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Agricultura La vendimia más atípica comienza con pérdidas en el sector y con protocolos diferentes para cada CCAA

El coronavirus ha obligado a los agricultores a adaptar el protocolo sanitario a la recogida de uva esta temporada y a promover una contratación de proximidad para evitar los alojamientos y los contagios.

Una agricultora gallega vendimiando en Vilanova de Arousa. / Alba Tomé.
Una agricultora gallega vendimiando en Vilanova de Arousa. / Alba Tomé.

Si el coronavirus lo ha cambiado todo no iba a ser menos con la vendimia. Ya en mayo los agricultores avisaron a las administraciones de que había que establecer un protocolo para afrontar la recogida vitícola de agosto y septiembre. El Ministerio de Sanidad estableció una guía para el sector agrícola pero cada comunidad y cada bodega gestiona la recolección de manera diferente. En algunos puntos coinciden las empresas de vino del Estado: cuadrillas más pequeñas, movilidad más reducida y contratación de temporeros del mismo lugar o alrededores.

El 1 de agosto se inició oficialmente la campaña. Andalucía ha sido la más madrugadora y la Denominación de Origen de La Rioja le ha seguido. El pasado lunes los agricultores vistieron los EPIS y se pusieron manos a la obra. En las variedades más tempranas de Castilla-La Mancha también ha empezado la recolecta del 2020 pero no será hasta finales de agosto cuando toda la región se ponga en marcha. En septiembre comenzará la del Ribera del Duero, y la de las Rías Baixas, que normalmente tiene lugar a mediados, se adelantará en algunas zonas hasta finales de agosto. La razón: el cambio climático. La falta de lluvias y un verano seco provocan que la uva madure más rápido. Cada año se adelanta más y los agricultores reconocen que es "raro" que ahora la recogida se retrase.

En el Estado, las estimaciones de la cosecha ascienden entre 42 y 45 millones de hectolitros según organizaciones agrarias como la Asociación de Jóvenes agricultores (Asaja), la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) y la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA). Algunas bodegas venían sufriendo los últimos meses por la covid-19 y la incertidumbre todavía permanece. El cierre de la hostelería ocasionó que las ventas disminuyesen, excluyendo aquellas marcas que venden a grandes superficies que incluso entre ellas se produjo algún aumento. En el canal Horeca —que agrupa dos tercios de las ganancias de las bodegas en España— se estiman unas pérdidas de entre un 20% y 40% este año por el cierre del ocio, de donde proviene la principal demanda.

Racimo de uva. /Alba Tomé.
"Hay que pelear, aunque todo esto nos perjudica, no puede controlarlo un agricultor", añade Igor Fonseca

En La Rioja el sector vinícola está especialmente afectado. "Se ven nubarrones. El turismo y la movilidad de personas está siendo menos positiva de lo que se esperaba. Se ha redirigido la campaña de promoción, se está haciendo esfuerzos para acabar con los aranceles de la administración Trump", explica Igor Fonseca, secretario general de ASAJA-La Rioja. "Hay que pelear, aunque todo esto nos perjudica, no puede controlarlo un agricultor". El negocio online no equilibra la balanza y la inseguridad derivada de la pandemia se extiende para el sector vitícola, pero primero, la principal preocupación va orientada a los rebrotes y a garantizar la seguridad entre los temporeros.

Medidas desiguales para cada CCAA

Aunque el Ministerio de Sanidad haya establecido unas directrices de "buenas prácticas" en el sector agrícola y ganadero y una guía para el control en las explotaciones agrarias que vayan a contratar a temporeros, los agricultores echan de menos un protocolo estatal. "No debería ser distinto para cada territorio. Advertimos de que era necesario pensar en la vendimia ya en mayo. Nos encontramos en ella y tenemos indefinición, protocolos incompletos, información difusa y cambiante de un día para otro. No damos buena señal", sostiene Fonseca.

