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Manifestación Pazo Meirás Las asociaciones gallegas de memoria histórica, enfrentadas con el Gobierno por el Pazo de Meirás 

La Subdelegación del Gobierno en A Coruña se niega a abrir el Pazo para que pueda concluir en él una marcha ciudadana convocada para reclamar que el inmueble se destine a honrar la memoria de las víctimas del franquismo.

Los manifestantes portan fotografías de víctimas de la dictadura franquista, frente al Pazo de Meirás, en Sada. - Xoán Blanco
Los manifestantes portan fotografías de víctimas de la dictadura franquista, frente al Pazo de Meirás, en Sada. Xoán Blanco

Alrededor de 1.500 personas se manifestaron el mediodía de este sábado en los alrededores del Pazo de Meirás, en Sada (A Coruña), para reclamar que el inmueble que sirvió de residencia veraniega a Francisco Franco durante casi 40 años, y que ha sido recuperado para el patrimonio público, se destine a honrar la memoria de los represaliados por el fascismo y de quienes combatieron la dictadura. Se trata de la manifestación más concurrida en Meirás en los últimos 15 años, según los organizadores del acto.

La plataforma convocante de la marcha, Inciativa Galega pola Memoria, que agrupa a ciudadanos a título individual y a cerca de 70 colectivos de la sociedad civil organizada, pretendía que esta terminara en los jardines interiores del pazo para que se leyera un manifiesto en el porche de entrada. Pero la Subdelegación del Gobierno en A Coruña denegó esa posibilidad mediante un email enviado a última hora de la tarde del viernes –la petición se había realizado hace meses–. Así que, nadie les esperaba en Sada para abrirles las puertas del pazo.

Carlo Babío: "En una democracia normal, las puertas de Meirás estarían hoy abiertas"

"Desde la última marcha, Meirás ha cambiado algo muy significativo. El pazo es ahora patrimonio del Estado. Pero lo que no ha cambiado es el lado del muro en el que tenemos que manifestarnos", dijo el historiador Carlo Babío, portavoz de la Iniciativa Galega pola Memoria y quien ha sido denunciado por los Franco por, supuestamente, difamar la figura del tirano. "Seguimos sin poder entrar en el pazo. El Estado español no nos lo permite. En una democracia normal, las puertas de Meirás estarían hoy abiertas", subrayó.

Fuentes de la Subdelegación del Gobierno en A Coruña reconocieron este viernes que no se había autorizado la entrada de los manifestantes en el pazo, aunque no ofrecieron explicación sobre los motivos de esa decisión.

Los manifestantes transportan un memorial con los nombres de las víctimas de la dictadura en Galicia. - Xoán Blanco
Los manifestantes transportan un memorial con los nombres de las víctimas de la dictadura en Galicia. Xoán Blanco

Las asociaciones memorialistas reclaman que Meirás se convierta en un centro para la recuperación de la memoria democrática, aunque la Xunta ha insinuado que prefiere dedicarlo a recordar la figura de su primera propietaria, la escritora e intelectual Emilia Pardo Bazán. El Gobierno todavía no se ha pronunciado con claridad sobre cuál de las dos opciones prefiere.

El Estado se hizo con el inmueble el pasado 10 de diciembre, después de que un juzgado de A Coruña sentenciara que había sido expoliado ilegalmente. Y organizó un acto de entrega de llaves al que las asociaciones de memoria histórica no fueron invitadas. Los Franco han reclamado poder retirar los objetos, antigüedades y obras de arte que se encuentran en su interior, aunque la mudanza está paralizada hasta que se realice un inventario que permita distinguir qué bienes les pertenecen y cuáles obtuvo el dictador como jefe del Estado y deben reintegrarse, por tanto, al patrimonio nacional.

La mudanza está paralizada hasta que se determinen los bienes que pertenecen a los Franco

Iniciativa Galega pola Memoria lleva meses reclamando que el pazo se abra al público, tal y como recoge la normativa que regula la gestión de los bienes de interés cultural (BIC). Meirás fue declarado BIC en el 2008 por la Xunta de Galicia bajo el mandato del Gobierno de coalición de PSOE y BNG. Durante algunos años pudo visitarse algunos días al mes bajo la vigilancia de la Fundación Francisco Franco, cuyo personal gestionaba y guiaba las visitas haciendo apología explícita de la dictadura. La familia incumplió en numerosas ocasiones el régimen de visitas e incluso llegó a ser multada por la Xunta. Hace dos veranos las suspendió, y desde entonces el inmueble ha permanecido cerrado al público.

Pancarta de simpatizantes del BNG en la que dice 'Franquismo nunca más', este sábado frente a Meirás. - Xoán Blanco
Pancarta de simpatizantes del BNG en la que dice "Franquismo nunca más", este sábado frente a Meirás. Xoán Blanco

Los manifestantes que reclamaron su inmediata reapertura portaban carteles con las fotos y nombres de represaliados gallegos, que depositaron en el portalón de hierro de la entrada exterior. Marcharon por las carreteras aledañas, junto a algunas de las urbanizaciones y chalés de Meirás que, según varios historiadores, se construyeron sobre terrenos expropiados a vecinos y vecinas de la parroquia y con los que los herederos de Franco hicieron luego negocio vendiéndoselos a inmobiliarias, bancos y constructoras.

"Estamos aquí porque la batalla por Meirás no ha terminado", reza el manifiesto que se leyó al final del acto, que reclama que el inmueble debe servir "para honrar la memoria de las víctimas". "Sin menoscabo de otras funciones y valores que atesora, el pazo tiene que ser en el futuro un espacio referente de memoria democrática, pues fue el epicentro del poder del franquismo".

Meirás fue construido a finales del siglo XIX por la escritora e intelectual Emilia Pardo Bazán. Franco se hizo con él en 1938, mediante una operación de compra fraudulenta que financió con donaciones forzadas a vecinos y funcionarios de A Coruña. Durante decenios usó los recursos del Estado para mantenerlo y ampliarlo, y en torno a él montó la estructura financiera que le permitió engordar su patrimonio personal, del que hoy siguen disfrutando sus descendientes.

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