25 años en defensa del Ebro: "El movimiento antitrasvase es un ejemplo de que cuando hace falta, la gente responde"
La Plataforma en Defensa del Ebro (PDE) celebra 25 años de movilización social contra la política de trasvase del río, impulsada por el gobierno de José María Aznar.
Hablamos con dos miembros históricos del colectivo de las primeras protestas, qué ha significado esta lucha para el territorio, cómo ha evolucionado y sobre la situación actual.

Tarragona--Actualizado a
Constancia y lucha. Con estas dos palabras han resumido Josep Sabaté y Susana Abella los 25 años de vida de la Plataforma en Defensa de l'Ebre (PDE). Él tenía 15 años cuando empezó a implicarse en el movimiento antitrasvase surgido en las Terres de l'Ebre, el sur de Catalunya, el año 2000, cuando el gobierno de José María Aznar —con el apoyo de Convergència i Unió— anunció el Plan Hidrológico Nacional que pretendía realizar grandes trasvases del río Ebro tanto hacia el área metropolitana de Barcelona y Tarragona como hacia el sur de España, en el País Valencià, Murcia y Andalucía.
Hace 25 años nacía la Plataforma en Defensa de l'Ebre, que adoptaba como imagen el emblemático nudo de tuberías blancas sobre un fondo azul. Una imagen que se ha convertido en todo un símbolo de un territorio que aquella reivindicación unió bajo una consigna muy clara: "El río es vida. No al trasvase". "Había sindicatos, gente procedente de movimientos más anticapitalistas, más social, gente cercana al obispado, sectores empresariales... Se implicó gente de toda la sociedad de las Terres de l'Ebre", explica Sabaté, miembro histórico de la PDE.
Para Sabaté, esta variedad de perfiles ha sido una de las claves del éxito de la plataforma, que fue capaz de aglutinar y movilizar a la población del territorio de forma multitudinaria. "Te encontrabas encadenado con gente a la que no le preguntabas a dónde iba ni de dónde venía, y salían conversaciones muy curiosas sobre su evolución política", explica.
Un éxito que no habría sido posible sin "el aprendizaje de la generación anterior a la PDE durante los años 80 y 90 con diferentes proyectos", comenta Sabaté: "Ellos venían de movimientos no tan transversales, pero tuvieron la generosidad y la visión estratégica de construir uno que sí lo fuera". A esto también se suma la conexión con el mundo científico, "muchos científicos pasaron a ser activistas, organizando jornadas conjuntas y asambleas".
Susana, otra dirigente histórica, se emociona al recordar las movilizaciones de cada viernes desde que el gobierno de Aznar presentó el anteproyecto del Plan Hidrológico Nacional. Y cómo cada vez se sumaba más gente al movimiento antitrasvase. "Recuerdo que Jordi Pujol vino a la Cámara de Comercio de Tortosa y dijo, literalmente, que teníamos que aceptar la venta del agua del Ebro a cambio de un apoyo de cinco a siete metros cúbicos. Aquel día, en mi casa, mi padre dijo: '¡Pero si nos lo quieren quitar todo!'. Ese sentimiento no lo vivimos solo en mi casa, sino muchas familias. Y eso hizo que la gente se rebelara", explica Abella.
Desde septiembre del año 2000, cuando tuvo lugar la primera movilización, hasta la derogación del trasvase en 2004 y el cambio legislativo en 2005, la lucha de la plataforma fue muy intensa. "Inicialmente era una lucha reactiva contra el proyecto. Fueron años de muchas movilizaciones, reuniones y actividades constantes. Podíamos estar haciendo acciones cada semana: que si venía Pujol, que si una rueda de prensa, que si dormíamos delante de la Generalitat... Era un no parar", relata Abella.
Tras estos primeros años, la lucha se convirtió en un trabajo más "constante y sostenido", para mantener vivo el movimiento y vigilar que no se presentaran nuevos proyectos de trasvase. "Eso nos permitió, por ejemplo, en 2008, cuando se volvió a plantear un trasvase a Barcelona por la sequía, reaccionar muy rápidamente. Hicimos la asamblea más multitudinaria de la historia en el Auditorio de Tortosa", detalla Abella, que celebra que gracias a esta constancia, "el año 2023, en plena sequía, pudimos actuar antes de que se propusiera un nuevo trasvase".
