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Trapero, crónica de una destitución anunciada

El relevo del mayor al frente de los Mossos por Josep Maria Estela arrastra una larga cadena de desconfianzas. 'Público' repasa todos los episodios más críticos con Trapero desde su primer nombramiento por Carles Puigdemont

El mayor de los Mossos d'Esquadra Josep Lluís Trapero se despide del conseller de Interior de la Generalitat, Miquel Sàmper, tras asistir al primer acto tras ser restituido en su puesto, en Barcelona, Catalunya (España), a 13 de noviembre.
El mayor de los Mossos d'Esquadra Josep Lluís Trapero se despide del conseller de Interior de la Generalitat, Miquel Sàmper, tras asistir al primer acto tras ser restituido en su puesto, en Barcelona, Catalunya, a 13 de noviembre. Kike Rincón / Europa Press

Que la destitución del mayor Josep Lluís Trapero al frente de los Mossos d'Esquadra era inminente era un secreto a voces antes de que el conseller d’Interior, Joan Ignasi Elena, materializase su sustitución situando como comisario en jefe al responsable del área de Tarragona, Josep Maria Estela, que no tendrá el rango de mayor. No ha sido una decisión precipitada, ni mucho menos, sino más bien postergada. Desde el mismo momento que Elena se puso al frente de Interior fue público y notorio que el conseller no contaba con Trapero para la nueva etapa que se iniciaba en el cuerpo, con un titular del Departament designado por Esquerra Republicana por primera vez desde la República.

Fuentes cercanas al conseller se referían, desde el inicio, al derecho de toda cúpula política de un departamento a poder situar al frente de los principales organismos a cargos de confianza, aunque sean técnicos. Y evidentemente, en cuanto a Interior se refiere, la elección del máximo mando de los Mossos es de una importancia primordial. "Si la consellera de Salut puede decidir quién es el secretario de Salut Pública que cree mejor para hacer frente a la pandemia, el conseller de Interior también debe poder decidir entre los mandos cuál es el mejor perfil técnico para dirigir a los Mossos", aseguraban hace unos meses las citadas fuentes.

Lo que quedó claro desde un principio es que Trapero no era la persona que Joan Ignasi Elena quería, ni veía como más propicia, para realizar los profundos cambios de modelo que se están produciendo en los Mossos desde que hubo el cambio de titular en el Departament: desde la feminización del cuerpo pasando por la gestión de los escoltas hasta el cambio de protocolos y enfoque de la defensa jurídica de los agentes en temas de seguridad pública.

El principal motivo de la sustitución ha sido la falta de confianza de la cúpula de Interior hacia Trapero

Por tanto, su sustitución era la crónica de una destitución anunciada. Pero lo que en otros departamentos es casi automático en los Mossos requiere sus tiempos. La seguridad es materia sensible y más cuando se trata de un máximo mando del carisma de Trapero, que comandó los Mossos durante los atentados de agosto de 2017 en Barcelona y Cambrils, durante el referéndum del 1-O y que fue juzgado en la Audiencia Nacional por aquellos hechos aunque finalmente quedó absuelto. Todo ello ha recomendado gestionar la cuestión con prudencia y paso a paso.

Entre los muchos cambios que está implementando en tiempo récord el equipo de Elena también está el del rejuvenecimiento de la cúpula. Éste es uno de los motivos por el que se ha elegido a Estela, que tiene 51 años aunque forma parte del cuerpo desde 1994. Pero este no ha sido el principal motivo de la sustitución sino la falta de confianza de la cúpula del Departament d’Interior hacia el mayor Trapero. Desconfianza que en algunos casos es anterior incluso a su nombramiento como mayor y que definitivamente se ha ido perdiendo en estos seis meses de convivencia entre Trapero y Elena.

Historia de una desconfianza

A diferencia de lo que se puede creer, el nombramiento de Josep Lluís Trapero como mayor de los Mossos d'Esquadra en 2017, a las puertas del referéndum de autodeterminación del 1-O, no fue un hecho de consenso en el Govern. Según fuentes de miembros que participaron en ese Ejecutivo, la decisión final del nombramiento en el cargo fue una apuesta personal del entonces president de la Generalitat, Carles Puigdemont.

