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Marco y Lucía, los rostros infantiles de la ley 'trans'

La ley 'trans' ha desencadenado múltiples voces, a favor y en contra, infinidad opiniones diversas, pero poco se ha escuchado a sus protagonistas. Marco y Lucía, dos menores transgénero, esperan que en la sociedad del futuro quepan todas y todos.

Marco, con 9 años, sopla la vela de la tarta con la celebra con su familia los 4 años como Marco.
Marco, con 9 años, sopla la vela de la tarta con la celebra con su familia los 4 años como Marco. CEDIDA

Luca siempre fue un niño inquieto, alegre, movido, como cualquier chico de su edad, pero es a los tres años cuando empieza a tener conductas repetitivas: llegaba del colegio y cogía los vestidos de su madre, le pedía que lo maquillara, se ponía las toallas como si tuviese el pelo largo y se subía en sus tacones. Dos años más tarde, a los cinco, hace el cambio a Lucía.

A Marco le asignaron el sexo femenino, siempre fue un muchacho con mucha personalidad, al principio su familia pensaba que tenía una niña con un carácter fuerte y en los juegos con el resto de amigas siempre adoptaba el papel masculino, Marco prefiere olvidar su otro nombre, como Lucía es a los 5 años cuando cambia su identidad.

Han pasado 3 años desde que Lucía decidió ser una niña, ahora lleva el pelo largo, le encantan los unicornios, el baile moderno y hacer senderismo con sus amigos, todos los días acude a un colegio público de Xirivella (València) donde fue aceptada desde el minuto uno.

Marco tiene nueve años, es rubio, con el pelo corto y una mirada clara, le gusta el fútbol y el básquet, toca la flauta travesera y cuando sea adulto le gustaría ser profesor, su cambio de identidad lo hizo en un colegio religioso de la capital del Turia en el que continua a día de hoy.

El acompañamiento familiar

Violeta, madre de Lucía en el salón de su casa. David Casasús

"Hola familias, mañana empiezan las clases y os quería anticipar que Luca asistirá al cole a partir de este momento como Lucía, la niña que siempre ha querido ser…". Estas eran las palabras con las que Violeta, la madre de Lucía, informaba al resto de padres y madres del colegio del cambio de su hija.

En el resto del texto solo pedía respeto, para una niña que lo único que había decidido, siempre con ayuda familiar y profesional, era cambiar su identidad. Violeta asegura que fue un proceso largo y duro al principio, con mucha incertidumbre, donde se sentía desorientada, "si perdía los papeles jamás podré ayudar a mi hija", confiesa.

"Un día nos estábamos disfrazando y con una varita mágica que siempre llevaba me dijo ¿mamá si me haces así en la cabeza me podré convertir en una chica?", afirma Violeta con la voz entre cortada. Violeta se quedó sorprendida y le preguntó ¿Y qué hacemos con Luca? no tardó ni un segundo en contestar: "meterlo en un cajón", añade.

La primera vez que Marco verbalizó que era un niño fue con dos años "íbamos en el coche y mi marido se giró y le dijo ¡ay mi niña qué guapa! empezó a chillar, se puso rojo, gritando con intensidad ¡soy un niño, soy un niño!", comenta Encarna, la madre de Marco.

Varita de Lucía. David Casasús

Al principio la familia se tomó este hecho como una anécdota, se le comentó a la pediatra y esta aseguró que hay muchos niños que se confunden en esa edad.
Conforme pasaba el tiempo Marco no quería llevar pendientes, ni uniforme con falda, cada día que pasaba se daba cuenta de que su identidad de género no correspondía con su sexo biológico.

"Él nos dijo que si lo seguíamos llamando en femenino prefería morirse, se levantaba pensando todos los días cómo lo iba a contar y no le íbamos a creer, él lo habló antes con sus amigas, pero lo tenían como un secreto", afirma Encarna.

Ambas familias son conscientes de que la ayuda de profesionales y el acompañamiento de los menores con sus progenitores es primordial, tanto los familiares de Lucía como los de Marco, supieron que estas últimas conversaciones con sus hijos fueron la clave para saber que los niños necesitaban apoyo, un soporte que enfrenta a los dos socios de Gobierno con la nueva ley trans.

Encarna y Marco paseando por el jardín del río Turia en València. David Casasús

Ayuda profesional

En su momento Marco y después Lucía acudieron a Felipe Hurtado, facultativo de la unidad de identidad de género del departamento de salud Doctor Peset de València, para recibir información o un asesoramiento de cómo educar en el entorno social para que no tengan un trato discriminatorio y vivan una vida lo mejor posible.

En 2020 pasaron por la Unidad de Género 151 personas, contando que tres meses por pandemia no se pasó consulta, de las cuales 57 fueron menores de 18 años, un 37,74%.

En pocos años Lucía y Marco decidirán, con la autorización de sus tutores legales y con una analítica que confirme que están en etapa puberal, si comienzan a utilizar bloqueadores.

"Se bloquea con una hormona, cada 3 meses que impide el desarrollo, lo aconsejable es no ponerla más de dos años, el bloqueo es reversible, es decir, si a un niño o niña desapareciera la identidad se le quita el bloqueo y su cuerpo sigue desarrollándose con el sexo que ha nacido", asegura Hurtado.

De las casi 1.000 personas que han atendido en la Unidad de Género de València solamente 14 han mostrado arrepentimiento, es decir, menos del 1%. "En las estadísticas que se publican de otros países con tasas de arrepentimiento varían del 2% al 8%", apostilla Felipe.

La nueva ley trans pone de manifiesto el choque entre los partidos políticos, aunque a día de hoy doce leyes en ocho comunidades recogen ya la autodeterminación de género, una de las más avanzadas es la de la Comunitat Valenciana.

Marco y Lucía desde su inocencia hablan de igualdad, una igualdad que no solo piden para ellos sino para cualquier identidad de la sociedad, por el momento deberán esperar a ver su futuro, en próximas leyes y en manos de otros.

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