde la familia, el lugar de nacimiento y el ambiente donde nos criamos, hasta las personas con las que nos relacionamos, como los amigos y los profesores— hace que seamos de izquierdas o de derechas, aunque también influyen los factores biológicos. "Ahora bien, la psicología existe porque no hay dos individuos exactamente iguales". ¿Pero pesa más el entorno o la genética?

"Es imposible encontrar un comportamiento en el que no influyan ambos factores. La educación interactúa con la biología y está relacionada con la experiencia", explica el catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia y en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), quien deja claro que hacerse más conservador con los años es de sentido común y responde a una lógica aplastante. "Los jóvenes son más rebeldes y aceptan actitudes más agresivas. Es decir, la falta de experiencia y de madurez los hace anclarse más en una posición ideológica".

Rosa Aguilar, alcaldesa de Córdoba con IU, terminó siendo ministra con el PSOE.

Sin embargo, Morgado no cree que con los años varíen mucho los valores, sino el enfoque para cambiar el mundo. "Quien de joven adquirió principios de solidaridad, respeto, tolerancia y buen hacer suele mantenerlos, pero busca fórmulas que atiendan a todos los ciudadanos, no solo a su forma de pensar. De modo que, por ejemplo, pueden renunciar a la violencia como método", añade el autor de Emociones e inteligencia social: las claves para una alianza entre los sentimientos y la razón (Ariel).

"El conservador maduro no es necesariamente de derechas, sino que busca posiciones de compromiso social y huye de formas radicales e impositivas", opina el catedrático de Psicobiología, quien analiza los cambios que se producen con el paso de la edad pese a que los genes hayan condicionado nuestra orientación ideológica. "La principal capacidad del cerebro es su plasticidad, de modo que uno cambia cuando sufre determinadas experiencias".

Un factor biológico que influye en la personalidad es la reactividad emocional, según Ignacio Morgado Bernal, quien se vale de una metáfora para explicar la evolución de nuestra doctrina política: todo el mundo nace con un cañón de un determinado calibre (los genes), que va a determinar la fuerza con la que reaccionaremos ante determinadas situaciones emocionales. Podemos hacerlo con más o menos fuerza, enrabietados o callados, según un calibre que es
heredado y se manifestará a lo largo de nuestra vida.

"¿Pero hacia dónde apunta ese cañón y cuándo dispara?", se pregunta el catedrático de la Facultad de Psicología de la UAB. "Eso lo determina la educación, las experiencias y la cultura de cada uno, y cambia con la edad, de modo que de mayor ya no te cabrean situaciones que sí lo hacían de joven, porque el estímulo es diferente y con más amplitud de miras. Los genes determinan la fuerza. Pero la educación y la cultura, que cambian con la edad, determinan hacia donde diriges tus emociones. Ahora bien, el calibre del cañón sigue siendo el mismo".

Jorge Verstrynge, exdiputado de Alianza Popular, uno de los pocos políticos que evolucionó hacia la izquierda.

El coche, el piso, la hipoteca o los hijos pueden hacernos más conservadores, porque debemos responder a unas exigencias, que terminan formando parte del aprendizaje y la experiencia. "No es lo mismo ser un adolescente libre de toda clase de responsabilidades —porque puedes actuar como te dé la gana e incluso algunos actos son perdonados porque se achacan a la juventud— que ser mayor, cuando tu actitud puede afectar a las personas que te rodean", añade Morgado, quien explica así como la recogida de información por un cerebro plástico determina una modificación del comportamiento.

De la confrontación al consenso

El catedrático de Psicobiología no atribuye a una causa concreta que los políticos evolucionen de la izquierda al centro o a la derecha. ¿Responde al oportunismo, al intento de medrar o a la mera supervivencia? ¿O, simplemente, el progresista se hace conservador con el paso de los años? Morgado vuelve a la psicología: va a depender de cada caso.

"Al político que hace de la política profesión le puede interesar mucho más la política que mantiene su escaño que la que mantiene sus principios. Se profesionaliza, necesita sobrevivir, es humano, y eso influye en sus principios, que puede llegar a cambiarlos haciendo de la necesidad virtud. Por lo que se entiende que cambie por interés personal, pero también que los años y la experiencia le haga ver las cosas de otra manera. Y eso es bueno, porque forma parte de las capacidades del cerebro para adaptarse a un mundo enteramente cambiante", matiza.

El cerebro, pues, adapta nuestro comportamiento para ajustarlo al medio y a las circunstancias en las que vivimos. "Si fuera rígido y no se amoldase, los humanos habríamos desaparecido hace mucho tiempo", añade Morgado, quien insiste en que la evolución ideológica no suele obedecer tanto a un cambio de valores como a un cambio de las maneras de actuar para que la sociedad se adapte a esos valores.

Cristina Almeida, exmilitante del PCE, de IU y del PDNI, partido que terminó integrándose en el PSOE.

"Cuando eres joven, crees en la solidaridad, pero las manifestaciones para alcanzar tus propósitos pueden ser más agresivas o violentas. En cambio, con la edad asumes que hay otras fórmulas, más basadas en el consenso. Tradicionalmente, en la izquierda se piensa que la dinámica de progreso implica más enfrentamiento que cooperación. Sin embargo, esa dialéctica de enfrentamiento está superada y quien mejor lo demuestra es la ciencia, que no podría avanzar si no hubiera cooperación, en lugar de enfrentamiento, entre los científicos", teoriza el catedrático.

Según él, los mayores comprenden mejor que los jóvenes que "la cooperación es más progresista que el enfrentamiento". Así, Morgado cree que uno debe competir consigo mismo para mejorar cada día, mientras que la competencia con el otro produce "odios y corrosiones". Por ello, a la hora de responder a por qué los políticos españoles se pasan de la izquierda a la derecha, estima que más que un cambio de valores se trata de un cambio de procedimiento.

"Con setenta años, ya no eres partidario de revoluciones, aunque cuando era joven yo mismo salí a la calle a manifestarme contra el franquismo", concluye el catedrático del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona. "Ahora bien, entonces como ahora sigo pensando que es mejor una sociedad igualitaria, solidaria y justa".

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