Junqueras y otros miembros del Govern se quedaron "perplejos" cuando Puigdemont nombró mayor a Trapero

Algunas fuentes indican que en una operación orquestada por el exdirigente de Unió —ahora Units per Avançar— y en la actualidad concejal de Seguridad en el Ayuntamiento de Barcelona después de ir en las listas del PSC Albert Batlle. En ambientes independentistas, también por la información enviada por parte de agentes del cuerpo que simpatizan con la causa independentista, Trapero no era considerada una persona soberanista, ni tenía el compromiso necesario para afrontar lo que se estaba preparando en 2017. Estas mismas fuentes aseguran que tanto el entonces vicepresident, Oriol Junqueras –del que Elena es una persona de la máxima confianza- como otros miembros del Govern quedaron "sorprendidos por no decir perplejos" ante la noticia de que Puigdemont había decidido nombrar mayor al entonces comisario Trapero.

Por otra parte, la desconfianza entre parte del Govern y el ya mayor de los Mossos creció después de que se hicieran públicas las imágenes de confraternización entre el president Puigdemont y Trapero, con otros destacados miembros del mundo convergente, en un encuentro veraniego organizado por la periodista Pilar Rahola. Se consideraba que un jefe policial daba con esa escena una imagen demasiado partidista junto a los dirigentes de un determinado partido político. Con todo, la llegada al Departament d’Interior de Quim Forn como conseller —un independentista convencido—, la impecable gestión que los Mossos hicieron en el atentado del 17-A con Trapero al frente y ejerciendo de portavoz con reconocimiento internacional y, finalmente, la labor durante el 1 de Octubre y los días anteriores para intentar evitar enfrentamientos entre los Mossos y los votantes —a diferencia de la agresiva y brutal actuación de la Guardia Civil y la Policía Nacional— logró romper la cadena de desconfianzas entre los dirigentes republicanos y Trapero.

Una balsa de aceite que duraría, sin embargo, hasta la llegada del juicio a los dirigentes independentistas en el Tribunal Supremo.

El plan para detener al Govern

La figura de Trapero entra en un dilatado paréntesis después del 27 de octubre de 2017 con la Declaración de Independencia en el Parlament y la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Destituido por parte del Gobierno español y sustituido por su segundo, el comisario Ferran López, Trapero es además imputado por parte de la Audiencia Nacional por un supuesto delito de rebelión por su actuación al frente de los Mossos el 1-O.

Un suplicio judicial de dos años que finalmente acabaría en absolución pero no sin dejar antes otro poso de desconfianza entre los miembros del Govern de Puigdemont y Junqueras, que pudieron escuchar el testimonio voluntario de Trapero en el juicio del Supremo en el que aseguraba que el octubre de 2017 tenía un plan previsto para detener y encarcelar a todo el Govern de la Generalitat si así se lo hubiera requerido el poder judicial español. Una declaración que algunos de los miembros de ese Govern le reprochan por considerar esa posición "desleal" y porque como imputado no tenía la obligación de testificar, por lo que le atribuyen una priorización de su defensa personal sin tener en cuenta las consecuencias para los dirigentes independentistas encarcelados.

Todo ello volvió a enrarecer la relación entre Trapero y muchos de los dirigentes independentistas del 1-O, entre ellos la cúpula de Esquerra, pero también en ámbitos de Junts o la CUP. Con todo, una vez absuelto, el entonces conseller de Interior, Miquel Sàmper, bajo la presidencia de Quim Torra, decidió rehabilitar al mayor al frente de la dirección de los Mossos. No sin algunas dudas considerables, pero la imagen del máximo dirigente policial del 17-A y del 1-O pesaba todavía demasiado.

Reuniones de Estado sin permiso del conseller

Así las cosas, la relación entre el nuevo conseller de Interior a propuesta de ERC, Joan Igansi Elena, y el mayor Josep Lluís Trapero no empezó con demasiado buen pie. El tiempo que se dieron tampoco sirvió para romper el hielo. Más bien al contrario, ya que ha añadido desconfianzas.

La primera con la visita que Trapero realizó a Madrid sin permiso del conseller para reunirse con los responsables de diversas instituciones del Estado como la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo y la Casa Real. Unos encuentros que Elena consideró desleales "por hacerse sin su beneplácito y porque estas instituciones son la principal maquinaria de la represión que sufre el independentismo", aseguran fuentes próximas a Elena.

La reorganización de los escoltas de los cargos públicos o el traslado de la defensa jurídica de los Mossos han sido puntos de fricción

Además, la tensión entre Trapero e Interior ha tenido otros puntos de fricción más organizativos. La reorganización de los escoltas de los cargos públicos o el traslado de la defensa jurídica de los Mossos al Departament de la Presidència en pleno debate sobre la gestión del orden público tras el acuerdo de investidura con la CUP han sido algunos de los ejemplos . En la cúpula de Interior tienen el convencimiento de que Trapero ha intentado "poner la tropa contra el conseller" aprovechando el malestar en algunos sectores sindicales del cuerpo por estos cambios. O por temas laborales como el de la jubilación anticipada, aunque finalmente Equerra ha logrado solucionarlo en un acuerdo con el Gobierno español. Como tampoco gustaron mucho las palabras del mayor en el Dia de las Esquadres —celebración anual de los Mossos— reprochando los acuerdos de ERC con la CUP en materia de seguridad, que se consideró un desafío a los responsables políticos del Departament. O la frialdad que se dispensó a los responsables del Govern en el último Consell de la Policia —órgano de coordinación de la policía catalana— en el que participó el president de la Generalitat, Pere Aragonès. Hecho poco habitual.