Por su parte, Joaquín Vizcaíno, responsable sindical del vino de COAG, explica que en Castilla-La Mancha la Consejería recomendó tomar lista a los trabajadores para poder rastrear los contactos en el caso de ser necesario, pero es algo que ya se hacía habitualmente. Firmar al entrar y salir forma parte de las normas. La provincia representa el primer viñedo de España con el 50% de la producción. La mitad de ella está mecanizada, pero para el otro 40% se necesita bastante mano de obra. Por ello, mucha gente llega de otros lugares.

La cantidad de trabajo obliga a contratar a más personal de otras comunidades autónomas, que pueden traer el virus

"Se ha comprobado que si existe transmisión es posterior, en los alojamientos. El foco no es el lugar de trabajo", cuenta Vizcaíno. Cada persona lleva su equipo de protección individual, su línea de cultivo y se separan dos o tres metros de los demás, por lo tanto "no existe contacto". En toda campaña agrícola hay una parte de temporeros que están afincados en la zona, pero la cantidad de trabajo obliga a contratar a más personal de otras comunidades autónomas, que pueden traer el virus. Los primeros rebrotes de España se han dado según expertos sanitarios por la recolección de frutas en diferentes explotaciones agrícolas de Huesca y Lleida, algo que podría replicarse en otras comunidades. "Lo que tenía que haber hecho aquí Agricultura es lo que La Rioja", prosigue COAG. El Gobierno autonómico riojano se comprometió a realizar PCR a los trabajadores que vengan de otros lugares con focos conocidos. Lo mismo hará Catalunya, Euskadi o Galicia, que realizará test a entre 3.000 y 4.000 personas contratadas para la vendimia.

En el caso de producirse algún contagio o alguna sospecha se recomienda que haya un acceso directo a Atención Primaria. La persona dejará de acudir a la explotación y permanecerá aislado. Luego se iniciará la identificación de convivientes estrechos, en este caso, el grupo de convivencia y la cuadrilla. De todas formas, los agricultores se preguntan quiénes tienen que encargarse de los enfermos mientras que permanezcan en los alojamientos. "Nos gustaría que nos aclarasen quién se ocupa del enfermo. Eso supera las capacidades del agricultor, porque va a intentar contratar a otra persona y no puede hacerse cargo", comenta Igor Fonseca, secretario general de ASAJA-LA Rioja.

Agricultor de las Rías Baixas. / Alba Tomé.

Oferta abundante de vendimiadores

En los últimos años Galicia ha tenido inconvenientes para localizar temporeros, pero no este año, aunque pueda resultar llamativo. El coronavirus no impidió que las listas se cubriesen. Hay que tener en cuenta que a diferencia de otros lugares como Ribera del Duero o Castilla-La Mancha, en la comunidad gallega no se contrata a personas de fuera. Normalmente son familiares y amigos los que trabajan en los viñedos.

Por norma general las contrataciones de la vendimia se nutren mayormente de estudiantes y desempleados. Las personas que suelen trabajar en hostelería se suman a la recogida en septiembre, cuando se va el turismo y termina el verano. Al anticiparse la recolecta por las condiciones meteorológicas, estos grupos todavía están ocupados. "Es un año especial. En Galicia apenas se contrata a gente a diferencia de La Rioja o Francia", alega Julio Reboredo, representante de la Asociación de Viticultores Rías Baixas. Como el turismo ha parado en muchos puntos, la vendimia es una alternativa para muchos parados.

Otro de los factores que influyen para localizar temporeros es que aquellas personas que cobran una prestación por desempleo si acuden a trabajar a los viñedos pierden las ayudas. Por ello, los agricultores llevan años reclamando a las administraciones que se cuente la temporada de recolecta como una "labor puntual" para poder tener disposición de vendimiadores y no depender de contrataciones externas.

España puede mover hasta casi un millón de jornaleros. "No hemos visto que haya mermado el número de personas contratadas. El agricultor ha optado por cuadrillas más pequeñas y más horas de trabajo, y va a tratar de mecanizar la vendimia donde sea posible", matiza el secretario de ASAJA. Esta vez, las largas horas de vendimia bajo las parras tendrán un aspecto muy diferente. No pueden intercambiarse utensilios, habrá turnos muy exhaustivos y una mascarilla que lo pone todo más difícil bajo el sol abrasador del verano.

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