Una lucha que subió la autoestima de un territorio
Tanto Sabaté como Abella coinciden en que la creación de la plataforma y el impacto de las movilizaciones subieron la autoestima de un territorio con una sensación permanente de abandono por parte de las instituciones. "A menudo nos hemos sentido como la cola del país. Y en el 2000, con la plataforma, eso cambió. Las tensiones entre pueblos desaparecieron. Todos éramos una sola voz. Nació el concepto Terres de l'Ebre como identidad propia. Nos sentimos orgullosos de ser ebrenses y de defender nuestro territorio", explica la activista.
En este sentido, Abella presume de la capacidad organizativa de las Terres de l'Ebre. "Hemos hecho escuela: las movilizaciones deben ser festivas, pero también contundentes. No pueden ser siempre agresivas. Debe haber continuidad. Debe haber trabajo técnico, no solo gritar en la calle", comenta Abella. Ejemplos hay muchos en este territorio, desde el movimiento antinuclear a la oposición al proyecto Castor pasando por los molinos de viento u otros movimientos de defensa ambiental y social.
"La lucha antitrasvase es un ejemplo de un territorio que, a priori, parecía que no se iba a movilizar, y que cuando hizo falta, lo hizo. La primera victoria fue esa: la movilización positiva, la movilización social y popular", explica Sabaté. La plataforma organizó tres manifestaciones en Barcelona, una en Madrid, dos en Bruselas, una en Mallorca y unas 20 en las Terres de l'Ebre.
Un movimiento latente
25 años después de la creación de la plataforma, el movimiento antitrasvase sigue muy vivo, aunque no con la misma intensidad. "Los movimientos sociales tienen ciclos. No pueden estar siempre al 100%. De 2000 a 2004 estuvimos en plena efervescencia. Luego hay etapas más tranquilas, pero igual de importantes", comenta Abella. "Ahora no hay una amenaza inminente, pero si vuelve a haber una propuesta grave de trasvase, la gente responderá. Porque hay una base organizada, un núcleo activo, una corona alrededor que puede volver a activarse", asegura la activista ebrense.
Sabaté va más allá: "La defensa del Ebro desde el año 2000 es una cuestión de país, y cuando hace falta, la gente está. Esto es una lucha de fondo que no se acaba nunca. Mientras haya agua en el río, habrá alguien que quiera hacer negocio o mercantilizarla. Eso nos da una perspectiva de largo recorrido", sentencia.
Tanto Sabaté como Abella lamentan que aún a día de hoy haya sectores empresariales que se esfuercen en hacer creer que esto es una guerra entre territorios, en referencia al concepto de "insolidaridad territorial" que muchas veces se ha utilizado para señalar y desprestigiar el movimiento antitrasvase. "No es un conflicto entre territorios, es un conflicto de intereses y de modelo", afirman.
Un modelo de agua pública
La Plataforma en Defensa del Ebro (PDE) y todo el movimiento antitrasvase fue la semilla para que, años más tarde, comenzaran a surgir entidades y colectivos que cuestionaban el modelo de privatización del agua en Catalunya. "Detrás de la mayoría de los procesos de trasvase desde 2008 hasta ahora está Agbar, con el interés de conectar el trasvase del Ebro a Tarragona y Barcelona", asegura Sabaté.
Movimientos ecologistas y del agua han creado la Cumbre Social del Agua, un espacio donde se expone la problemática de una mala gestión del agua en Catalunya. En este sentido, Sabaté apela a una "alianza total" entre el movimiento de defensa de los ríos y la gente que impulsa procesos de municipalización, "ya sea en Terrassa, Girona o Barcelona". "Estamos totalmente en la misma lucha. No sé quién va primero, pero nos vamos dando fuerza mutuamente."
Una unión de fuerzas que no es nueva. Sabaté comenta experiencias como la complicidad con movimientos ecologistas del País Valencià y Murcia contra un modelo turístico de Terra Mítica o Marina d'Or.





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