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Las empleadas de hogar esperan que la prestación extraordinaria sea indefinida

En el Día de las Trabajadoras de Cuidados y de Hogar, las empleadas reclaman sus derechos históricos: "que se cumplan todos los derechos ya reconocidos en las leyes, y que se informe a los empleadores de sus obligaciones en materia de salario, jornada de trabajo y descansos". 

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Dos trabajadoras en mitad de su turno. EUROPA PRESS

¿Quién cuida a quiénes cuidan? Es el debate de todo este confinamiento, como si en algún momento se hubiese dejado de cuidar. Son las trabajadoras de cuidados y de hogar las que se llevan la peor parte en una situación de crisis sanitaria sin precedentes y "sin que jamás se hayan puesto los cuidados en el centro", sentencia Lorea Ureta, integrante de la Asociación de Trabajadoras de Hogar de Bizkaia, ATH-ELE. Tanto es así, que en estas dos últimas semanas, mientras el gobierno anunciaba medidas económicas para cumplir con los derechos de los trabajadores, ellas siguen esperando con una paciencia que llega a su límite.

Mujeres en su mayoría, que sí sienten y sí padecen, no se pueden quedar en casa tampoco hoy, Día de las Trabajadoras de Cuidados y de Hogar, ya que las prevenciones de riesgos laborales no amparan a este sector. Mientras tanto, por los pasillos de Moncloa, el Gobierno prepara un subsidio extraordinario equiparable a un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), que no acaba de llegar. Para cuando estas ayudas sean aprobadas, entre algunas de las medidas, estas trabajadoras podrán cobrar un 70%de la base reguladora durante un mes, siempre que acrediten que la parte empleadora las ha despedido o ha dejado de contar con sus servicios por el estado de alarma.

Todo esto no deja de ser "algo positivo, pero insuficiente" para las empleadas de cuidados y de hogar. "Hay muchas trabajadoras que no cuentan con ningún papel justificativo de que trabajan en una casa y no está claro cómo se va poder demostrar. Por eso, es necesario que haya una prestación de desempleo para quienes estaban de alta en la Seguridad Social y otras medidas que garanticen ingresos suficientes para todas las trabajadoras, ya que muchas han sido despedidas y no tenemos claro que va pasar".

"¿Qué va pasar con las mujeres que no estén dadas de alta en la Seguridad Social?", pregunta Ureta. En diciembre de 2019, el Instituto Nacional de Estadística contaba con casi 600 mil personas en la rama de actividad de hogares como empleadores, pero solo 319.000 estaban de alta en el Sistema Especial de Seguridad Social de empleadas de hogar. Por tanto, faltan muchas personas, principalmente mujeres, que puedan cotizar en la Seguridad Social y que forman parte de una economía sumergida, pero sobre todo, de una cadena invisibilizada en cuanto a derechos.

En este sentido, para la integrante de la ATH-ELE, "hay dos perfiles. Por un lado, mujeres externas que trabajan muy poquitas horas y que en muchos casos son autóctonas, que a pesar de que durante años pedimos a la inspección de trabajo que investigue, esto no se ha regulado por parte de la Seguridad Social, y son mujeres que ayudan a resolver el problema de conciliación de este país. 

El otro perfil, son mujeres migradas en situación administrativa irregular que están resolviendo los problemas de cuidados de personas mayores que a la administración también le viene muy bien, porque están resolviendo el problema de cuidados sin recursos públicos". Por eso, a través del manifiesto también exigen "el acceso de las migrantes a todas las prestaciones actuales sin ninguna exigencia de situación regular" y "la apertura inmediata de un proceso general de regularización de todas las trabajadoras de hogar y cuidados, sin condicionamientos de tiempo de residencia, ni de horas, al terminar la situación de emergencia".

Pero esto no es todo, por último y no menos importante, los diferentes colectivos también piden la exención de pago a la seguridad social en todos los casos de suspensión de los contratos durante esta crisis, a condición de que las trabajadoras sean readmitidas al pasar la emergencia. "Lo que exigimos es que a las empleadas del hogar se nos trate como clase trabajadora, ni más ni menos. Esperemos que si se aprueba esta prestación extraordinaria, se tome como en ejemplo en un futuro para reconocer a las trabajadoras de cuidados y del hogar dentro un régimen general con los mismos derechos que cualquier trabajador", explica Ureta.

