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Teresa Rodríguez, un viaje desde Bruselas a Sevilla para resucitar el andalucismo

La portavoz de Adelante Andalucía, que hoy ha anunciado que deja el escaño, llegó a la política institucional en las elecciones europeas de 2014. En 2015, desembarcó en el Parlamento andaluz, donde se las tuvo tiesas con la expresidenta Susana Díaz y pasó por episodios traumáticos, como su expulsión a las bravas del grupo que compartía con IU, antes de envolverse y refugiarse con la bandera de Andalucía.

Teresa Rodríguez, en abril de 2016. Archivo.
Teresa Rodríguez, en abril de 2016. Archivo. FELÍX SÁNCHEZ / Europa Press

Hoy Teresa Rodríguez respira tranquila. Ocho años después de su desembarco en la política, en las elecciones europeas de 2014, deja el Parlamento de Andalucía. Con ello, cumple una promesa que se hizo, más que a los demás, que también, a sí misma. No parecerse a un político profesional "ni en los andares", mantener firmes los principios y no caer en el abrazo del poder, del terciopelo, de la moqueta. Para ella, según ha dejado dicho en numerosas ocasiones, el Parlamento es una institución pomposa y alejada de los problemas reales de la gente, una "burbuja de privilegios". Hoy, después de un viaje de ocho años, vuelve al lugar en el que le gusta estar: en el activismo y la militancia. 

La llegada de Rodríguez y 14 compañeros suyos al Parlamento de Andalucía tras las elecciones de 2015, hasta entonces dominado de una o de otra manera, con unas u otras alianzas, por el PSOE de Andalucía, trajo nuevos aires, que venían directamente de las plazas y que buscaban abrir todas las puertas y ventanas de la Junta de Andalucía.

En aquellos comicios, los ciudadanos pusieron al PSOE de Susana Díaz ante la disyuntiva de hacer una mayoría con dos partidos nuevos, o bien el primer Podemos, fresco y revolucionario o bien el primer Ciudadanos, de impecable traje chaqueta. La desconfianza hacia la política institucional, hacia los despachos, hacia el propio y hegemónico PSOE de Andalucía de numerosos miembros de Podemos, no solo de Rodríguez, deparó escenas inéditas en aquella negociación, como la petición de que se retransmitiese en directo.

Los socialistas, después de tres investiduras fallidas, y ante la ausencia de un horizonte de acuerdo con Podemos, optaron por una alianza con Ciudadanos. Rodríguez y Díaz se las tuvieron tiesas desde el primer momento. Su falta de química (un encuentro en San Telmo del que Rodríguez salió "estupefacta" marcó la relación entre ambas) caracterizó la legislatura, en la que Andalucía viró hacia el centro del tablero político, después de tres años de cogobierno de PSOE e IU.

Rodríguez se empeñó en trabajar una dura labor de oposición al PSOE de Díaz, en la que ubicó, en la primera línea de batalla, el estado de las aulas andaluzas y de la sanidad pública, la protección de Doñana y los privilegios de los diputados.

En paralelo, ante el desgaste que se detectaba en el hegemónico PSOE andaluz, derrotado en la batalla interna con Pedro Sánchez, y a lomos de la esperanza del soñado sorpasso, Rodríguez –mientras discutía con Madrid para poder emanciparse y tener un Podemos andaluz como el catalán– fue fraguando una alianza con toda la izquierda, singularmente con la IU de Antonio Maíllo.

El proyecto, que acudió a los comicios de 2018, con grandes expectativas, acabó en fracaso. Sus 17 escaños resultaron irrelevantes. La irrupción bajo el radar de Vox en una campaña del gusto de la derecha en la que tuvo más peso de la cuenta Catalunya, junto con el tirón de Ciudadanos, permitieron al PP de Juan Manuel Moreno gobernar. Y Andalucía viró hacia la derecha.

Ruptura y andalucismo

La legislatura que arrancó en 2018 vivió la implosión de ese proyecto unitario. Rodríguez dejó la dirección de Podemos en Andalucía y se grabó para la ocasión un vídeo cariñoso con Pablo Iglesias. Después, todo se disparató. Las relaciones con Podemos e IU en Andalucía, enrarecidas por la entrada de estos partidos en el Gobierno de España con el PSOE de Pedro Sánchez y su idea de desvincularse todo lo posible del poder de Madrid, desembocaron en una ruptura traumática. Rodríguez y sus diputados afines fueron expulsados sin avisar y a las bravas del grupo parlamentario de Adelante, que compartían y que Rodríguez presidía. Este es un asunto aún vivo, pendiente de que el Tribunal Constitucional.

Libre ya de pies y manos, Rodríguez y los suyos se embarcaron en la aventura de resucitar el andalucismo y sacarlo del cajón de la autonomía. Después de una fallida negociación con otros partidos de la izquierda para explorar una candidatura conjunta, en una campaña de bajo perfil mediático y entre los torpedos de IU, empeñada en liquidar el legado de su exsocia y quedarse como única referencia de la izquierda, lo lograron: Adelante Andalucía obtuvo dos escaños en las autonómicas de 2018. Uno de ellos es el que esta semana deja Rodríguez.

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