El reto de decir “no” en la era del postureo
Las redes sociales y la necesidad de aparentar hacen que algunas personas sean incapaces de priorizarse respecto a los diferentes compromisos sociales.

“No” es una palabra de apenas dos letras, y sin embargo para muchas personas es una de las más difíciles de pronunciar. No en vano, se trata de un fonema cargado de mucho significado. Las relaciones personales están basadas en la proactividad y la ayuda mutua. Por ello, el negar algo al otro, de primeras, puede resultar antinatural. No solo para el que recibe la negativa, sino también para quien la ejecuta.
Sin embargo, los límites son necesarios. De lo contrario se puede incurrir en dinámicas perniciosas, como por ejemplo el abuso de confianza o el seguidismo. Situaciones que causan un conflicto interno que puede derivar en un desgaste físico y mental a aquellas personas incapaces de la negación.
¿Por qué hay personas que no saben decir que "no"?
Fundamentalmente, aquellas personas que son incapaces de decir “no” al otro es porque nunca aprendieron a hacerlo. Así al menos lo defiende la psicólogos Miriam González en conversación con EFE. “Muchas personas han crecido en entornos en los que decir ‘no’ era castigado de manera explícita o implícita. O simplemente tenían que ser complacientes porque era la forma de recibir amor o de ser reconocidos por otros”, explica. La raíz de un problema que posteriormente se enquista una vez llegados a la vida adulta.
“Cuando el cerebro aprende que decir ‘no’ es una señal de peligro, el sistema nervioso evita esa situación”, ejemplifica. O dicho de otro modo, la negación se asimila como el inicio de un conflicto o un rechazo profundo, por lo que prefieren evitarla a toda costa. Sin embargo, esa actitud no garantiza un bienestar en la persona que asiente a todo, ni mucho menos. Tampoco se las debe confundir con personas débiles o sin personalidad: “Es algo que se aprendió en un momento temprano, en un contexto determinado, pero que ya no sirve”, aclara la psicóloga.
El papel del "no" en la era de las redes sociales
Las personas que no saben decir que no han existido siempre. Sin embargo, sus consecuencias cambian según la coyuntura de cada momento. Algo que se amplifica en la sociedad, marcada por las redes sociales y en la que el yo es más central que nunca. En palabras de González: “Una exaltación del yo, donde yo soy el importante, y coloquialmente decimos que el otro importa, pero es mentira”. Así, ahora más que nunca, existe una dualidad en la que nuestra realidad y aquella que proyectamos al exterior. Una situación especialmente difícil de navegar para aquellas personas incapaces de negarse.
¿Cómo? El conflicto siempre se sitúa siempre entre el deseo real y la necesidad de conseguir aprobación externa, que en este caso pasa por decir “si” a situaciones en las que querríamos decir que “no”. Por ejemplo: la sensación de tener que estar siempre disponible pese a que el organismo esté pidiendo un tiempo de desconexión total. Esta contradicción genera una disonancia cognitiva: acabamos haciendo cosas que, en nuestro fuero interno, contradicen lo que sabemos que deberíamos hacer, y eso deriva en un malestar generalizado.
Las consecuencias a no poner límites en las relaciones personales
El ser incapaz de establecer límites en una relación personal puede tener consecuencias perjudiciales no solo a nivel mental, sino también físico. “La persona que nunca dice ‘no’ puede sentir un cansancio continuo, problemas digestivos, tensión muscular o alteraciones del sueño. El sistema nervioso se expone a un estado de alerta y sobreexigencia”, recalca la psicóloga. Básicamente, se trata de un estrés crónico en el que el cuerpo nunca desconecta.
A nivel mental, las personas que no han aprendido a decir “no” suelen olvidarse de su propio bienestar, llegando incluso a perder el control. “Hay situaciones en las que puedes acabar con una autoestima muy baja, estrés crónico y ansiedad por no abarcar”, dice González.
Señales que indican que no sabes decir que "no"
La línea entre ser una persona complaciente y alguien incapaz de decir que “no” a los demás es muy delgada. Por ello, la facultativa establece una serie de señales de alarma que sirven para identificar cuando el no decir que “no” puede derivar problemas más graves.
Dices sí pero realmente quieres decir no
Te sientes responsable del bienestar emocional de otros
Te cuesta priorizarte sin sentir culpa
Acumulas cansancio o saturación de manera constante
Te enfadas pero hacia dentro, eres incapaz de expresarlo en voz alta
Evitas el conflicto a cualquier precio
Sientes que estás disponible para todo el mundo menos para ti
Consejos para decir “no” sin sentir culpa
El aprender a decir “no” se debe solucionar poco a poco, comenzando en contextos de bajo riesgo. Por ejemplo, negarse a un plan que te han propuesto y no te apetece, a poder ser con alguien de confianza o que no te suponga un coste social muy grande. “Primero hay que entender que decir 'no' no significa rechazar a nadie”, puntualiza la experta. También es recomendable hacerlo desde una forma asertiva y no agresiva. Muchas personas saturadas acaban explotando, una acción que la otra persona se toma como rechazo y puede convertirse en conflicto.
De igual forma, es importante dar una respuesta breve y concisa, sin entrar en detalles de la decisión. “Las justificaciones extensas nos las damos a nosotros mismos más que a la otra persona”, señala González.
Por otro lado, la culpa es un sentimiento que al principio puede estar presente. Esta realidad debe ser aceptada, al igual que es fundamental admitir la incomodidad y la tensión que puede generar. El proceso de aprender a decir “no” nos permite observar qué personas de tu entorno se molestan y quienes no. “Poner límites no rompe vínculos, los fortalece. El valor de las personas no depende de agradar sino de estar. Y estar con presencia. De nada sirve estar de cuerpo presente y mente ausente”, concluye la psicóloga.




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