Las trabajadoras de cuidados y de hogar esperan que si se aprueba esta prestación extraordinaria, "se tome como en ejemplo en un futuro para reconocer a las empleadas de hogar dentro de un régimen general con los mismos derechos que cualquier trabajador", apunta Lorea Ureta. El gobierno de España no ha seguido las indicaciones de la Organización Internacional del Trabajo que pide que se ratifique el convenio 189, pero en este sentido Ureta aclara que "no es necesario que se ratifique para dar derechos a las trabajadoras de hogar, con que el gobierno cambie la legislación española es suficiente. Hace hace falta voluntad política. Basta ya. Ya está bien que tenga que venir una crisis de este calibre para conceder desempleo a un sector cuando esto tenía que haber estado solucionado en 2012".

La prestación de desempleo en el Sistema Especial de hogar está pendiente de reconocerse, según la Disposición Adicional segunda del Real Decreto 1620/2011, de 14 de noviembre, donde se acordó crear una comisión para estudiar la viabilidad de un sistema de protección por desempleo en hogar. El 31 de diciembre de 2012 de debía de haber presentado un informe, pero tampoco llegó.

Reivindicaciones históricas

Más allá del coronavirus, las reivindicaciones de este sector son claras y firmes, pero no son nuevas. Desde hace años, exigen al gobierno de España "que se cumplan todos los derechos ya reconocidos en las leyes, y que se informe a los empleadores de sus obligaciones en materia de salario, jornada de trabajo y descansos, la protección frente a riesgos profesionales y la prestación de desempleo, la regularización de todas las cotizaciones a la Seguridad Social de años anteriores, porque no se habían ajustado al salario mínimo, por responsabilidad de la Tesorería de la Seguridad Social", y además, han planteado "la urgente necesidad de reconocer la autorización de residencia por trabajo para todas las mujeres inmigrantes trabajadoras de hogar y de cuidados, en todo el Estado condenadas a la economía sumergida por imperio de la Ley de Extranjería", según indican diferentes colectivos en un manifiesto.

El hashtag #yomequedoencasa viene muy largo para algunas de estas trabajadoras. Si se quedan en casa no cobran, y si van a trabajar muchas se tienen que quedar en los domicilios porque la parte empleadora teme que si salen se contagien. Además, la situación creada por la pandemia, ha supuesto una oleada de suspensiones de contrato en este sector. "Los domicilios son nuestros centros de trabajo. Tenemos miedo a que nos multen porque no todas tienen justificante de trabajo, y no solo eso, muchas están en situación administrativa irregular porque paradójicamente la ley de extranjería nos obliga a trabajar tres años para demostrar que "estamos adaptándonos". Tenemos un modelo que las empleadoras pueden firmar, pero muchas se han negado, porque en realidad no está dentro de la ley tener una persona sin contrato", explica Roxana Gutiérrez, integrante de la Asociación Nosotras de Granada.

Las trabajadoras internas lo tienen un poquito, sí se pude, más difícil. Son las que cuidan a las personas más mayores, con las que más se está cebando esta pandemia. Por eso, si mueren, pierden su trabajo y para muchas, hasta su único techo. Las mujeres que trabajan y viven en el mismo lugar denuncian irregularidades dentro de los horarios laborales, ya que no se respetan las horas de descanso y tienen que hacer horas extras que luego no son remuneradas. "Somos un sector que no va poder atenerse a este tipo de prestación que ofrece el gobierno, a pesar de ser mínima, porque muchas en situación normal ya se nos vulnera los derechos, peor en situación de emergencia", concluye Alejandra Fajardo, también integrante de Nosotras.

A la respuesta de la gran pregunta. Estas mujeres se ríen a través del teléfono. No les queda otra: ellas mismas y la gente que les rodea, sus compañeras. "Nos organizamos a través de los autocuidados. El cuidado a nosotras mismas es una reivindicación política. Para que haya un cambio colectivo tiene que haber un cambio personal y tenemos que estar atentas y cuidarnos es fundamental para nosotras", aconseja Roxana.

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