Diez meses sin ascensores por la DANA: "Un confinamiento peor que el de la pandemia"
Los vecinos de las localidades afectadas de València claman contra una situación especialmente grave para las personas con un nivel mayor de dependencia que a duras penas pueden salir de su vivienda.

València--Actualizado a
"Pero esto no es solo cosa nuestra: está todo el pueblo igual". Esta es la advertencia que da cada vecino de las localidades de València golpeadas por la DANA después de explicar los problemas que tienen en su finca porque la barrancada inutilizó el ascensor. Diez meses después, continúan sin haber podido repararlo. "Es lo normal"; "es lo habitual": en toda el área afectada la respuesta es siempre la misma.
Las razones que suelen recibir para explicar esta situación es que hay escasez de piezas de recambio y que, después de una catástrofe, los fabricantes y los técnicos de reparación no dan abasto. Aun así, la perplejidad, tras haber pasado tanto tiempo y se esté a punto de cumplirse el año sin el ascensor reparado, es también generalizada.
Y es que hasta la estación de tren de Alfafar-Benetússer, de RENFE, continúa sin ascensor diez meses después de la DANA, con el problema añadido de que no tiene tampoco una rampa de acceso. Eso sí, tanto el centro comercial MN4, en la zona de la pista de Silla, como el centro comercial Bonaire, en Aldaia, ambos afectados gravemente, hace tiempo que volvieron a abrir con sus ascensores a pleno rendimiento. Una comparación que aumenta la perplejidad vecinal.
No disponer de ascensor durante diez meses no es un problema menor. Para los vecinos con movilidad reducida, de mayor edad o con dependencia, se trata de un problema importante. "Para mucha gente está siendo como un segundo confinamiento, como el que hubo durante la pandemia, pero aún más largo", explica Juanjo, vecino de Aldaia.
La finca de Juanjo es de construcción relativamente reciente y cuenta con 42 vecinos. Pone el ejemplo de uno que vive en el tercer piso. Tiene movilidad reducida y no dispone de ayuda externa, más allá de la que le presta la gente más cercana. Intenta bajar una vez a la semana a la calle, pero le cuesta mucho. La semana pasada, de hecho, tuvo una caída mientras lo intentaba.
Beatriz, de Paiporta, vive en una finca con cuatro patios. Esta semana entrante les han prometido que, en el suyo, por fin, podrán volver a utilizar el ascensor. Lo harán, eso sí, sin haberlo reparado del todo, con una solución provisional.
A pesar de lo que pensaban —y de la impresión que uno se lleva cuando lo ve—, la cabina no quedó del todo destrozada después de la DANA y se puede habilitar temporalmente. No es lo óptimo, pero, por lo menos, podrán utilizar el ascensor como montacargas, para quien no se atreva del todo, ironiza Beatriz.
En el patio que tuvo más suerte se consiguió que arreglaran el ascensor a finales de julio, es decir, unos nueve meses después de la DANA. Los otros dos patios aún tendrán que esperar, sin que tengan una fecha en el horizonte.
Beatriz explica lo mismo que todos: "En el barrio es lo normal". Pone el ejemplo de una persona que vive cerca de su finca, con casi 60 años. Su casa está en un sexto piso y necesita desplazarse para que le realicen una diálisis cada cuatro días.
Beatriz añade que la falta de ascensor afecta muchos ámbitos, principalmente a las personas con un mayor nivel de dependencia. Pone un ejemplo como consecuencia derivada: los vecinos de Paiporta que necesitan rehabilitación se desplazan hasta el Hospital General de València. Sin ascensor, el trayecto se complica mucho más, por lo que muchas veces no pueden trasladarse tampoco en un coche privado, con un familiar o una persona cercana. Lo tienen que hacer con una ambulancia no medicalizada, un soporte vital básico. Como el servicio no se ha reforzado, la consecuencia es que les toca pasarse prácticamente toda la mañana en el hospital, esperando que quede un vehículo libre para la vuelta.
Beatriz, por otro lado, explica que sí que hay algunas ayudas estatales para personas con movilidad reducida o grado 3 de dependencia, pero que la Generalitat no ha dotado ninguna línea específica al respecto.
Álex Caraval, vecino de Massanassa y miembro de la Asociación de Damnificados por la DANA Horta Sud, no tiene tampoco ascensor en su finca. De una reunión que mantuvo su asociación con Pedro Sánchez, salió con una cifra que elevaba a un millar las fincas con el ascensor inutilizado por la barrancada. Pero incluso este número le parece poco, teniendo en cuenta la sensación que, como todos, vuelve a constatar: "Todo el pueblo está igual".
En la finca de Álex se han organizado entre vecinos para ayudar a las personas con movilidad reducida a poder bajar alguna vez a pisar la calle. También han podido contar con voluntarios, pero, como mucho, esto se ha podido traducir en una salida a la semana y poco más.
En su caso, se trata de una mujer en el segundo piso, de edad avanzada, que cada vez sale menos. Es su marido quien se encarga de bajar a por la compra, por ejemplo, pero no sin dificultades; y de un hombre que vive en el cuarto, quien recibe la ayuda de sus hijas y que, con un gaiato (un bastón) como apoyo, intenta salir de vez en cuando a la calle.
Álex es claro al respecto: "Es un segundo confinamiento". Y, además, señala que la salud mental está siendo un aspecto de las secuelas de la DANA que no está teniendo la atención que se merece. Para la gente de edad más avanza y con más dificultades para poder valerse por sí mismos, este segundo confinamiento está siendo muy duro.
Además de la reunión con Pedro Sánchez, Álex, como miembro de la Asociación de Damnificados por la DANA Horta Sud, también ha mantenido encuentros con Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y con Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP. Todos ellos han prometido toda la ayuda posible y Álex les ha prometido en correspondencia, medio en broma, medio en serio, pero, sin dudar ni un segundo en cumplir con ello, invitarlos a una paella cuando se vean realizadas sus demandas. Por ahora, sin embargo, parece que faltan muchos ascensores para echar el arroz.






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