Nueva etapa con menos personalismos

Todo el cúmulo de desconfianzas ha aumentado la mala relación entre quien debe tomar las decisiones políticas que marquen la estrategia general de un Departament, aunque sea el de Interior, y el máximo mando profesional del cuerpo que debe implementar esta estrategia, siguiendo criterios técnicos de seguridad pero sin obviar las directrices de los cargos que emanan de un Govern electo. Con lo que la convicción de que la situación no se podía dejar deteriorar más y convenía forzar el cambio de Trapero ha caído por su propio peso.

Finalmente, optando por el comisario del área de Tarragona, Josep Maria Estela, con un perfil de mucho menos hiperliderazgo que Trapero. Por lo que se ha incorporado a la cúpula de mando a dos nombres de la máxima confianza de la dirección de los Mossos, Rosa Bosch y Eduard Sallent, en lo que será un tridente para dirigir a los Mossos. Sallent, un hombre de confianza del director de la policía, habría sido valorado también para la sustitución pero el hecho de que ya ocupó el cargo de comisario en jefe ha desaconsejado recuperarlo y así se ha optado por un comisario que representa a una nueva generación policial.

Un tridente para dirigir a los Mossos que inicia una nueva etapa en el cuerpo con el horizonte puesto en el año 2030

El hecho que el Director de la Policía, Pere Ferrer, sea un cargo que proviene de la anterior legislatura y por tanto nombrado por Junts, ha facilitado la operación y evitado cualquier enfrentamiento entre los dos socios del Govern por la destitución de Trapero. Se explica de esta manera que Elena lo mantuviera sorprendentemente en el cargo en el inicio de su mandato.

Un tridente para dirigir a los Mossos que inicia una nueva etapa en el cuerpo con el horizonte puesto en el año 2030. Según fuentes de Interior, "a diferencia de hasta ahora, los nuevos liderazgos en el cuerpo de Mossos deben ser colectivos, pasando de los individualismos al trabajo en equipo. Necesitamos trabajar de forma más coral".

Este horizonte de Mossos 2030 pasa, según estas mismas fuentes, para afrontar retos urgentes como la feminización del cuerpo, que debe comportar el aumento del número de comisarias (actualmente sólo 3 de 27) así como en el resto de escalafones. El número de mosses es de un 21%, "muy lejos todavía de la paridad a la que aspiramos, no sólo por una cuestión de justicia sino también para servir mejor a la sociedad", aseguran. El porcentaje, además, baja cuanto mayor es la escala profesional: sólo un 11% de comisarias, un 10% de intendentes y de inspectoras o un 7% de subinspectoras.

Asimismo, afirman, "tenemos un cuerpo demasiado envejecido que necesita un relevo generacional para afrontar los nuevos retos que tienen por delante a los Mossos d'Esquadra. Queremos una policía más cercana, social, feminizada y con una mirada innovadora. Un cuerpo que se marque como prioridad garantizar derechos y libertades de toda la ciudadanía, especialmente de las personas en situación de vulnerabilidad, y que lo haga desde la proximidad con la gente".

Y sitúan como algunos de los retos a afrontar la lucha contra las violencias machistas, los delitos de odio o la ciberdelincuencia. Pero sobre todo "desplegarnos en proximidad y dar respuesta a los problemas cotidianos de la ciudadanía".

Una policía más democrática sin cargos vitalicios

Desde Interior también se justifica el hecho de que Estela no ocupe el cargo de mayor: "Esta nueva etapa en los Mossos d'Esquadra pasa también por los liderazgos colectivos, huyendo de personalismos. Dejamos atrás esta figura de mayor, una categoría vitalicia que se aleja del concepto de democracia que debe caracterizar a la policía de Catalunya, porque promueve una visión piramidal propia de otros modelos".

Josep Lluís Trapero mantendrá pues los galones de mayor pero sin mando en el cuerpo. Esto mientras continúe en los Mossos ya que varias informaciones le sitúan cercano a su salida y con destino a la empresa privada.

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